[Crítica] La teoría del todo, ¿o de casi nada?

[Crítica] La teoría del todo, ¿o de casi nada?
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La teoría del todo, ¿o de casi nada?

La teoría del todo

Director:

James Marsh

Reparto:

Eddie Redmayne, Felicity Jones, Emily Watson, David Thewlis, Charlotte Hope, Charlie Cox, Adam Godley…

Año:

2014

Duración:

123 min.

7.0

· 16 enero, 2015

Mientras Eddie Redmayne mimetiza perfectamente a Stephen Hawking, y entrega su cuerpo a la enfermedad degenerativa, Felicity Jones, esposa coraje, mantiene vivo este biopic. Lástima que no haya una historia emocionante, ni una imagen o forma de narrar evocadora, para respaldar estas espléndidas actuaciones dignas de las nominaciones y premios recibidos.

Retratar a la persona más inteligente del planeta, las dificultades de su primer matrimonio, y la enfermedad que va apoderándose de su cuerpo, tenía tantas posibilidades de enganchar al espectador como infinito es el universo. Sin embargo el director James Marsh apenas ha salido del confortable cosmos conocido de la biografía bienintencionada. Hay una sensación general de corrección política y humor blanco.

Los temas están ahí: la creciente desesperación por la enfermedad, la ambigüedad entre amor y lástima, la terquedad de Hawking, la madre “soltera”, el conflicto entre religión y ciencia… El espectador los intuye, pero se pasa sobre ellos suavemente, con espíritu optimista, y una banda sonora alegre. No es que esperásemos un melodrama, pero sí un enfoque más atrevido de los seres humanos que compusieron esta historia.

Crítica - La teoría del todo, Stephen Hawking

Se trata de un film de “las cosas que van pasando en la vida”, típico en biografías, sin orden ni significado y con alguna escena brillante (como el primer intento de comunicación entre el matrimonio cuando él se queda sin habla).

Los personajes no son presentados como individuos por separado, en toda su riqueza. Los conocemos directamente juntos, y aparte de la química indudable entre Redmayne y Jones, las razones de su intenso amor no se entienden. De hecho, se da por entendido que su amor fue intenso, y probablemente no lo fue, probablemente fue otra cosa. Quizá ser realista hubiese sido más interesante.

La dirección de fotografía del film es correcta, sin más, con el trípode bien asentado en la tierra, cuando cualquiera hubiera esperado que se intentase doblar el espacio tiempo con la cámara. Una de las bazas de esta película hubiese sido casarse con la ciencia y hacerla vibrar. Aunar las ideas más extraordinarias que un ser humano ha tenido en este último siglo (¡estamos hablando del gran genio de la ciencia moderna!) con un romance de juventud, en una especie de estallar de supernova emocional y científica. A veces se intenta, en algunos planos afortunados como el del agujero negro de la taza de café, o la estrella ardiendo en la chimenea, pero la cosa se queda más o menos ahí.

Quizá el asunto es que nos extraña que en un film del famoso cosmólogo, él no sea el centro indiscutible de la narración, puesto que en el fondo el punto de vista es el de su mujer. No solo no se juega con su portentoso cerebro, tampoco vemos realmente los entresijos más íntimos y duros de su lucha contra su enfermedad motoneuronal. No se exponen de forma cruda y, de hecho, se le describe a través de tantas bromas que resulta un dibujo animado bondadoso. No dudamos que el buen rollo fue clave en su supervivencia (le daban dos años de vida desde el diagnóstico de su enfermedad), pero solo tenemos una historia de superación simpática, cuando estamos hablando de un hombre que esquivó la muerte gracias a la ciencia en su cabeza y al amor/amistad de Jane. Debió ser duro para él, y no solo para ella… Porque lo más grave es que al final del film, salvo por conocer las peripecias recubiertas de vainilla de sus primeros años, no podemos afirmar que conozcamos mejor a Stephen Hawking.

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