Ryan Murphy, la televisión de la diferencia

Ryan Murphy, la televisión de la diferencia
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Ryan Murphy, la televisión de la diferencia

Por · 4 Noviembre, 2014
Ryan Murphy, la televisión de la diferencia

Los dos proyectos que han surgido de la saga American Horror Story, American Crime Story y Scream Queens, para 2015, son la enésima puesta de largo del productor Ryan Murphy. El padre de la franquicia de terror y de otras series como Glee o Nip/Tuck es uno de los creadores más personales y populares de la televisión estadounidense.

O me quieres o me odias“. Al leer estas palabras con las que se describió hace un par de años en la prensa, muchos pensarán que Ryan Murphy es la Belén Esteban abroad, pero lo cierto es que es uno de los productores televisivos imprescindibles de los últimos años. Con un cliché tan manido y mamarracho como ese reconoció que le encanta el marketing, la publicidad, ser polémico y el centro de atención, pero no solo como figura pública sino como una estrategia para llegar también a su público. Ryan Murphy, padre de series de televisión como Nip/Tuck, Glee o American Horror Story, es quizá el creador contemporáneo, en la pequeña pantalla en abierto y en plataformas de abonados, más prolífico, personal, transgresor y popular, con ideas audiovisuales y discursos culturales que cuestionan siempre lo políticamente correcto.

Aunque es difícil perderle la pista en los medios de comunicación semana a semana, ha sido en los últimos días cuando el productor ha vuelto a ser actualidad. American Horror Story, la saga de terror que ha creado junto a Brad Falchuk, se extiende en dos nuevas ficciones antológicas: American Crime Story, también de FX, inspirada en asesinatos reales (el primero será el caso de O. J. Simpson), y Scream Queens, para Fox, que mezclará comedia y horror en la línea del slasher juvenil. Ha sido precisamente esta franquicia la que ha puesto a Murphy en el mapa televisivo internacional, una serie tan blockbuster como provocadora y en la que pudo plasmar algunas de esas discretas luchas de determinados colectivos, del nerd al homosexual pasando por el feminista o el negro, que vimos en su trabajo previo, considerado para losers o raritos.

American Horror Story: terror y reivindicación

American Horror Story - Sarah Paulson

La pesadilla de Lana Winters, una demasiado ambiciosa periodista lesbiana en los años 60 que quiere triunfar a cualquier precio, aun renunciando a su hijo, fruto de la violación de un asesino en serie; o la de Kit Walker, que quiere criar a los suyos, de ascendencia alienígena, uno blanco y otro negro, en Asylum. El enfrentamiento racial entre dos aquelarres que acaban unidos para luchar contra la amenaza de los hombres contra las brujas, o la tortura a Madame Lalaurie, una psicópata esclavista a la que se obliga a ver la serie Raíces, en Coven… Las temporadas de American Horror Story rebosan líneas y escenas que, aunque desapercibidas entre la locura general, ponen sobre la mesa cierta opresión social y la búsqueda de la justicia.

American Horror Story rebosa líneas y escenas que, aunque desapercibidas entre la locura general, ponen sobre la mesa cierta opresión social y la búsqueda de la justicia

Algo así apuntó el propio Ryan Murphy en una entrevista concedida tras los primeros capítulos de AHS, donde afirmó que la ficción es más un “comentario social” que un homenaje de terror al uso. Su intención era, a través de las convenciones más disfrutables del género, hacer sangre en ciertos vicios culturales; es muy simbólico el uso de la crónica negra real estadounidense, plagada de sangrientos asesinos y perturbadores psicópatas (a veces con falsos culpables), pues sirve como espejo de los miedos y los prejuicios de otra época. Vemos desde este enfoque cómo la primera entrega es un relato sobre la destrucción de la familia, la represión femenina y racial en Coven o la ocultación de la diferencia en Asylum y Freak Show.

Una trayectoria coherente e inconformista

Los logros de Ryan Murphy son históricos, y en ello sigue la particular estela de Joss Whedon. El creador de Buffy Cazavampiros o Firefly consiguió convertir en culto incomparable series de públicos reducidos y hoy es director de cabecera de una franquicia blockbuster como Marvel. El padre de Glee y American Horror Story presume de méritos similares: convertir a un hombre abiertamente homosexual en un imprescindible de la industria, y hacer mainstream ficciones con discursos minoritarios sobre colectivos concretos y maltratados. Su puesta de largo fue la última entrega de los Emmy con el aplauso unánime para The Normal Heart, su cinta para HBO sobre el sida en 80 y con un reparto ampliamente gay. Algo que no sucede ni en los Oscars

El sprint definitivo en su larga carrera hacia ese gran triunfo fue el estreno de Glee en 2009. La serie de televisión de Fox puso de moda el género musical y consiguió rematar una historia sobre lo que mola ser el rarito de la clase. Protagonizada por una marginal que canta genial, un chico gay con muchísima pluma, un quarterback ‘monguer’ y una animadora embarazada, una chica gorda y negra y un nerd en silla de ruedas, Glee se convirtió en una de las series teen más populares de los últimos años. En 2012, también en abierto en Fox, Murphy lanzó la malograda sitcom The New Normal, sobre una pareja gay que quiere adoptar al bebé de una indecisa joven y da lugar a una rarísima familia, un pequeño hito en la representación televisiva LGTB.

Ryan Murphy, Glee

Esos éxitos más conocidos son la continuación de un trabajo muy coherente de más de diez años en televisión. Menos recordadas y más en los márgenes de la pequeña pantalla pero con inquietudes similares descansan sus ficciones anteriores: Nip/Tuck (2003, FX) y su rupturista tratamiento del hedonismo, la locura y el sexo, o el antecedente más clásico de Glee, Popular (1999, The WB), particular teen fiction sobre la popularidad en la historia de dos hermanas, una triunfadora animadora y una contestataria loser. La obra de Ryan Murphy, hoy entre la provocación exagerada de American Horror Story y el clasicismo combativo de The Normal Heart, guarda el equilibrio improbable de los grandes del cine y la televisión, entre lo personal y lo popular, pericia sin igual para hacer llegar al público esa sensibilidad única e inconformista.

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