Natalia Lafourcade, el realismo mágico musical

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Natalia Lafourcade, el realismo mágico musical

Por · 30 junio, 2015
Natalia Lafourcade, el realismo mágico musical

Cuando nos hablan de “tener un don”, de inmediato pensamos que es algo que marca una trayectoria fija. Natalia Lafourcade tocaba el piano, daba clases de flauta, saxofón, canto, baile, pintura y teatro con diez años y decían de ella que tenía un don. El talento no determinó su senda en aquel instante sino que, por el contrario, el hecho de seguir sus pautas y no las que le imponían, cambiar de aires, fue clave para construir su propio camino.

Desde muy pequeña, el mundo de la música ha sido el de Lafourcade. Ya en sus inicios, en su México natal, SONY había mostrado interés por su música. De ahí nació en 2002 su primer trabajo como Natalia Lafourcade, un disco homónimo de canciones bastante pop y pegadizas, con letras más bien sencillas pero que fue el despegue de su carrera al otro lado del charco. Poco después probaba suerte con un disco grupal, Casa, de Natalia y La Forquetina, pero los proyectos personales de sus componentes acabaron por disolver la banda. Aunque marchó a Canadá para evadirse de la música durante un tiempo, afortunadamente sufrió el proceso contrario y se encontró compartiendo piso con un grupo de músicos. Entrar en contacto con nuevos estilos, experimentar con otros instrumentos y volver a componer desembocó en la idea de crear un álbum instrumental. Era algo completamente diferente por lo que su discográfica se opuso a ello en un primer momento; acabó publicándose en 2007 bajo el nombre de Las cuatro estaciones del amor, en colaboración con la Orquesta Sinfónica Juvenil de Veracruz. Cuatro movimientos -Verano, Otoño, Invierno y Primavera-, como en un guiño a Vivaldi, que aunque la artista conserva con cariño como recuerdo, no consiguió grandes ventas, lo que supuso el fin de su recorrido comercial.

No obstante, el único disco instrumental de Lafourcade no fue el único en tratar el amor. Las cuatro estaciones del amor fue una especie de trabajo transitorio tras el que llegaron las canciones que harían que saliera del continente americano. Después de cuatro años desde el último álbum vocal, volvíamos a escuchar la voz de la artista en Hu Hu Hu. Era una obra especial que mostraba una Natalia Lafourcade renovada, segura y madura, cosa que demostró con Azul – no, no precisamente por la letra – porque ella misma lo presentó como sencillo promocional alternativo ante la ausencia de apoyo de la discográfica, que en su lugar eligía Ella es bonita. Contaba además con la compañía de una buena amiga: Julieta Venegas.

Natalia Lafourcade - Hasta la raízEra el momento de los duetos, una apuesta muy acertada en su caso, pues su siguiente álbum se valía de ellos para configurar un disco homenaje. De nuevo, Natalia salía de su zona de confort, para explorar y experimentar y, en palabras de ella misma, “trabajar con canciones ajenas que ya existieran pero aun así lograr que esas canciones dieran un giro y poder crear algo nuevo pero ya conocido“. De esta forma, “El flaco de oro”, “El músico poeta”, Agustín Lara, fue homenajeado con trece de sus canciones, interpretadas por Natalia junto con otros músicos como León Larregui, Miguel Bosé, Jorge Drexler o Alex Ferreira en el álbum Mujer Divina, homenaje a Agustín LaraAunque las letras no eran suyas, el resultado final sí llevaba su nombre y apellidos y conseguía mantener a flote ese estilo único que la identifica.

Algo que hace reconocible a Lafourcade es esa forma en la que ilustra el amor. Siempre ha estado presente de alguna manera en todos sus lanzamientos, ya sea como solista, acompañada por una banda o incluso de manera instrumental. Es algo particular y especial, algo que se palpa a la perfección en la pasión, el cariño, las dudas, pero especialmente en el dolor del desamor que desprenden las letras de Hasta la raízsu último LP publicado este mismo año. Sus doce canciones confirman que es el trabajo más personal y cercano de la mexicana. En los seis años que han pasado desde aquel Hu Hu Hu que sí contenía material propio, Natalia ha evolucionado tanto en la composición lírica como en la combinación de sonidos. Las letras desnudan por completo a la artista de una manera tan delicada y visceral al mismo tiempo que te introducen irremediablemente en las canciones al mismo tiempo que, en ocasiones, desearías no verte involucrado en ellas. Resulta una combinación muy particular, sobre todo por el añadido de la mezcla de estilos, que va desde toques folclóricos a boleros y otros ritmos más cercanos al pop.

De Natalia Lafourcade nos queda algo así como una interpretación musical del realismo mágico. No es todo don ni lo es todo el instinto, pero una pizca de cada y pasión es lo que ha hecho que esta mexicana haya ido ascendiendo hasta donde hoy está. Esperemos que siga.

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