Prendre Partit: todo por la batuta

Prendre Partit: todo por la batuta
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Prendre partit: todo por la batuta

Por · 31 Enero, 2015
Prendre partit: todo por la batuta

Cultura y poder. Arte y política. Un conflicto que podía parecer lejano a nuestros días, pero que no lo es, se escenifica en las tablas del Teatro Goya de Barcelona, donde estos días se representa Prendre partit.

Porque de eso va la obra de Ronald Harwood, de tomar partido. De decantarse por el poder imperante o no; de ponerse de lado de lo artístico o de lo administrativo; y en el fondo, de la necesidad de encontrar culpables a nuestros demonios.

El texto de Harwood se sitúa en la Berlín de 1946. Cuando el espectador entra en la sala lo primero que ve es una gran esvástica, una sombra todavía muy presente en los miedos de los protagonistas. Es la época en la que la ciudad alemana es escenario de las investigaciones de colaboracionismo con el antiguo régimen; y por ende, de la investigación de Il maestro, del director de orquesta Wilheim Furtwängler, interpretado por un magnífico Josep María Pou, que transforma su presencia escénica en fragilidad, hasta el extremo de que en más de una ocasión el espectador se levantaría gustoso de su butaca para abrazarlo, para sostenerle la mano, para darle apoyo en un mundo que no le comprende.

Crítica Prendre Partir - Teatro Goya Barcelona

Furtwängler emerge de un terrible régimen que afortunadamente apreció su maestría, lo que le perjudicará en este nuevo mundo que necesita encontrar culpables para poder ofrecer respuestas ante la barbarie. Esto es lo que intenta el comandante americano Steve Arnold, con la cara de un estupendo Andrés Herrera, que encontrará en Furtwängler la excusa y el objetivo para exorcizar sus demonios.

El pulso en escena es tenso, traumático y sólido, y el montaje de Josep Maria Pou lo aprovecha bien, con tan solo como único escenario la sala medio derruida y reconvertida en casi un cadalso y la música. Esa omnipresencia de una música que el comandante ni entiende, ni tolera, porque a pesar de su belleza despierta en él las imágenes de lo horrible. En definitiva, se trata de una obra altamente recomendable, que venera el arte, la cultura y la belleza que genera, a pesar de los demonios más humanos que puedan habitar en todos.

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