[Crítica] FKA Twigs - LP1. La nostalgia robótica

[Crítica] FKA Twigs - LP1. La nostalgia robótica
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[Crítica] FKA Twigs – LP1. La nostalgia robótica

FKA Twigs

LP1

Discográfica:

XL Recordings

Año:

2014

8.5

· 10 Octubre, 2014

En ese continuo revival de antiguas modas que el mundo de la música vive desde hace tiempo, a nadie se le había ocurrido rescatar el pasado de forma futurista. Tahliah Debrett, más conocida como FKA Twigs, es genuina y, aunque no haya inventado la pólvora, sí ha dado forma a un sonido único que nace de una fuerte base noventera y que apunta a las últimas vanguardias musicales.

La languidez y suavidad de su voz aterciopelada parece un reflejo de la forma en la que esta recién llegada ha ido poblando, cada vez con más notoriedad, las primeras páginas de los medios más respetados de la escena independiente. Pese a empezar desde abajo, Twigs se ha rodeado de lo mejor del género desde el minuto uno; Jesse Kanda (director de su primer videoclip, Water Me) la acompañó en la andadura de su primer EP (EP1), que acabó siendo reseñado por The Guardian. En su segundo lanzamiento (EP2) reforzaba su estrategia contando con la presencia de Arca (productor de lo último de Kanye West) entre sus filas. Tras esto, la avalancha de éxito entre crítica y público era una realidad; Billboard, Pitchfork o la BBC se rindieron ante la nueva sensación del momento. La expectación sobre su debut crecía y el 2014 apuntaba a ser su año definitivo.

Crítica - FKA Twigs - LP1, la nostalgia robótica

Su primer disco, LP1, ha hecho las delicias de los amantes de la electrónica y esos nostálgicos del rnb más atrevido de los 90. Chica de contrastes donde las haya, su imagen angelical (algo patente en la brillante portada de este primer disco) se rompe en pedazos al leer el contenido carnal y desgarrado de sus letras. Ni que decir de su puesta en escena, enfundada en gasas, transparencias y grandes collares dorados, la joven británica (con ascendencia española y jamaicana) luce en sus directos todo un batiburrillo de elementos de la moda más underground bajo unos movimientos seductores, casi hipnóticos – algo que ella misma cuenta en su canción Video Girl –. Su música rebosa sensualidad y sexualidad; plegarias hacia el deseo envueltas en un susurro robótico, casi marciano, que parece llegado del futuro.

Algo nunca visto antes (o quizás no tan bien vendido como ella y su equipo lo ha hecho) que ha conseguido ya un buen puñado de fieles. Un sonido con futuro incierto, pues todo apunta a que la inmersión de Debrett en terrenos musicales aún desconocidos para el gran público, promete más de una alegría. Esta nueva musa abstracta y cibernética es toda una caja de sorpresas.

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