Interstellar, cuatro críticas para cinco dimensiones

Interstellar, cuatro críticas para cinco dimensiones
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Interstellar, cuatro críticas para cinco dimensiones

Por · 13 noviembre, 2014
Interstellar, cuatro críticas para cinco dimensiones

Christopher Nolan es, por méritos propios, el actual Rey Midas de la industria cinematográfica. Todas sus películas consiguen derramar ríos de tinta (y píxeles) y horas de discusiones entre detractores y fanáticos…

Para algunos, un genio con una visión comercial como hace décadas que no veíamos en nuestras pantallas. Para otros, un maniqueo producto de marketing que impresiona más que profundiza. Lo que está claro es que no deja indiferente… En B-side hemos querido hacer un ejercicio de contraste a través de Interstellar, su última y recién estrenada cinta. Planteamos cuatro críticas muy diferentes que dejan ver como una misma película puede impactar de diversas maneras dependiendo de la disposición del espectador. Y tu, ¿Eres Nolanista o consideras que el británico no está a la altura de su fama?

Enciende la razón, apaga el corazón.

Aitor Elizalde

Crítica Interstellar, McConaughey y Anne Hathaway

Nolan nos deja con la boca abierta en su magna, desproporcionada y hermosa Interstellar mientras se sabotea a sí misma en el proceso. Conseguir que casi tres horas de verborrea sobre física gravitacional no se hagan en absoluto densas o aburridas solo reafirma el pasmo que muchos sentimos al ver como Nolan resuelve su epopeya intergaláctica de la manera mas moña que encontró en las cinco dimensiones de su película. Cinco, Chris, cinco. Y acabaste en la misma de Contact. Nolan no es Spielberg y su mayor error es jugar a serlo. Su talento reside en lo cerebral, no lo emocional, y espero que tome buena nota de ello en su próximo proyecto. Su película está llena de reflexiones auténticamente profundas sobre el paso del tiempo y los impulsos humanos, pero ese corazón que debería latir en el centro de su galaxia es puramente narrativo. Constantemente mencionado por sus protagonistas, rara vez les vemos sentir nada en absoluto. Queda para el recuerdo, eso sí, el viaje espacial mas elegante y descomunal visto en mucho tiempo y un puñado de secuencias que pondrán la carne de gallina a muchos (esa estación gira que te gira). Así que ya sabéis, encended la razón y apagad el corazón para disfrutar de Interstellar.

Cosmos 1 – Humanos 0

Andrés Zaragoza

Crítica Interstellar - Jessica Chastain

Interstellar, la desde ya película favorita de astrocientíficos como Neil de Grasse Tyson (Cosmos) – según su twitter- es encomiable como un viaje espectacular y sí, muy preciso, entre estrellas y planetas recónditos. La intención de realidad acaba aquí. Nolan es capaz de hacer el agujero de gusano más creíble del cine, puede mantener al espectador en tensión durante casi tres horas, y crear varios números de acción perfectamente conducidos. Pero no puede hacer que nos creamos a una persona hablando. Curiosamente no hay humanos en una película sobre salvar a la humanidad, salvo –a ratos y cuando no caen en el ridículo- Anne Hathaway, y la niña actriz Mackenzie Foy, sorprendentemente emotiva. Pero sin duda son los robots, los más cercanos y divertidos personajes del film. Los demás son marionetas explicando leyes físicas, salvo cuando el guión se acuerda de qué está hablando y nos pretende hacer llorar. A veces lo consigue, McConaughey se esfuerza en su labor, por lo que es más frustrante su fracaso global. Nos falta verosimilitud en lo cotidiano. Nolan intenta hablar de lo pequeño tanto como de lo grande, centrándose en planos cortos y huyendo de ciertas tentaciones rimbombantes pero la falta de lógica y naturalidad en el guión -¡esos diálogos!- juegan en su contra. La solemnidad excesiva y la prepotencia acaban con esta película que debería reconvertirse en un documental ficcionado sobre el espacio.

Lecciones aprendidas y asignaturas atragantadas

Néstor Vilar

Crítica Interstellar - Christopher Nolan, Matthew McConaughey

Control de grandilocuencia – Progresa adecuadamente.
La gravedad del tono y las ínfulas de trascendencia hacían de El caballero oscuro un thriller fascinante. Las destrucciones masivas de The Dark Night Rises y El hombre de acero iban de lo ridículo a lo plomizo. Pese a que la fuerza gravitatoria y el fin del mundo son leitmotivs de Interstellar, ésta es la película más ligera de Nolan, gracias a la tecnología retro, a la ausencia de supervillanos y a su primer protagonista con sentido del humor – .

Exploración del espacio-tiempo – Notable
Origen propuso inéditas situaciones espacio-temporales con la excusa de adentrarnos en la psique humana. Ahora Nolan busca nuevas posibilidades por el camino inverso, rumbo al hiperespacio, y crea un escenario fascinante para el clímax.

Ciencias e información – Aprobado raspado.
Origen daba explicaciones científicas a un universo fantástico y las exponía para que el espectador disfrutara de las situaciones generadas. Interstellar se enreda con la ciencia del universo real (en perjuicio de su credibilidad), y se sobreexplica (terrible cuando el robot, en off, interrumpe el clímax para verbalizar lo que el espectador ya ha entendido).

Montaje alterno – Insuficiente.
Nolan catea en su especialidad. Evita el montaje con más potencial (el distinto ritmo del tiempo para los protas y para el resto); se entiende la intención (asistir con sorpresa a la escena en la que el prota ve Boyhood el cambio de su hijo con los años) pero la ejecución es cutre (McConaughey mendigando otro Oscar a lágrima viva). Luego, en el clímax, el montaje paralelo climático es forzado y absurdo.

Drama y psicoanálisis – Buena intención, sigue intentándolo.
Nolan se aplica más que nunca a las relaciones interpersonales. El spielbergiano primer acto es una delicia; el desarrollo no convence.

El espectador decide si premiar o castigar estos resultados: ¿eres consentidor con Nolan o no le pasas ni una?

Christopher Nolan: con C de Cine

Jesús Román

Crítica Interstellar, Christopher Nolan

Visualicen a Kirsten Dunst aguantando estoicamente la visita del planeta Melancholia. Sostengan esa angustia existencial. Memoricen a Sandra Bullock en Gravity dando vueltas sobre su propio eje, en una suerte de renacimiento espacial. El silencio. Recuerden el monolito de Kubrick, un viaje por el presente, pasado y futuro de la humanidad a ritmo de música clásica. ¿Lo ven? La inmensidad, la luz y la oscuridad, abriéndose camino en el celuloide. Solaris, Sunshine, Contact… El espacio nos asusta y maravilla. Imaginen que todo lo anterior se produce en universos paralelos, mientras Christopher Nolan, en sus cinco dimensiones, da forma a la última y más compleja aventura interplanetaria, hilvanando planos con precisión matemática, como ecuaciones de la teoría de cuerdas.

Los guiños a 2001: una odisea en el espacio son más que premeditados. Sin embargo, donde el maestro Kubrick sugería, Nolan explicita, dando forma al todo y la nada, cerrando el círculo sobre el propio círculo. Donde Von Trier retorcía, Nolan devasta; las imágenes de Interstellar son tan poderosas, su mensaje tan primario, que olvidas pestañear, tan siquiera respirar, suspendido en la butaca como te encuentras. Y donde Cuarón (ay, Alfonso, cuanto lo siento por ti) se regodeaba en una visión cercanamente lejana de nuestro hogar, Nolan se atreve a ir millones de pasos más allá, invitándonos a explorar donde ningún humano haya soñado llegar, con los medios técnicos y la sensibilidad que ningún otro director ha conseguido. El amor, la energía más poderosa, y el cine, el vehículo más certero para trastear en nuestras mariposas, se unen en un prodigio artístico que permitirá a Nolan volver a cambiar las reglas de la industria. Interstellar es, probablemente, la mejor película del año, la más ambiciosa, la más poética y desgarradora, la más accesible al mismo tiempo. Probablemente. Lo que es 100% seguro es que esta ha sido la experiencia más extraña y emocionante que he tenido el placer de disfrutar en una sala de cine. Y el cine, queridos amigos, es justo eso. Spielberg lo sabía. Nolan lo sabe.

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