"La niña de los cabellos blancos", Ana María Matute

"La niña de los cabellos blancos", Ana María Matute
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“La niña de los cabellos blancos”, Ana María Matute

Por · 8 Julio, 2014
“La niña de los cabellos blancos”, Ana María Matute

La literatura española se queda huérfana una vez más.  A los 88 años de edad fallecía el pasado mes de junio en Barcelona una de las grandes autoras españolas de la posguerra, Premio Cervantes, Nadal y Planeta.

Como suele suceder  con los grandes de la literatura, es difícil no extenderse cuando nos adentramos en la larga e intensa vida y obra de la escritora catalana, que dieron para mucho. La infancia suele marcar la vida de las personas de una u otra forma y así ocurrió con la niña que, desde sus primeros años, ya “se sentía rarita”.  A pesar de nacer en una familia acomodada de la burguesía catalana, con tan sólo cuatro años cayó gravemente enferma y por esa razón hubo de marcharse a vivir con sus abuelos a un pequeño pueblo de la Rioja. La gente de aquel pueblo la marcó de por vida y así se vio reflejado años más tarde en una de sus obras, Historias de Artámila (1961). Descubriría aquí uno de sus principales temas literarios, el bosque, el cual haría en muchas ocasiones de su casa ya que para Matute resultaba ser el lugar donde los niños se pierden y buscan soluciones. Comenzó a forjarse una gran capacidad de imaginación creando un universo mágico que la hacía evadirse de un mundo que nada tenía que ver con el suyo. Creaba historias y personajes  en su propia fantasía pues necesitaba dar forma a aquello que habitaba dentro de ella.

Ana María afirmaba haber tenido una infancia de incomprensión, de sentirse diferente a los demás niños. Era una niña de ninguna parte debido a tantas y idas y venidas en su infancia, una sensación de desarraigo que acentuó su lado más profundo cuando en 1936 estalló la Guerra Civil Española. Contaba con tan sólo diez años de edad y como otros niños de aquella época aquellos años se quedarían grabados en su memoria y en su  narrativa para siempre. La vida le muestra su lado más duro: el miedo, la rabia, la impotencia, el ruido de las bombas cayendo, la visión de la muerte hecha conciencia… El odio y la crueldad de los hombres, la maldad humana, la tristeza, todo lo que iba tomando forma en lo que se convirtieron temas principales  en su obra. Así en Los Abel (1948), Fiesta al Noroeste (Premio Café Gijón, 1953), Pequeño teatro, su  primera novela que escribió con diecisiete años y que no vería publicada hasta diez años más tarde y que llegaría a ser Premio Planeta (1954), Los hijos muertos (Premio de la Crítica, 1958), Primera Memoria (Premio Nadal 1959)  o Los soldados lloran de noche (Premio Fastenrath, 1968), temas marcados de un profundo pesimismo que ocuparían su primeras obras, puesto que eran los que poblaban la mente de su juventud.

Ana María Matute, la niña de los cabellos blancos

Rebelde y con las ideas muy claras como mujer, diferente a las demás de su época, Matute contrajo su primer matrimonio a los 27 años con el escritor Eugenio de Goicoechea y fruto de esta unión nacería su único hijo, Juan Pablo. Este matrimonio marcó el final de una etapa y el comienzo de otra muy dura que la hizo vivir infeliz. Perdió la custodia de su hijo tras separarse y tardó tres años que ella misma definió como “espantosos” hasta que en 1965 pudo recuperarle. A partir de aquí se convertiría en profesora visitante de varias universidades marchándose a EE.UU. Tras esto se uniría al que fuera el amor de su vida, Julio Brocal y que la devolvería a su vida unos años maravillosos. Sin embargo, cuando parecía que la vida más la sonreía, una fuerte depresión la mantuvo apartada del ámbito literario y desaparecida de la vida en sí. Dejar de escribir en aquel tiempo de literatura significaba dejar de existir. Cuando empezaba a recuperarse, la vida volvió a darle la espalda y el día del cumpleaños de Doña Ana María, a la misma hora en la que ella nació, fallece su gran amor de una forma repentina; como bien decía la escritora, las casualidades no existen. Se aferró así de nuevo tras este duro golpe a la escritura, apareciendo de nuevo en el panorama literario, llegando a primeras ventas con su obra cumbre Olvidado Rey Gudú (1996) (más de cien mil ejemplares en un mes), un precioso cuento de hadas. Fue el renacimiento de la catalana como escritora y ese mismo año fue elegida miembro de la Real Academia Española de la Lengua para ocupar el sillón “k”. En 2007 fue galardonada con el Premio Nacional de las Letras Españolas y en 2010 fue distinguida con el mayor reconocimiento literario de la lengua española, galardón culminante en su carrera, el Premio Miguel de Cervantes por una obra extensa y fecunda movida entre el realismo y la proyección a lo fantástico y por poseer “un mundo y un lenguaje propios”.

Vivió intensamente momentos tanto de una felicidad extrema como de las más absolutas tristezas. Libre, moderna y  rebelde fue una mujer espejo para otras muchas de su época

Experta en narrativa española, escribió innumerables cuentos infantiles, la mayoría desconsoladores en una España donde este género siempre fue menor, y una amplia y extensa obra de relatos y novelas que le otorgaron diferentes premios. Vivió intensamente momentos tanto de una felicidad extrema como de las más absolutas tristezas. Libre, moderna y  rebelde fue una mujer espejo para otras muchas de su época que la admiraban por su forma de ser. Aún estando en los últimos años de su vida publicó Paraíso inhabitado (2008) y en septiembre de este año verá la luz la obra póstuma de su carrera literaria, Demonios familiares. La inocencia de la niña se mantuvo hasta los últimos días de su vida y así ha quedado impregnada junto con su alma en su  narrativa. Descansa en paz, Ana María.

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