Cómo sobreviví a SEMINCI: mártires jóvenes y verdugos viejos

Cómo sobreviví a SEMINCI: mártires jóvenes y verdugos viejos
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Cómo sobreviví a la SEMINCI: mártires jóvenes y verdugos viejos

Por · 29 Octubre, 2014
Cómo sobreviví a la SEMINCI: mártires jóvenes y verdugos viejos

La Semana Internacional de Cine de Valladolid fue originalmente un festival de cine religioso. De aquello ya no queda más que el recuerdo, sin embargo no se puede negar que la selección de películas de un festival tiende a decantarse por filmes de trascendencia, profundidad y marcado dolor existencial. Como espectadores, tenemos nuestros “caminos de lágrimas” así como nuestras “ascensiones al cielo”, y después de vernos de tres a cinco films diarios durante una semana, nuestro cerebro es un Cristo.

El viaje a través de tantas películas al día de este tipo puede ser una auténtica montaña rusa emocional. Se pueden sufrir trastornos de la personalidad, risas histéricas, lloreras, enfados y pataleos. Eso si conseguimos mantenernos despiertos durante todas ellas… Pero sí hermanos, lo logramos. Volvemos como profetas resurrectos a presentaros algunas de nuestras hazañas de proporciones bíblicas.

 

Verdugos Viejos

La fiesta de despedida - Mita Tova - SEMINCI

Con verdugos viejos no nos referimos a la tendencia de crítica y jurado a vanagloriar un cine rancio y apoltronado, y llamar bobadas a cualquier cosa que respire a joven. Más bien hablamos de Mita Tova (Fiesta de despedida), ganadora de la Espiga de Oro a mejor película, con dos directores de hecho bastante jóvenes, Sharon Maymon y Tal Granit.

Una panda de ancianos, interpretados por un repartazo de cómicos israelíes, deciden practicar la eutanasia entre sus amigos. Sí, eso, pero con toda la simpatía del mundo, oiga. De paso hacen algo de nudismo, salen del armario, y coaccionan a la policía. Con esta cinta se ríe y se llora con extrema facilidad. Se trata de una celebración a la vida, eso sí, digna y plena, desde un lugar privilegiado: su final. Y para ser israelí, es una cinta tremendamente progresista. Levan Finkelshtein y Aliza Rozen también se han llevado un premio compartido a Mejor Actriz, así que atención a su estreno el próximo marzo.

Más verdugos con y sin éxito, literales o figurados, estuvieron presentes en los demás films. La mayoría, como hemos dicho, tirando a maduros y ejerciendo su autoridad sobre los tiernos inexpertos.

Uno con mucha mala hostia, más torturador que asesino, es el cruel profesor de música interpretado por JK Simmons en la película a ritmo de jazz Whiplash, que está siendo un fenómeno de festival en festival. El film ganó el premio Pilar Miró al mejor Nuevo Director, para Damien Chazelle.

Nuestro siguiente carnicero es imaginario, ¿o no? En la turca Kuzu (El Cordero) una niña convence a su hermano de que si no consiguen un corderito para la fiesta de su circuncisión, su padre tendrá que sacrificarle a él para que se lo coma todo el pueblo. Mentiras, ambiciones y algo de humor negro se enmarañan en este bonito film sobre una familia humilde, al que se premió tanto su guión como su fotografía.

El último pero no por ello menos espectacular verdugo lo dirige Volker Schlöndorff en su film Diplomatie. Se trata nada menos que del general prusiano Dietrich Von Choltizt (Niels Arestrup), el hombre que pudo dar la orden: “¡Arda París!” y hacer explotar con ella lugares emblemáticos de la capital francesa (el Louvre, Notre Dame, la tour Eiffel…) bajo el mando de Hitler. El actor consigue que su horrible personaje compadezca no obstante al público. Ambos, Arestrup y Schlöndorff, se llevaron sendos premios a Mejor Actor y Director.

 

Mártires Jóvenes

Kreuzweg - Dietrich Brüggemann - SEMINCI

La Espiga de plata a Mejor Película ilustra aquello de “la vida es sufrimiento” de forma realmente aterradora. En Kreuzweg (Camino de la cruz), Dietrich Brüggemann imagina lo que ocurriría con Jesús si existiese hoy a través de la escalofriante experiencia de una adolescente. Maria se entrega por entero a la religión y desea voluntariamente emular a Jesús en su sacrificio. Narrada en 14 magistrales planos fijos, paralelos a las 14 etapas del camino de la pasión, solo hay dos movimientos de cámara en todo el film. Una arriesgada propuesta que sin embargo es ideal para reflejar la dureza y asfixia de su protagonista, una verdadera mártir que nos recuerda al film español Camino.

La película inaugural del festival, Dos días y una noche de los hermanos Luc y Jean Pierre Dardenne documenta el Vía Crucis personal de Sandra (Marion Cotillard), que busca convencer puerta a puerta, cual testigo de Jehová, a sus compañeros de trabajo para que renuncien a una recompensa económica y así, ella pueda conservar su trabajo… Un trueque que solo el demonio empresarial propondría a una comunidad de trabajadores. Este tour por la realidad de 16 personas y sus necesidades económicas, el “test solidario” al que se les somete a todos y la interpretación excepcional de la actriz, definen al –curiosamente- más vital de los films de los Dardenne.

Otra sufridora sometida al duro sistema que la gobierna es la protagonista del corto La buena fe de la valenciana Begoña Soler, ganadora de La noche del corto español. Marisa acude embarazada a un hospital para vivir en sus carnes los cambios en la sanidad pública, una sátira brutal de la situación política y social.

También Badia, una joven huérfana, padece el severo y enfermizo tutelaje de sus tres tías ancladas al pasado, un época de esplendor, protocolo y acontecimientos sociales, en Villa Touma, el sorprendente primer film de la palestina Suha Arraf. La precisa caracterización y lúcido casting de las tres tías, tres brujas modernas en Ramala, una estética preciosista y el truncado vuelo de su protagonista, convierten la película en una joyita peculiar.

Mózes (Martón Kristóf), nombre bíblico de por sí, no solo lo pasa mal sino que además tiene alucinaciones con su difunto padre cual mesías iluminado en Utuolet (Mas allá), ganadora del Primer Premio Punto de Encuentro.

Finalmente la espléndida Chus Gutiérrez se fija en toda una comunidad de mártires (no solo del compás) en el film ganador del Primer Premio de la categoría documental, Sacromonte, los sabios de la tribu. Gutiérrez observa a unos habitantes que “se las arreglan para sobrellevar la pérdida y, a veces, sus deseos” después de “los estragos del tiempo y la naturaleza”.

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