Pride o el orgullo sin artificios

Pride o el orgullo sin artificios
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Pride o el orgullo sin artificios

Por · 6 Abril, 2015
Pride o el orgullo sin artificios

Pride no es sólo una película, es un mensaje, un hecho, un recuerdo, una unión, es solidaridad, es emoción, Pride es verdaderamente Orgullo, es una gran historia. Matthew Warchus, con un cambio de registro respecto a su primer largometraje, cuenta las andanzas de un un grupo de gays y lesbianas londinenses que en 1984 apoyaron a los mineros durante la huelga del carbón.

Tenemos que remontarnos a marzo de ese año, cuando el gobierno de Margaret Thatcher anunció el cierre de 20 minas británicas, lo que suponía la pérdida de unos 20.000 puestos de trabajo. La Unión Nacional de Mineros comenzó una polémica huelga en todo el Reino Unido bajo la constante opresión y rechazo del Gobierno. Aprovechando esta situación, un grupo de amigos formó la asociación Lesbians and Gays Support the Miners con el fin de recaudar fondos para los mineros y apoyarlos así en su lucha. Lo que a bote pronto puede resultar algo extraño, se convirtió en un hecho histórico. Los homosexuales, que en aquella época vivían reprimidos y rechazados socialmente, decidieron solidarizarse con los mineros, con los que compartían discriminación e indefensión; tendieron la mano a quienes alguna vez fueron sus propios opresores. Y eso, nada más que eso, ya hace especial a Pride. Un apretón de manos entre diferentes que simboliza la igualdad misma, sin ningún tipo de caridad cristiana ni interés, simplemente por empatía, un sentimiento que escaseaba por aquellos tiempos, y no abunda en la actualidad.

Crítica - Pride, orgullo sin artificios

Lo impactante de todo esto, es que lo que se nos cuenta no resulta tan descabellado. Han pasado 30 años desde estos hechos y aún hoy día se observan reflejos de lo que ocurría, países en los que la homosexualidad sigue condenada, otros en los que se acepta pero aún existe rechazo social, gobiernos que oprimen, trabajadores sin ayudas, y un largo etcétera de incoherencias humanas. Pero Pride no es un documental político social, es una comedia, es simpática, hace reír, hace llorar, emociona, pero no castiga ni juzga por sí misma. Eso sí, te mueve, te alcanza por dentro, y ya es el espectador el que considera si esos 120 minutos le han conquistado.

Además su banda sonora ayuda muy mucho en esta conquista, las canciones de Queen, Joy Division, Pet Shop Boys y otros grandes de la época condimentan perfectamente esta gran historia. El reparto, en su mayoría joven, fresco y muy aceptable, también contribuye a la cercanía de los hechos, de entre todos destacan los increíbles Bill Nighy e Imelda Staunton, cuyas interpretaciones se convierten en imprescindibles en esta historia.

En general, la cinta tiene una factura técnica impecable, la fotografía es bella, con buenos encuadres y planos, y bonitas localizaciones. Una buena forma de contar una buena historia. Pride despierta un recuerdo en el momento adecuado, y lo hace de la mejor manera posible, sonriendo.

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