[Crítica] El Zoo de Cristal: No apta para primerizos

[Crítica] El Zoo de Cristal: No apta para primerizos
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El Zoo de Cristal: No apta para primerizos

Por · 29 Enero, 2015
El Zoo de Cristal: No apta para primerizos

Hablar de teatro siempre resulta complicado. Y eso duele, por extraño que parezca. ¿Cómo hacer una crítica lo suficientemente atractiva para transmitir al lector una ínfima parte del goce que sentimos los enamorados del teatro? El ritual de tomar asiento en tu butaca –programación en mano-, al aura que da el propio edificio, la conversación previa y expectante, el apagón de las luces, y que ya no exista nada más…

Decía Federico García Lorca que “el teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana”, y no existe mejor definición. En el teatro no existe un “corten”, no existe montaje, no hay repetición posible. Actor y espectador se sumergen en una unión íntima, en la que durante aproximadamente dos horas ambos son conscientes de si su affair está funcionando o no. Es la interpretación en su estado más puro.

Como bien sabéis, presentamos con frecuencia muy distintas obras/ofertas para público muy dispar. Compañías jóvenes, microteatro, salas café-teatro ofrecen muy distintas alternativas para que los “indecisos” se atrevan a dar un paso al frente y experimentar lo que es compartir oxígeno y respirar a compás con el actor.

Sin embargo, también es necesario atender a aquellos, como decimos, ya enganchados a esta dulce droga, capaces de enfrentarse a obras maestras como El Zoo de Cristal, del gran Tennessee Williams. Este retrato de una familia sureña de los Estados Unidos no es más (en apariencia) que un reflejo de una sociedad, la de los años 30, que nos queda ya muy lejos. Amanda Wingfield es la madre y “teniente-coronel” de dos hijos ya adultos, sobre los que ejerce una absoluta autoridad, llegando a minar sus sueños; visionaria, incluso, de una realidad distorsionada, fruto del dolor del abandono, y que planifica la vida de toda la familia en pos de la prosperidad, con inmensas ansias de escapar del estado de precariedad en el que se encuentran, aunque eso suponga como pago obviar los sentimientos y necesidades de Laura y Tom, sus hijos.

Teatro - El zoo de cristal, Silvia Marsó

No serán necesarios muchos minutos para darnos cuenta de que la sociedad que nos describen los protagonistas, no difiere en exceso de la sensación de ahogo con la que muchas personas luchamos a día de hoy por sobrevivir. La adaptación del texto está tan bien ajustada, que a pesar de perder parte de la profundidad de alguno de los personajes, comprenderemos (y compartiremos) a la perfección la necesidad de Tom de huir para poder hacer la vida que desea, y a Laura, quien a pesar de cuidar con mimo su zoo de cristal -en el que ella misma ha elegido encerrarse-, parece ser la única que se resigna a la realidad que les ha tocado vivir.

Esta identificación es obviamente posible gracias al impecable trabajo de los actores y una muy buena dirección de Francisco Vidal. Alejandro Arestegui da vida a un Tom que no duda en enfrentarse duramente a su madre, aunque sea consciente de que ello suponga dejar en la estacada a su hermana, cuyo papel interpreta una también excepcional Pilar Gil. A pesar de que sea menor su intervención, no podemos olvidar a Carlos García como Jim O’Connor, cuya perspectiva optimista y soñadora de la vida cumple el efecto de antítesis con Laura, para intentar hacerla salir de su jaula.

Sobre ellos, sobresale una Amanda hiriente, calculadora, anclada en lo que pudo haber sido pero no fue, incapaz de reconocer que sus sueños no son los de sus hijos. Una tirana posesiva y egoísta que no acaba siendo más que una tragicomedia hecha carne y hueso. A partir de esta producción, será imposible volver a pensar en este personaje sin enlazarlo directamente a las facciones, matices y garra de Silvia Marsó, que realiza un trabajo que a veces roza el delirio, y otras tantas deja sin aliento. Una auténtica delicia. Producciones Secuencia 3 ha realizado una espléndida versión de El Zoo de Cristal, un maravilloso regalo para los acérrimos de esta arte escénica. Quizás resulte una obra un tanto intensa para primerizos o indecisos, pero los amantes del teatro os animamos a que déis el paso. Merecerá la pena

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