Abel Azcona: "España todavía está llena de ignorancia"

Abel Azcona: "España todavía está llena de ignorancia"
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Abel Azcona: “España todavía está llena de ignorancia”

Por · 16 Julio, 2015
Abel Azcona: “España todavía está llena de ignorancia”
Fotografías: © Maite Nieto / B-side Magazine
Uso limitado a la difusión del contenido, citando autor y enlazando fuente.

El sol de verano en hora punta nos abre las puertas de la madrileña plaza de Callao, en pleno centro de la capital. Nos reunimos con Abel Azcona, un artista contemporáneo cuyos proyectos performativos no dejan indiferente a nadie: sus encierros de hasta cuarenta y dos días sin ningún tipo estímulo sensorial, su ingesta de un corán o su hormonación para prostituirse en Bogotá durante el proyecto La Calle despiertan el interés tanto de la prensa más amarilla como del público que valora el sentido más artístico y menos excéntrico de su obra.

Pero no debemos cometer el error de relegar su arte a un mero espectáculo, a sus 27 años ha expuesto en 21 países y en algunas de las galerías más importantes internacionalmente. Su arte es principalmente íntimo y biográfico, y está alimentado por los abusos que ha sufrido desde pequeño, sus trastornos psicológicos o sus intentos de suicidio. Todo ello ha configurado su identidad artística y personal y ahora os brindamos la oportunidad de conocerlo y reconocerlo.

Abel Azcona aparece en Callao con una elegancia que difiere mucho de la imagen que proyecta durante sus performances, esta dicotomía juega a su favor y alimenta nuestra curiosidad hacia su persona. Antes de nada le describimos como un artista performance y él no duda en corregirnos y hablarnos de la abstracción del término:

La palabra performance no la entiendo muy bien, yo creo en el artista contemporáneo completo, éste debe ser de todo: docente, fotógrafo, videoartista, performer, twittero, un artista interdisciplinar. Definir sólo una clase se me queda corto. En mis exposiciones puedes encontrar fotografía, videoarte e instalación, lo que pasa es que la base es performativa, porque yo trabajo con mi cuerpo, pero no es únicamente eso. 

El término performance es muy complejo, me parece erróneo porque su traducción literal es actuación, y el performance es precisamente la ‘antiactuación’, ahí está el primer error de base, a partir de ahí se utiliza mal: ves un espectáculo de personas bailando con agua y se le llama performance. Para mí es muy diferente performance que performance art, este último sí que lo entiendo como arte contemporáneo, no tiene nada que ver con el teatro, de hecho es completamente contrario a él”.

Entrevista Abel Azcona arte performance 2

Por lo tanto tú necesitas sentir tus performances, no representarlas…

Esto es lo difícil del performance y lo que muy poca gente consigue. Yo creo en el performance con discurso, y para eso hay que hacer un trabajo de investigación personal y del entorno, crear detonantes reales para que suceda algo real. Es verdad que existen performances en los que es imposible que no haya una pequeña parte escenificada, pero al final, aun con elementos representados, se crea una atmósfera donde la gente llora, grita y se emociona de verdad, y eso no es teatro. Vivimos en una sociedad en la que nos interesa lo real, la ficción está muriendo, incluso el cine está evolucionando casi a lo performativo; creo que el cine y el teatro puedan evolucionar hacia lo performativo, pero no al revés.

En la mayoría de tus proyectos trabajas basándote en tus problemas y carencias personales, ¿podríamos considerar tu arte como una constante terapia?

No me gusta la palabra terapia porque me parece que implica una cura, y el arte no cura, puede llegar a crear estabilidad o ser una herramienta de autoconocimiento, pero eso no quiere decir que sane. Yo tengo una serie de heridas que por mucho que las explore y pueda vivir con ellas, no las puedo curar. Creo en el arte como herramienta que muestra toda la ‘mierda’ interna que se oculta dentro de nosotros, la expone en galerías, en la calle o en nosotros mismos y nos ayuda a realizar una especie de catarsis colectiva, tanto a nosotros como al público. Sí, creo en el arte como catarsis, no como terapia.

Alguna vez has comentado que a causa de la ausencia de lazos afectivos durante tu infancia te cuesta muchísimo sentir amor.

Más que no sentir amor, lo que no siento es empatía. A mí con 16 años me diagnosticaron un trastorno de personalidad y una psicopatía leve, y cualquier tipo de trauma infantil, en torno al abuso o al maltrato, te crea una serie de heridas que dificultan mucho un proceso de vida individual y personal, y eso es complicado. Realmente puedo llegar a sentir en ocasiones, pero soy muy complicado en las relaciones humanas, eso hace que a veces sienta y a veces no, o que a veces sienta demasiado y sea una continua montaña rusa.

Tu imagen pública es controvertida, tu vida y tus proyectos son crudos y polémicos, tanto que, en ocasiones, podemos llegar a pensar que existe un Abel persona y otro personaje.

Mi vida personal y artística van bastante de la mano, si conocieras a cualquiera de mis parejas te diría que estoy peor que el de las performances. Mi vida es así, compleja y con un sube y baja continuo, por eso mi trabajo lo planteo como un alargamiento de la misma, mis proyectos van en función de lo que siento y quiero investigar. El primer encierro que realicé fue porque tuve un brote muy grande, me ingresaron en psiquiatría y dije: voy a hacer un proyecto que verdaderamente me ayude a separarme de mis estímulos, que es de donde surgen mis problemas; me metí en un lugar oscuro sin relaciones personales, sexuales, etc. para averiguar qué ocurría, es como volver a la caverna.

¿Y cuándo dices basta?

Creo que no lo he dicho nunca, a veces estoy tumbado en una cama en medio de un proyecto y me preguntan: ¿y si viene alguien con una pistola?, y yo contesto que si expongo mi cuerpo, lo hago totalmente y el límite es la propia muerte, banalizo mi muerte por el hecho de que si la sociedad hubiera trabajado bien, yo no habría nacido, mi madre era una prostituta que debía haber abortado, pienso que llevo casi 30 años de ventaja, me lo planteo verdaderamente así.

Entrevista Abel Azcona arte performance 5
Entrevista Abel Azcona arte performance 3

¿Realmente crees que no deberías haber nacido?

Si hubiesen existido las medidas necesarias no debería haber nacido. Yo me miro ahora y sé que puedo hacer muchas cosas, pero también vivo una problemática diaria, he vivido una infancia terrorífica… no creo en nacer por nacer, parece que nacer es obligatorio, y la vida no es siempre algo positivo.

¿Te has planteado realizar en un futuro un tipo de arte menos íntimo?

Mi arte va con mi proceso de vida y evoluciona conmigo, mis últimos proyectos son más corales y menos individuales, son proyectos en los que ya no hablo yo, hablan otras voces, además me hago mucho menos daño a nivel físico, por ejemplo, ahora mismo estoy con el proyecto The Shadow en nueve ciudades españolas, en él cuento 30 historias de niños que han sufrido abuso y pederastia. Veo proyectos míos de hace ocho años y no los haría ahora ni en broma, eso tiene que ver con la madurez, no creo que haya perdido visceralidad, pero sí he ganado la capacidad de parar un momento y pensar, y eso hace que mi arte evolucione y cambie.

Es cierto que has realizado varios proyectos corales y no tan biográficos, hace poco Enterrados con una asociación de víctimas del franquismo de Navarra, ahora en The Shadow hablan los niños, ¿sientes igual estos proyectos que los más íntimos?

Me cuesta hacer este tipo de proyectos, soy muy visceral y no tengo filtros, cuando estoy hablando de mí mismo y de mi historia si me equivoco no me importa, pero cuando trabajo este tipo de temas me da mucho miedo, porque creo que hay que tocarlos desde el respeto. No soy el protagonista, son temas que me cuesta tener controlados para que no se vayan al amarillismo.

En Enterrados, más de 90 mujeres nos contaron cómo habían violado a sus hermanas delante de sus ojos, o las habían matado, historias terroríficas que me levantan las mías propias, creamos un ambiente especial, y sí sientes cosas.

¿Y eso no es empatizar?

Tengo principios muy claros que he creado a lo largo de mi vida y mi experiencia, tengo unas ideas muy claras: soy republicano, feminista, de izquierdas, etc., pero es complicado decir que eso es empatía.

No te gusta que en España le den más importancia a que seas el hijo de una prostituta que a tus méritos profesionales, pero la mayoría de tu obra gira en torno a este hecho esencial en tu arte.

Para mí es importante mi vida porque mi trabajo es autobiográfico, pero España es muy amarillista, hay medios que publican mi vida personal antes que mis proyectos como artista, suelen nombrar las performances más polémicas y banalizar el trabajo, aunque eso también puede tener su lado bueno, pero entiendo que existe un público mediocre que ve programas de televisión muy determinados y que tiene intereses comunes, al que el arte contemporáneo queda muy lejano. No estamos en Berlín ni en Nueva York, en otros países me reconocen de otra forma, por eso me resulta curioso venir aquí y ver esa inversión de intereses.

Entrevista Abel Azcona arte performance 4

Entrevista Abel Azcona arte performance 7

¿Qué le ocurre a España con la cultura?

Somos el tercer mundo de Europa, nos cuesta mucho evolucionar mentalmente. Hemos tenido leyes a favor de la cultura promulgadas por un gobierno progresista, pero que no tenían nada que ver con el sentimiento real de la sociedad. Se aprobaron leyes que la gente no entendía y sigue sin entender, y eso se nota en el arte, en las respuestas en torno al artista y en torno a lo social. Por eso España tiene esa parte interesante, porque para mí el arte contemporáneo tiene que ser crítico, social y político, y España todavía está llena de ignorancia y de muchas barreras.

¿Crees que los recientes cambios sociopolíticos en las principales ciudades del país supondrán un florecimiento cultural?

Existe un movimiento cultural a raíz de este nuevo paisaje político, pero siempre hay un vacío, a España le va a costar mucho avanzar, su nivel galerístico es el peor de Europa y el de los artistas, entre los que me incluyo, es malo. Ha habido un continuo maltrato de lo cultural hasta ahora, esperemos que cambie. Yo trabajo en muchos países como Dinamarca, Alemania o Estados Unidos y allí la cultura es muy importante, hay ayudas para todo, existe una calidad artística tremenda porque se potencia. Yo voy a Berlín o Nueva York y me sorprendo prácticamente en todas las galerías, aquí no me suele gustar nada, es un trabajo pasado y repetitivo.

¿Entonces es rentable la cultura como medio de vida en España?

Desde hace seis años vivo sólo del arte, soy un raro, en mi entorno hay muy pocos que vivan únicamente de lo artístico, pero para ello hay que moverse y salir. Esto va por temporadas, aquí hay etapas muy buenas en las que te llaman de muchísimos sitios, y de repente te tienes que ir un año fuera. Pero no me quejo, estoy casi en todos los museos de España, realizando colaboraciones, performances o alguna exposición, aunque existen ciertos sitios o espacios que al propio artista no le convienen y por tanto hay que valorar muy bien el entrar o no.

 

El sol sigue golpeando con fuerza, y aunque podríamos estar durante horas hablando y descubriéndole, llega el momento de dejar que Abel siga con sus proyectos, sus exposiciones y su vida. Azcona rompe los moldes del artista correcto, él es imperfecto tanto dentro como fuera de sus trabajos; hay quien lo adora y quien lo tacha de payaso, quien se emociona viéndole y quien no conoce ni su nombre, pero Abel está ahí, trabajando por todo el mundo, siendo transparente, como si no tuviera nada que perder. No tiene pelos en la lengua, te habla de sus ideales, de sus parejas, de sus proyectos e incluso de sus orgías, es muy crítico y autocrítico. España está subdesarrollada socioculturalmente y no tiene miedo de decirlo, y la verdad es que no debería tenerlo, él cree que la juventud es hipócrita, luchamos por ciertos principios y luego nos asustamos si nos hablan sin tachaduras, quizá deberíamos desnudarnos de alguna manera. Lo más sorprendente de Abel Azcona es que, a pesar de sus singularidades, es una persona como cualquier otra, le gusta salir, estar con amigos y beber gin tonics. No sabemos si a él le agrada llevar a España en su sangre, pero España necesita artistas contemporáneos como él, guste o no.

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