15 años sin Enrique Urquijo. Te fuiste sin avisar

15 años sin Enrique Urquijo. Te fuiste sin avisar
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15 años sin Enrique Urquijo. Te fuiste sin avisar

Por · 3 Diciembre, 2014
15 años sin Enrique Urquijo. Te fuiste sin avisar

Una fría y gris noche de noviembre, hace 15 años, nos sobresaltó la triste noticia del fallecimiento de Enrique Urquijo.

Su cuerpo era hallado en un portal de la calle Espíritu Santo, en pleno corazón del madrileño barrio de Malasaña. Tras abandonar la clínica de desintoxicación en la que estaba ingresado, el músico estuvo desaparecido unos días, hasta que la tragedia fue a su encuentro. Una mortal mezcla de sustancias apagó definitivamente la luz de un artista al que la leyenda de maldito le perseguiría hasta sus últimos días.

Siempre hay un precio

Aún hoy seguimos estremeciéndonos al pensar en la manera de marcharse que tuvo Enrique, del mismo modo que nos siguen emocionando sus canciones, como cuando nos enamorábamos con ellas a lo largo de cuatro estaciones que parecían fundirse en una sola, bajo el amparo de sus maravillosas letras. Nos dejó sin despedirse y, conmocionados desde entonces, esperamos ingenuamente que algún día salde esa deuda pendiente. Como en un mal sueño cuyos puntos suspensivos aún siguen manteniéndonos a la espera de algo que no llegará, el hueco dejado por este inigualable intérprete, no será llenado jamás.

El segundo de los hermanos Urquijo dejó este mundo como una especie de mártir, preso de sus propios demonios y, desde aquel día, la música española se quedó huérfana de uno de los mejores compositores que haya habido en nuestra lengua (años después se fue Antonio Vega y el dolor aún dura). Desde aquel fatídico 17 de noviembre de 1999, las canciones de Los Secretos y Los Problemas ya no sonarían igual.

Pero si algo traen estos sucesos son las ganas de reivindicar con gran fuerza la figura de quien tristemente los protagoniza. Por eso hoy, una vez cumplidos tres lustros desde su muerte y coincidiendo con la salida al mercado de un acertado disco homenaje, rendimos tributo a una de las personalidades más complejas y creativas de nuestra música. Un maestro en toda regla.

Volver a ser un niño.

Quizás este fuera un deseo más de Enrique Urquijo, pero ¿quién no ha soñado alguna vez con volver a aquellos días? Todos añoramos la época de los veranos infinitos, de los amores platónicos, de la eterna búsqueda y descubrimiento… Puede que no siempre cualquier tiempo pasado sea mejor, pero nadie negará que la nostalgia por esos días nunca se pierde. Para el que fuera cantante de Los Secretos, su niñez era siempre un recóndito lugar al que volver, una especie de bálsamo que curaba su fragilidad diaria. Su extrema timidez, siempre ligada a una inocencia abrumadora, fueron pequeñas marcas de su infancia que nunca le abandonarían. Nacido en 1960, en el madrileño barrio de Argüelles, en el seno de una familia de clase media acomodada, Enrique (junto a sus tres hermanos) creció feliz, como cualquier niño de la época.

Cambio de planes

Fue en 1978 cuando los tres hermanos, Javier, Enrique y Álvaro, empezaron a dar sus primeros pasos en el mundo de la música. Bajo el nombre de Tos y acompañados de Canito (José Enrique Cano), la banda empezó a dar que hablar dentro de la nueva ola madrileña. De hecho, Déjame, el que probablemente sea su mayor éxito, data de esa época. Días de aprendizaje, de ilusiones compartidas, de sueños construidos, pero también de tragedia, pues en la Nochevieja de 1979, Canito fallece en un accidente de tráfico, suponiendo esto un verdadero trauma para sus compañeros que, tras un concierto homenaje en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, deciden acabar con la banda y comenzar una nueva etapa, ya bajo el nombre de Los Secretos. Casi desde el comienzo la tragedia estuvo ligada a la figura de Enrique, así escribiría su propia historia.

Homenaje Enrique Urquijo

Dos caras distintas

Clarificador título de una de las más emblemáticas canciones de Los Secretos. Quizás con esta frase podremos comprender mejor lo que significaba ser Enrique Urquijo. Líder de uno de los grupos más exitosos de la historia del pop español, su éxito y reconocimiento no hacían más que aumentar ese semblante triste y melancólico que tan bien encajaba con su personal manera de escribir. Huidizo y tímido, frágil en apariencia, sin embargo quienes le conocían aseguraban que contaba con un gran sentido del humor, a pesar de un carácter demasiado melancólico, casi depresivo. Así era este genial compositor, capaz de llenar la vida de los demás con su personalidad y sus canciones y, a la vez, ser el abanderado del desgarro y el dolor. Entender su música es comprender su historia y su figura. Probablemente esta dualidad en su carácter fue lo que le empujó a fundar su propio proyecto, al margen de su banda de toda la vida. Los Problemas era su lado más intimista, más personal si cabe.

Amor se escribe con llanto

Y así es como relató su vida, con sufrimiento y entrega absoluta a unos sentimientos a flor de piel. Con nueve discos junto a su hermano Álvaro (sin olvidarnos de Ramón Arroyo y Jesús Redondo), el bueno de Enrique forjó una carrera verdaderamente sólida, que en sus últimos años compaginó con Los Problemas (se hizo compañero inseparable de la acordeonista Begoña Larrañaga), donde dio rienda suelta a todo un universo de sinceridad y desnudez, con temas propios, versiones de Los Secretos y adaptaciones de canciones ajenas. No extraña que un género tan descorazonador como la ranchera, encontrara su lugar en el repertorio de este proyecto, pues era aquí donde Enrique se enfrentaba a corazón abierto a su público, de la manera más sincera y arrebatadora que cabría esperar.

Hoy la vi

El último tema que compuso Enrique, nos sirve como colofón a este sentido homenaje. Se estrenó de manera póstuma en el disco homenaje que publicado al año siguiente de su fallecimiento. Podríamos cambiar el género y cantársela a él mismo, porque realmente no pasa un día en que no deseemos verle de nuevo sobre un escenario. Ni siquiera el nacimiento de su hija pudo alejarle de las adicciones que, de manera intermitente, siempre estuvieron presentes en su vida. A ella le dedicó la bellísima Agárrate a mí María, pero quizás él mismo no supo seguir su propio consejo, esa petición que hacía a su pequeña y que hoy suena a inevitable despedida. El porqué de esa querencia a la autodestrucción es una incógnita que nunca será despejada, sobre todo conociendo su firme intención de cambiar de vida. Pero la debilidad se apoderó de él ese fatídico 17 de noviembre y lo demás es historia. “Han llovido 15 años que sobreviví, yo creía que sabía y nunca aprendí”… Sobran las palabras, Enrique Urquijo será eterno para siempre y su música, imperecedera, nos seguirá acompañando el resto de nuestros días, por mucho que se empeñe en llover.

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