18 Festival de Málaga: una inmadura mayoría de edad

18 Festival de Málaga: una inmadura mayoría de edad
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18 Festival de Málaga: una inmadura mayoría de edad

Por · 29 Abril, 2015
18 Festival de Málaga: una inmadura mayoría de edad

18 años. La edad adulta, la de la libertad, la de la oportunidad para escoger nuestro camino, la de tener toda la vida por delante. La edad de comprobar si los cimientos que hemos ido colocando en el trayecto son resistentes, si lo aprendido va a generar los resultados que esperamos, poniendo a prueba nuestras capacidades…

Estos son precisamente los años que acaba de cumplir el único festival dedicado al cine español en nuestro país. Primeros pasos, afianzamiento, punto de referencia cultural. Resultaba, cuanto menos, la oportunidad perfecta para comprobar si, efectivamente, se ha convertido en adulto. Por el contrario, se ha tratado de una edición que destaca más por su inmadurez que por su asentamiento.

La decimoctava cita del Festival de Málaga de Cine Español prometía ser espectacular. Y no era para menos. Con la cantidad de varapalos que está sufriendo la cultura en los últimos años, acumular esta experiencia es ya de por sí meritorio. Sin embargo, bien sea por esas promesas o por las expectativas que nos habíamos creado ante tan emblemática fecha, lo cierto es que al soplar las velas y probar la tarta, el sabor en nuestros paladares ha sido bastante amargo. A pesar de ello, tras todo túnel se encuentra una luz, y esos rayos los hemos encontrado en 4 proyectos que han destacado por encima de los demás.

A cambio de nada

18 Festival de Málaga - A cambio de nada, Daniel Guzmán

Ganadora de la Biznaga de Oro a la mejor película, Biznaga de Plata a la mejor dirección para Daniel Guzmán, Biznaga de Plata a mejor actor de reparto para Antonio Bachiller y el premio especial por parte del Jurado de la Crítica. En su debut como director, Guzmán aborda de una forma fabulosa la vida y milagros de un truhán adolescente al que la relación entre sus padres le mortifica. Un tema crudo tratado desde el cariño, la levedad e, increíblemente, el humor. La cinta resulta ágil, dinámica y tierna pero, sin embargo, le falta profundidad y humanidad para poder entenderla como drama.

Destaca especialmente el descubrimiento como actriz de Antonia Guzmán, abuela del director. Posiblemente estemos ante el nuevo fenómeno “Carmina”. Teníamos ya bastante información de la película y la esperábamos con ganas. Por suerte, no defraudó. Daniel Guzmán puede tener una larga carrera en esta nueva faceta.

Techo y comida

18 Festival de Málaga - Techo y Comida, Juan Miguel del Castillo

Una película pequeña, creada gracias al crowdfunding, sin ayudas del Estado, ni de la Junta de Andalucía y a la que hasta Canal Sur cerró la puerta, ejerciendo una “maravillosa” labor como servicio público. Era el milagro en la Sección Oficial de este año y, para nuestra sorpresa, la única película que nos ha removido por completo.

La historia de un desahucio -tema de rabiosa actualidad, por desgracia-, arrancó lágrimas en su pase de prensa y emocionó en su presentación posterior ante los medios. Hacer drama es relativamente fácil: un conflicto doloroso, una víctima, un culpable y morbo, mucho morbo. Pero, queridos amigos, la magia de esta película se encuentra precisamente en la valentía del también debutante Juan Miguel del Castillo, que nos presenta la vida de Rocío, una madre soltera y en paro a cargo de su hijo de 8 años en Jerez de la Frontera, sin caer en ninguno de los tópicos mencionados anteriormente. La sutileza y la delicadeza con la que hace progresar la historia está tan bien llevada que no necesita de artificios para hacer diana directamente donde más duele. Donde debe doler, necesaria y humanamente. Olvidémonos de analizar técnica, aquí hay pura historia. Y bien nos hubiera valido también como película ganadora.

Techo y Comida se lleva de este festival el Premio ASECAN a Mejor Ópera Prima, Biznaga de Plata Premio del Público y Biznaga a Mejor Actriz para Natalia de Molina. Una Natalia que está más que soberbia y que ha roto con “la maldición del Goya”. Es más, nos atrevemos a apostar desde ya a que si esta cinta consigue la visibilidad que merece, aquí estará su segunda nominación a los premios de la Academia, en esta ocasión como actriz protagonista. Posee un talento que ha quedado más que asentado en este festival y su interpretación ha sido uno de los mejores regalos de esta edición. Por pedir, o por quejarnos, nos hubiera encantado que Jaime López, el pequeño Adrián, se hubiera llevado también el correspondiente reconocimiento por su interpretación. Pocas veces se encuentra a niños de tan corta edad con esa profesionalidad.

Requisitos para ser una persona normal

18 Festival de Málaga - Requisitos para ser una persona normal, Leticia Dolera

Que levante la mano quien alguna vez haya sentido que no encajaba o que estaba fuera de lugar en algún momento”. Todos los asistentes a la rueda de prensa levantamos la mano. “Pues esta película es para todos vosotros”. Leticia Dolera nos ha conquistado con su primer largometraje; la frescura y las ganas que desprende esta mujer son palpables. Una forma diferente de abordar la crisis de los 30. No por divertida, que lo es, sino por romper los esquemas y corsés a los que la sociedad nos somete para poder sentirnos realizados, o mejor dicho, considerarnos personales normales, lo cual no implica que alcancemos la felicidad.

Con personajes fuera de lo común, un montaje muy atractivo y su capacidad para convertir en romanticismo reacciones escatológicas del cuerpo humano (no queremos hacer spoilers), Dolera se llevó dos ovaciones en su pase de prensa. Agradecemos profundamente esta visión indie de la comedia romántica que se marcha del festival con la friolera de 5 galardones: Mejor fotografía, montaje, guionista novel, premio especial del Jurado Joven y premio Signis a la mejor película.

Los exiliados románticos

18 Festival de Málaga - Los exiliados románticos, Jonás Trueba

Cuando ya todo apuntaba a que teníamos cerrado el cupo de ganadoras del festival, llegaron esos bohemios y románticos empedernidos que emprenden un viaje a tierras francesas para conquistar a sus respectivos amores. Jonás Trueba, director de la última película a concurso, cambió las quinielas. La cinta se presentaba como una road movie experimental cuya esencia es, francamente, muy atractiva: la utópica idea de que aún queda una juventud que aborda la vida con el arte y el sentimiento como forma de vida. ¿El problema? Que siempre es mejor sugerir que enseñar. Es decir, es preferible que las influencias culturales estén patentes en la cinta y el espectador pueda descubrirlas y saborearlas a placer, a que tanto guión como personajes nos sometan a un continuo machaque o masterclass de fábulas, cuentos, poemas y concepciones de la vida tan pretenciosas que rozan la pedanteríaLos exiliados románticos se alzó con la Biznaga de Plata Premio Especial del Jurado, Biznaga de Plata a Mejor Música para Tulsa y Mención especial del Jurado de la Crítica.

Estos hilos de esperanza han destacado por encima de todo lo demás, aunque no nos gustaría olvidarnos de las interpretaciones y banda sonora de Los Héroes del Mal, de la interpretación de Juana Acosta en Tiempo sin Aire, del plano secuencia de Hablar o de nuestra reconciliación con Isabel Coixet en Aprendiendo a Conducir, una pena que estuviera fuera de concurso. Estos son los trabajos que han aliviado nuestro malestar, que crecía día tras día, al visionar películas decepcionantes e incomprensiblemente encajadas en la “sección grande”. Si nos lo permiten, preferimos guardarnos los nombres y apellidos para la intimidad, pero el hecho de que en varios pases de prensa no hay siquiera un triste aplauso, sirve como claro ejemplo de lo que ha sido esta edición. En resumidas cuentas, y sin ánimo de desmerecer, estas cuatro cintas fueron claras ganadoras porque no existía competencia para ellas. Y eso, en una Sección Oficial, jamás puede ser bueno. Una situación, además, extensible a todas y cada una de sus otras secciones, lo cual nos lleva a pensar si verdaderamente Málaga sigue siendo un auténtico punto de referencia en cuanto a la producción cinematográfica española del año o si, por el contrario, la experiencia adolescente ha degenerado en delirio de grandeza, provocando que excelentes directores y proyectos acaben prefiriendo otros certámenes para mostrar sus obras. Esto acabaría relegando la labor del festival andaluz a la de plataforma de directores noveles, lo cual es también motivo de orgullo y satisfacción pero resta, inevitablemente, emoción a la contienda.

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