Perdida, o de cómo David Fincher nunca se pierde

Perdida, o de cómo David Fincher nunca se pierde
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Perdida, o de cómo David Fincher nunca se pierde

Por · 16 Octubre, 2014
Perdida, o de cómo David Fincher nunca se pierde

Con Perdida, Fincher nos recuerda que no hay nadie como él jugando al gato y al ratón y de paso vuelve a dar una vuelta de tuerca al género que él mismo revitalizó con Se7en. Gone Girl es un nuevo prodigio de ritmo, giros de locura, vicio y el retrato más salvaje de un matrimonio que recuerdes. Revisamos las claves del niño malo de Hollywood.

Se la juega con sus actores

Ben Affleck brilla en un rol idóneo para sus discutibles habilidades y convierte a Rosamund Pike en una fuerza arrolladora y magnética en Gone Girl. Y es que desde sus inicios ha demostrado un ojo poderoso para imaginar a el/la intérprete ideal para sus personajes. Ahí está rescatando de sus horas bajas a Morgan Freeman en Se7en y a Robin Wright en House of Cards, Helena Bonham Carter comiéndose a sus compañeros de pantalla sin pelucas de colgada o corsés de época en Fight Club, Robert Downey Jr. desintoxicado y brillando él solito, la dulce Rooney Mara dejándonos boquiabiertos con su transformación para Millenium y, como no, esculpiendo a Brad Pitt hasta convertirlo en el solvente actor que es hoy. Dios mío, si ha conseguido que Tayler Perry esté estupendo en Gone Girl, no sabemos que será lo siguiente.

Enfermo por el detalle

Lo suyo es repetir. Y repetir. Y repe… ya sabéis por donde va esto. Fiel a papá Kubrick, no descansa hasta obtener el plano que ha imaginado pormenorizadamente. Él mismo ha admitido que repite decenas de veces para, muchas veces, quedarse con el segundo intento. No le neguemos el capricho. Sus encuadres son de una fuerza e intensidad que epata y se encadenan a una velocidad de infarto pero nunca precipitadamente. Ben Affleck apostó con sus compañeros técnicos de Gone Girl que Fincher no apreciaría una mínima alteración que hizo en la lente que estaban usando para grabar una escena. No tengo que explicaros quién perdió la apuesta, ¿verdad?

Su caligrafía es única

Desde los inicios ha construido una manera de hacer muy sui generis, pero es en The Social Network donde sus bases se cimentan. Al igual que en Zodiac, el estilo es tan depurado que el director Fincher parece desaparecer en Gone Girl a favor del narrador Fincher y ofrece una dirección sobria donde las haya. Predominio de tonos verdes y amarillos, música marciana a cargo de los magníficos Trent Reznor y Atticus Ross, historias contemporáneas capaces de resonar durante años (El club de la lucha sigue estando fresca), personajes difíciles con los que cuesta empatizar pero que van a meter mano en tu cabeza a buen seguro… Incluso cuando se aleja de su zona de confort con la hermosa The Curious Case of Benjamin Button, todo rezuma aroma a Fincher.

Es el director mas infravalorado de Hollywood pero se la suda

Perdida es la última muestra de un director que se guía por su olfato antes que por la grandilocuencia de la propuesta. Y es que desde sus inicios ha decidido hacer los proyectos que ha querido y no ha sucumbido a los cantos de sirena de la industria mainstream. Cada producción suya ha otorgado prestigio a la meca del cine ofreciendo historias adultas y alternativas pero usando sabiamente todo el dinero y poder que otorga estar bien acomodado en la industria. Lástima para ellos que Fincher no sea una figura cómoda. Su distanciamiento de la complacencia de las superproducciones norteamericanas ha impedido que sea reconocido en los Oscar como es debido (generaría mas respeto en chándal que cualquier ganador reciente de algunos Oscar a la mejor dirección en esmoquin). Si hubiéramos tenido familias homoparentales antes, Hitchcock y Polanski podrían haber sido los padres mas orgullosos del mundo.

Crítica - Perdida, David Fincher - Ben Affleck

Encasillarse no va con él

Del terror espacial de Alien3 a asentar las bases del psicothriller del nuevo milenio con Se7en. De los intrincados y perversos laberintos de The Game hasta la épica criminal de Zodiac. Del melodrama romántico de Benjamin Button al excelente remake de un best-seller sueco y de tanto en cuanto dando mazazos al mundo contemporáneo con clubs de lucha y niñatos de Facebook. Con la satírica Gone Girl demuestra, incluso, que es capaz de articular una comedia salvaje y 100% fincheriana. Tantos temas, tantos géneros y una voz única e irrenunciable.

Es un cabrón

Lo es, lo sabéis y demos todos gracias por ello. Porque es un niño muy malo y el mejor director que tienen las buenas gentes de la meca del cine. Porque consigue hacer lo que quiere y repartir bofetadas a diestro y siniestro, revolvernos en la butaca, engañarnos, mentirnos, manipularnos y hacer que le queramos igual (y de paso hacer taquilla). Y cuanto más depurado es su estilo, cuanto mas definido es su discurso, resulta que se descubre el pastel. Se habrá hecho mayor pero no se ha ablandado. Tan solo ha hecho del placer culpable un arte. Siempre en glorioso digital.

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