Black Mirror, Black Christmas

Black Mirror, Black Christmas
B-SIDE MAGAZINE // PARA HABLAR DE ARTE... HAY QUE HACERLO CON ARTE

Black Mirror, Black Christmas

Por · 22 Diciembre, 2014
Black Mirror, Black Christmas

El esperpento es a la literatura lo que “Black Mirror” a la ficción televisiva…

Si bien Valle-Inclán adoptó este término como mecanismo de deformación para ridiculizar y poner de manifiesto la absurdez de la sociedad española, sirviéndose de la imagen grotesca que devolvían los espejos cóncavos del Callejón Don Gato, la serie de Channel 4 hace lo propio casi un siglo después, apoyándose en la misma metodología y teniendo como reflejo la perversa sociedad de masas en la que vivimos, un universo cada vez más avanzado tecnológicamente hablando, pero humanamente putrefacto.   

Si continuamos con la analogía –o las coincidencias-, Luces de Bohemia es todo un grito a la nostalgia, y no hay época del año más melancólica que la Navidad. Así pues, White Christmas ha llegado hace unos días como un perfecto y triste regalo.

Matt –encarnado por Jon Hamm (Mad Men)- y Joe (Rafe Spall) aparentan ser unos compañeros de piso un tanto peculiares. Conviven en una cabaña aislada pero parecen no guardar ningún tipo de relación entre sí. Ante la insistencia de Matt por compartir una cena navideña y lograr entablar conversación, conoceremos las duras historias de ambos. Si los capítulos anteriores nos habían hecho creer que lo habíamos visto todo sobre la crudeza del ser humano como autómata (el poder de la televisión, sobrevivir a la muerte convirtiéndonos en avatar, la condena de que nuestra retina sea mejor que un blu-ray 3D), estábamos equivocados. White Christmas nos presenta la idea de que las personas tengamos en nuestro poder el bloquear a otras, pudiendo aislarlas por completo, y la capacidad de convertirnos en parte de nuestra propia tecnología.

Crítica - Black Mirror, White Christmas Jon Hamm

Sin ánimo de desvelar demasiado, porque es una joya que merece ser disfrutada sin spoilers, Black Mirror ha dado un paso más allá, y nos regala 70 minutos de puro drama. Como consejo, eso sí, permaneced muy atentos a la decoración de la cabaña, esencial y clave para hilar la infinidad de detalles que interconexionan el desarrollo de la conversación entre Matt y Joe.

Completan el reparto principal Oona Chaplin (Juego de Tronos) y Natalia Tena (10.000 Km), en el que el trabajo de los cuatro actores hace justicia, sin duda, a la genialidad de guión y la espectacular forma en que se encuentra estructurada la historia. Resulta hipnotizante de principio a fin. Destaca también en esta ocasión, como no podía ser de otra forma, el uso del color –predominantemente blanco, por supuesto-, tan puro y brillante que llega a doler, como cuando el frío de la nieve puede acabar produciendo quemaduras. Su pureza y simbolismo se corrompen poco a poco hasta resultar incómodo y enfermizo.

Así pues, Black Mirror lo ha vuelto a hacer. No ha perdido la chispa, la capacidad de romper esquemas y de poner sobre la mesa invitaciones a la reflexión personal y colectiva. Ha vuelto a llevarnos al Callejón del Gato. Esto sí que es un auténtico regalo de Navidad.

Rudolph, dile a Santa que ya no hace falta que venga…  

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