Belle And Sebastian, un festival de belleza y sensibilidad

Belle And Sebastian, un festival de belleza y sensibilidad
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Belle And Sebastian, un festival de belleza y sensibilidad

Por · 4 Febrero, 2015
Belle And Sebastian, un festival de belleza y sensibilidad

Enero de 2015 marcaba en el calendario una de los regresos más deseados. Belle and Sebastian, después de más de cinco años de silencio, publicaban nuevo material. En los tiempos que corren, este lapso de tiempo puede resultar muy largo y, sin embargo, cuando se trata de Stuart Murdoch y los suyos, uno debe esperar casi cualquier cosa…

Formados en Glasgow en 1996, el ahora sexteto se considera una de las figuras más representativas del pop de cámara. A día de hoy, se trata de uno de los grandes grupos de los noventa, responsables de algunos de los temas más queridos y recordados de la época. Su sonido está fuertemente influenciado por dos tradiciones aparentemente contradictorias, que se conjugan en la mente de Murdoch de forma magistral y nos invitan a un festival de belleza y sensibilidad sin igual.

Por un lado, tenemos el new wave de los ochenta británicos, caracterizado por The Smiths, que a diferencia de Joy División (otro de los grandes del género), opta por un pop orquestado y preciosista, en la línea de Velvet Underground. Mientras que, por el otro, la referencia al folk de finales de los sesenta es casi obligada, con claras influencias de Love o Donovan. Todo esto, sumado a unas letras profundas y un aspecto muy naíf, a lo J.D. Salinger, hacen de este grupo una verdadera leyenda. Además de por su actitud frente a la fama, en consonancia con el autor norteamericano que se caracterizaba por ser huraño y reacio a todo tipo de manifestación pública.

Tras un tiempo vagando por las calles de Glasgow en busca de gente para tocar sus canciones, Stuart Murdoch conseguía reunir al grupo gracias a la participación en un curso de industria musical, lo que les permitió grabar su primer álbum Tigermilk, uno de los mejores de la banda gracias a grandes temas como Expectations. A este, le siguió If you’re Feeling Sinister, una obra continuista que cuenta con himnos como Like Dylan in the Movies.

Por entonces, dado el éxito que estaban alcanzando, decidían entrar en el mercado norteamericano, de la mano de Matador Records, con The Boy with the Arab Strap. La recepción fue bastante unánime y, tras la publicación de este álbum, se lanzaban al estrellato más absoluto, ganando premios prestigiosos y participando en algunas bandas sonoras de películas como Alta Fidelidad.

Con el cambio de siglo, y ya consagrados, la banda pasó una época complicada. Varios miembros abandonaban la formación (Isobel Campbell, en el año 2002 y Stuart David en el 2000, ambos motivados por sus proyectos en solitario), además de romper con su sello para fichar por Rough Trade, abriendo así una época marcada por la irregularidad en cuanto a producción musical. Storytelling o Fold Your Hands Child, You Walk Like a Peasant no estuvieron a la altura de las circunstancias, aún siendo grandísimos trabajos. 

Crítica - Belle And Sebastian Girls in Peacetime Want to Dance

Todo esto cambiaría con la publicación de Dear Catastrophe Waitress en el año 2003. Ya con la nueva formación consolidada, conseguían de nuevo el beneplácito de la prensa especializada gracias a temas como Step into My Office, Baby o el gran I’m a Cuckoo, que fue comparado con una versión pop de Thin Lizzy. Ahora bien, la reconquista del estrellato les llegó, sin duda alguna, con The Life Pursuit en el año 2006. Este disco, representa una suerte de reconversión en su sonido. abandonaron algunos de los arquetipos propios de las épocas anteriores para recuperar una identidad propia, más Belle and Sebastian. Para el recuerdo quedan algunos de los himnos más característicos de la banda, como son Act Of The Apostle, Another Sunny Day o To Be Myself Completely. Cuatro años después volvieron a sorprender con Belle and Sebastian Write About Love, otra obra digna de mención plagada de grandísimos temas que cuenta con colaboraciones de la talla de Norah Jones (Little Lou, Ugly Jack, Prophet John).

La publicación de Girls in Peacetime Want to Dance hace escasos días prometía darnos más de lo mismo. Canciones pausadas con grandes arreglos orquestales, la característica voz de Stuart Murdoch y ese ambiente a la vez inquietante y a la vez relajante. Sin embargo, Belle and Sebastian tenían en mente algo diferente, un cambio de estilo a medias que no termina de cuajar. Canciones como The Party Line -el primer single- dan muestran de ello, más próximo a la electrónica festiva que al pop de cámara que tan bien saben hacer. Ahora bien, no hay que perder de vista que la evolución de la banda sigue una dirección concreta. Puede que esta última entrega, que cabalga entre su sonido de siempre y nuevas experiencias, esté llamado a demostrar la camaleónica capacidad de Belle And Sebastian para evolucionar; solo lo sabremos en los próximos años. Por ahora, y aunque no sea la mejor obra de Stuart Murdoch y los suyos, podemos calmar el ansia con su escucha. A pesar de no ser lo que esperábamos, sigue siendo Belle and Sebastian.

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