Puro Vicio, P. T. Anderson baja la guardia

Puro Vicio, P. T. Anderson baja la guardia
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Puro Vicio, P. T. Anderson baja la guardia

Puro Vicio

Director:

Paul Thomas Anderson

Reparto:

Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Katherine Waterston, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Benicio del Toro, Joanna Newsom…

Año:

2014

Duración:

148 min.

7.0

· 31 marzo, 2015

Estábamos deseando hincarle el diente a Puro Vicio, lo último de Paul Thomas Anderson, uno de los prodigios indiscutibles del mundo del celuloide, pero tras degustarlo y saborearlo, nos sentimos un tanto contrariados, y nos está costando digerirlo…

Los primeros minutos de la adaptación de la novela de Thomas Pynchon Inherent Vice -nos resulta complejo traducirla como Puro Vicio– son sencillamente prometedores, siguiendo la estela de otras obras del director como Boogie Nights o Magnolia. Doc Sportello, un investigador privado movido por los últimos coletazos del “sexo, drogas y rock&roll” en la década de los 70, se ve sumido en una extraña y peculiar trama en la que debe seguir la pista de la desaparición de su ex-novia.

Sportello llevará a cabo dicha investigación navegando entre los extravíos de la droga y la paranoia, en busca de realidades que quedan ya muy lejos. Una vez más, Anderson nos presenta un personaje perdido, que necesita beber de las inmensidades del universo para dar respuesta a preguntas que, en alguna ocasión, ni siquiera han sido planteadas. Asimismo, el genio ha conseguido una cinta del más puro cine negro con dosis muy potentes de humor, que parecen intentar aliviar esa incómoda paranoia que presenta la historia y que no dejará indiferente a nadie, con -ojo, spoiler- última cena incluida, en la que el caldo de dioses se mantiene pero nos cambia el pan por pizza. Puro delirio.

La dirección técnica y artística, por su parte, nos transportan directamente a la década setentera. Predominan los primeros planos, que perfilan a un Joaquin Phoenix descuidado -y que está de sobresaliente-, una atmósfera nebulosa, fruto de las bocanadas de la marihuana, y un curioso juego de luces que rompe los cánones del cine negro convencional. Se puede y debe, además, sumar la categoría a la que se encuentra todo el reparto. No cabe duda de que hablamos de una cinta muy elaborada.

Conforme el metraje avanza, la incomodidad intencionada desvela un flaqueo de fuerzas. La cinta pierde ritmo

Sin embargo, conforme el metraje avanza, la incomodidad intencionada desvela un flaqueo de fuerzas. La cinta pierde ritmo, y el humor deja de ser la disculpa para la desagradable paranoia en la que Sportello nos ha introducido. Inherent Vice se desinfla poco a poco y provoca que el espectador consulte la hora cada cinco minutos, deseando que en el próximo fundido a negro aparezcan los títulos de crédito o que la narración nos desvele un The End. El resultado acaba siendo irregular, una intención que no tiene un objetivo claro -o al menos, no lo encontramos-, y una locura que acaba superando la paciencia. Sobra metraje y falta consistencia o, más bien, concisión en la historia.

Indistintamente, Anderson sigue siendo el niño prodigio (aunque ya bastante menos niño), un director con una filmografía envidiable que, en esta ocasión, no ha logrado el acierto; lo cual no implica que Puro Vicio no merezca ser vista, sino que es la demostración clara de que hay un alma inquieta que se muere de ganas por seguir incomodando al público e incluso ponernos a prueba. Y nosotros, a pesar de esta difícil digestión, ya volvemos a tener hambre de su cine…

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