Timbuktu, cuando todo está prohibido

Timbuktu, cuando todo está prohibido
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Timbuktu, cuando todo está prohibido

Por · 16 Febrero, 2015
Timbuktu, cuando todo está prohibido

Destaca en la cartelera de estas últimas semanas una película con nombre de lugar: Timbuktu (en español, Tombuctú), una ciudad perteneciente a la República de Mali. Y no podemos evitar acordarnos de Berlanga y su París-Tombuctú (1999), por mucho que el argumento entre ambas no tenga absolutamente nada que ver. Algo tendrá esta urbe para ser tan cinematográfica…

Abderrahmane Sissako, director de Timbuktu, es uno de los pocos cineastas africanos conocido a nivel internacional. Él mismo ha confesado recientemente en una entrevista que el hecho de representar con este nombre a todo un continente le supone una gran responsabilidad como realizador, pues resulta una rareza al tratarse de una película de origen mauritano. Concretamente, estamos ante una producción mauritano-francesa, una combinación de la que el propio director puede presumir de tener en su piel: nacido en el Estado norteafricano pero residente en el país galo desde los años 90, Abderrahmane puede hablar abiertamente de lo que ocurre en la ciudad de Tombuctú, pues lo hace plenamente con conocimiento de causa. Y eso se nota. Su condición le permite conocer a fondo este país y poder retratar, a su estilo pero sin temor al equívoco, la vida cotidiana de sus gentes.

Crítica - Timbuktú de Abderrahmane Sissako

Para los que no hayan visto Timbuktu todavía en los cines (muy recomendable, de lo mejorcito de la taquilla últimamente), la cinta cuenta diversas historias que le ocurren a los habitantes de la ciudad a partir de la llegada de los islamistas radicales: relatos duros y conmovedores, pero con un toque de humor y surrealismo muy “marca de la casa”. Los vecinos de Timbuktu ven truncada su rutina con la llegada de los extremistas religiosos, quienes les prohíben todo tipo de actividades (desde jugar al fútbol, fumar, y hasta pasar el tiempo). El hilo argumental lo conducen Kidane y su familia, que viven en las dunas y a quienes no parece afectarles el régimen de terror que han instaurado los yihadistas en su ciudad. A partir de un suceso accidental, Kidane deberá enfrentarse a las leyes que les han impuesto y luchar por su vida y preservar la de su familia.

Cuenta su director que la idea le surge a raíz de una noticia que leyó en un periódico acerca de la lapidación de una pareja hace unos años en una ciudad al norte de Mali (Aguelhok). Sintió tanta frustración y dolor al leer esas líneas, que tuvo la necesidad de contarlo, de mostrarlo al mundo. Pero no es la primera vez que Sissako refleja en sus filmes la realidad de un pueblo. Su cine retrata una visión del mundo que él asegura querer convertir en universal. No se considera un activista, pero haciendo un repaso de su filmografía, la reivindicación de su cultura y de la libertad queda patente en cada uno de sus planos.

Crítica - Timbuktú - Abderrahmane Sissako

El cineasta mauritano ha participado en varios proyectos colectivos (cortometrajes para Stories On Humans Rights, ambos del 2008) y sus últimos largometrajes, Waiting for Happines (Heremakono, 2002) y Bamako(2008), fueron ambos presentados en el Festival de Cannes en sus respectivos años. Todas estas propuestas tienen en común con Timbuktu su aspecto social y su clara intención de demanda a partir de historias cotidianas de un país y una cultura como la suya. Sin embargo, sólo se visualiza como un realizador que utiliza los medios que tiene a su alcance para mostrar una realidad que le afecta (que a todos nos afecta, al fin y al cabo, de alguna manera).

No exenta de polémica, Abderrahmane confiesa lo duro que fue el rodaje de Timbuktu. El equipo se sentía observado y acechado por los terroristas islámicos, que ocupaban toda la región del Sahel y que nos les quitaban el ojo de encima. Tuvieron que vivir con la tensión y el temor durante todo el proceso, pero finalmente salió adelante para que hoy podamos disfrutar en la gran pantalla este interesante y muy recomendable drama inspirado en la realidad, adornado hábilmente con bastante sarcasmo, que nos invita, en definitiva, a reírnos ante ciertas situaciones de la vida y de lo absurdo que puede llegar a ser el ser humano. No nos da otra opción que salir de la sala de cine con una sonrisa, a pesar de todo.

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