Robe, Lo que aletea en nuestras cabezas: el paso definitivo (por ahora)

Robe, Lo que aletea en nuestras cabezas: el paso definitivo (por ahora)
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Robe, Lo que aletea en nuestras cabezas: el paso definitivo (por ahora)

Robe

Lo que aletea en nuestras cabezas

Discográfica:

El Dromedario Records

Año:

2015

8.5

· 11 junio, 2015

Sin temor a exagerar, estamos ante el que probablemente sea el mejor disco de rock nacional del año. Y despojémonos de prejuicios, el debut de Robe Iniesta en solitario no tiene la rabia y la energía de Extremoduro, pero tampoco se ha vuelto ñoño, simplemente se trata de un pequeño giro en su carrera, un paso más.

A Robe nunca le han ido las convenciones, ni se ha regido por normas musicales que vayan en contra de su propia intuición o de lo que le dictan sus entrañas. Por eso quizás tampoco sea justo medirle con la misma vara que al resto de compañeros de profesión, porque el veterano músico de Plasencia y su manera de entender la música solo atienden a la definición o idea que su propio nombre y apellido llevan arrastrando desde hace años.

Con Lo que aletea en nuestras cabezas el líder de Extremoduro da el que probablemente sea el paso definitivo en su carrera (al menos hasta ahora, con él nunca se sabe). En los últimos trabajos de su banda ya se adivinaban algunos de los ingredientes que aparecen sin tapujos aquí. Es sobre todo en el soberbio La ley innata y en Material defectuoso (quizás los mejores álbumes del grupo, sin tener en cuenta el incomparable Agila, por supuesto) donde ya se vislumbraba la tendencia de Robe al lirismo, a la instrumentación más limpia, a las canciones largas, a los versos sugerentes, románticos y evocadores. Y es ahora donde todo eso confluye en un trabajo que se aleja de la furia de su anterior banda (la ausencia de Iñaki “Uoho” Antón contribuye a ello sin remedio) y se convierte en un personal manual de amor. Sí, de amor, pero viniendo de Robe no pensemos en la visión más edulcorada del término, sino en la más humana y trascendental.

Ocho son los cortes que componen Lo que aletea en nuestras cabezas, abriendo el disco Un suspiro acompasado, una pieza de más de nueve minutos de duración, cuyo in crescendo inicial prepara el terreno ante lo que está por llegar. Una canción excelsa, donde lo mejor de su autor se da cita para rompernos la cabeza y dejarnos, en cierto modo, acomplejados ante su capacidad de creación, su maestría con la poesía más visceral y su incontinencia comunicativa. El quejío cercano al flamenco que encontramos en la explosiva De manera urgente, la capacidad arrebatadora que tiene Nana Cruel y sus diferentes formas de expresión, la brevedad de Ruptura leve, la desinhibición de Guerrero… Son solo algunos ejemplos de lo que Robe ha sido capaz de aunar en este personal proyecto, donde la instrumentación orquestal gana en muchos momentos la partida a la guitarra eléctrica, dotando así al conjunto de una emoción épica sin veladuras.

Quizás a los seguidores más acérrimos de Extremoduro no llegue a convencer del todo este disco, puede que los años le hayan despojado de cierta fiereza propia de la juventud, pero su música está en un momento de complejidad realmente notable y lo cierto es que estamos ante un autor en estado de gracia, cuya genial y sangrante manera de escribir ya forma parte del patrimonio cultural de nuestro país. Es necesario adentrase en Lo que aletea en nuestras cabezas, puede que encontremos respuesta a algunas de las cuestiones que nos atormentan en el día a día, cuando la línea entre la juventud y la madurez se hace cada vez más difusa.

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