De Goyas, Grammys y la ilusión tras el cristal…

De Goyas, Grammys y la ilusión tras el cristal…
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De Goyas, Grammys y la ilusión tras el cristal…

Por · 9 Febrero, 2015
De Goyas, Grammys y la ilusión tras el cristal…

Fotografía: Sónar Festival.

Aunque sea una vez cada año, los españoles en masa decidimos que es buen momento para mirarnos en el espejo de la industria musical norteamericana. Nuestra prensa generalista da voz a quienes calla durante el resto del año, tal es el poderío y la capacidad de convocatoria de los Grammy. Pero, ¿es un reflejo lo que encontramos tras el cristal, o más bien una imagen distorsionada?

Hay que reconocer que en esta ocasión, los premios de la academia de las artes y las ciencias de los USA han ofrecido una masterclass en varios aspectos: por supuesto, a nivel de realización, lo que CBS emitía anoche es una propuesta televisiva de mucho nivel (aunque no de excesivo riesgo). La sobriedad y el empaque delante y detrás de las cámaras convirtieron la gala en un producto fácilmente digerible, pero también altamente edificante. Como no podía ser de otra forma, en el apartado musical, y muy alejados de otras citas en las que el continente engulló al contenido, la edición número 57 convirtió el escenario del Staples Center en un recital continuo de grandísimas actuaciones. Un encuentro generacional firmado por duplas como Jessie J y Tom Jones, Lady Gaga y Tony Bennet, Paul McCartney y Kanye West o Hozier y Annie Lenox. Respeto a los clásicos y apoyo a las nuevas voces. Casi nada.

Mirar hacia ese despliegue cultural, para un país como el nuestro en el que de presencia televisiva musical andamos bastante escasos -y muy perdidos-, debería suponer un motivo más para repartir de una vez por todas los mea culpa, poner la creatividad y el talento en marcha (que lo tenemos y mucho) y dejar de aplaudir por un día espejismos que solo dejan en evidencia nuestras vergüenzas. Por si fuera poco, en el mismo fin de semana en el que los premios de nuestro cine conseguían dinamitar la paciencia de los televidentes españoles con una escaleta rancia, larga hasta la extenuación y repleta de momentos sonrojantes, que sólo pudo salvar la gracia innata del actor revelación del momento, Dani Rovira. Que La isla mínima, una de las grandes películas del pasado año, triunfara en 10 de las categorías en las que estaba nominada, casi pasó a segundo plano, como ocurría con el triunfo del inglés Sam Smith (que se alzó con cuatro gramófonos dorados) en una noche en la que la música fue la absoluta protagonista. Como pueden exprimir de esta reflexión, en el caso de los Goya no fue precisamente para bien…

Tan solo un día después de esa resaca de premios (dejemos a un lado por favor el gafarrón), y a través de El Objetivo que dirige Ana Pastor en La Sexta, escuchamos las reivindicaciones de una industria del cine apaleada por la falta de apoyo institucional y ahogada por un sangrante IVA que no sólo no beneficia al sector, sino que tampoco repercute de manera contundente en las arcas del Estado. Juan Antonio Bayona, uno de nuestros directores más internacionales, lanzaba una lúcida reflexión: “La cultura es el eje que vértebra nuestra sociedad. Es una cuestión de Estado”. Pero digo yo, ¿Acaso la música no es cultura?

Damos por perdida la calidad de una industria, la discográfica, que apostaba por nuevos valores, garantizando su promoción a través de plataformas respetuosas

Hemos decidido dar por perdida la diversidad y la calidad de una industria, la discográfica, que quizá nunca fue de referencia internacional, pero que sí apostaba por nuevos valores, garantizando la promoción de nuestros artistas a través de plataformas respetuosas con el formato, y no como un residuo televisivo apegado a la franja del periodismo del corazón o al talent-show trasnochado, nuestro último reducto pseudomusical en pantalla pequeña. Hoy, en plena era de la autoproducción, nuestra materia prima musical lucha por su supervivencia gracias a los directos. Los festivales, aun ahogados también por ese incremento insostenible del IVA, crecen cada año, ofreciendo carteles con performers de primera línea que nada tienen que envidiar a los de sus hermanos más allá de las fronteras españolas. Los casos de las actuales ediciones de Sónar o Primavera Sound son dignas de aparecer en los libros de texto. Aunque nuestros periódicos y cadenas de televisión quieran mirar (y solamente por un día) más allá del Atlántico en busca de referencias musicales.

Si algo bueno tiene la gran familia de la cultura española es que, pese a las adversidades, siempre encuentra una forma de sacar la cabeza; véase el caso de ese repunte de cine de categoría que estamos viviendo en los últimos meses, con representantes como Magical Girl, 10.000 km. o Loreak. Quizá sea nuestro momento, el de romper ese cristal empañado por la globalización y la democratización de los contenidos en la Red, y que medios de comunicación y sociedad en general estemos a la altura del despegue cultural que estamos viviendo y que, desgraciadamente a los ojos de una gran mayoría, pasa totalmente desapercibido. Porque la cultura, efectivamente, debería ser el eje que nos vertebre, nuestro faro de guía.

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