Narcos, firme candidata a mejor serie del año

Narcos, firme candidata a mejor serie del año
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Narcos, firme candidata a mejor serie del año

Por · 23 Septiembre, 2015
Narcos, firme candidata a mejor serie del año

Narcos despuntaba en algunos calendarios seriéfilos como una mera incógnita. ¿Netflix relatando el ascenso y caída de Pablo Escobar? Pero por muy extraño que suene, salvo que Fargo lo impida, puede acabar consiguiendo el simbólico oro en la competición por ser la mejor serie del año.

Atrapar al espectador de la manera que lo hace Narcos no es nada fácil, enredarlo con una historia de la que conocemos la mayoría de los acontecimientos (al menos los más importantes) es un reto doblemente complicado. Y es que la historia de Pablo Escobar que ahora revive la cadena norteamericana (a punto de recalar en nuestro país) ha sido contada de todas las formas posibles, desde las más básicas, como murales que llenan las paredes de Medellín ensalzando su figura, a cientos de horas de ficción. De Escobar se han rodado películas en Hollywood (y se seguirán rodando) como la reciente Escobar: Paraíso perdido, series de televisión como El patrón del mal y documentales que se acercan de manera más rigurosa a su leyenda y sus terribles crímenes -especialmente recomendables Los pecados de mi padre y Los dos Escobar-. La serie de Chris Brancato, Carlo Bernard, Doug Miro y Paul Eckstein (debutantes en la creación y producción ejecutiva) se aproxima más a estos títulos documentales que al resto de ficción producida en torno a la figura de Pablo Escobar.

El equipo de guionistas parece conocer esa doble dificultad que supone enganchar a un espectador que además pueda conocer los hechos que se pretenden contar, y para salir victoriosos del reto usan cada truco que la ficción pone a su alcance (y de manera excepcional) sin por ello alejarse de relatar la historia de manera rigurosa; lo bueno de ser riguroso con la historia de Pablo Emilio Escobar Gaviria es que lo más increíble sea lo que los guionistas han podido adaptar sin saltarse una sola coma. Por difícil de creer que resulte hoy en día, la historia de Escobar se asemeja más a la de el Comandante Cobra, u otro villano de cómic, que a la de un narcotraficante de los que aparecen en las noticias.

Crítica - Narcos Netflix Pablo Escobar
Pese a los excesos del cartel de Medellín, la serie rebosa verosimilitud, sustentada en elementos como su naturalista fotografía, el uso de material de archivo y sobre todo en el excelente trabajo de todos los actores, de los que puedes llegar a pensar que son policías colombianos o verdaderos miembros de la CIA. No es que el casting esté repleto de actores desconocidos, tenemos al eterno secundario Luis Guzmán haciendo del terrible Gacha, a Pedro Pascal interpretando al duro Javier Peña, al Argentino Alberto Ammann y a Wagner Moura (Tropa de Élite) como Pablo Escobar. Precisamente sobre este último han recaído las únicas malas críticas que ha cosechado la serie, ya que algunos espectadores de habla hispana no han quedado conformes con el acento de Moura (cuya lengua materna es el portugués). Para otros, el curioso acento de Moura es perdonable por escenas como la del ajuste de cuentas en el interior de La Catedral.

La narración de Narcos cae en manos de Boyd Holbrook, que coprotagoniza la serie interpretando al agente de la DEA Steve Murphy. La voz en off de Murphy recuerda a otros grandes usos de este recurso narrativo, Uno de los nuestros (M.Scorsese) sin ir más lejos. El off nos acompaña en el transcurso de los hechos que acontecen en tres décadas distintas explicándonos el funcionamiento del cartel, de la política estadounidense y los sentimientos personales del protagonista como si de un documental se tratase. El paso del protagonista desde las playas de Miami al infierno de Medellín es el eje de la línea argumental: en los diez episodios asistimos a la transformación de Steve Murphy, que jamás volverá a ser el mismo policía que perseguía a pie a trapicheadores de tres al cuarto. Su inocencia y sus maneras correctas se pierden en el camino al igual que su mascota, y es que en Narcos, pese al realismo y al toque documental, hay gatos de la DEA, Nazis amantes de la música de John Lennon y reporteras diabólicas.

En la dirección está José Padilha (también productor) especialmente brillante en el capítulo piloto (Michael Mann estaría de acuerdo con nosotros), y junto a él nombres como el del oscarizado Guillermo Navarro, que se hace cargo de los capítulos 3 y 4 de esta primera temporada. Damos por supuesto que tendrá una segunda entrega, además de por su nivel y su excelente acogida, porque entendemos que es parte de una estrategia de Netflix para captar a público hispanohablante de EEUU, (quizá un 70 por cien del metraje esté rodado directamente en español). A Pablo Escobar le quedan unos meses de vida, pero unos meses apasionantes en los que veremos formarse las alianzas de todos los enemigos del capo de la droga para acabar con él. A partir de ahora, Narcos deberá aparecer en todos los calendarios de los amantes de las series. Algunos estaríamos dispuestos a ir a recoger en avioneta la siguiente tanda de capítulos al lugar más recóndito de la selva.

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