La Caja B: El Orgullo de ser madrileño

La Caja B: El Orgullo de ser madrileño
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La Caja B: El Orgullo de ser madrileño

Por · 11 julio, 2014
La Caja B: El Orgullo de ser madrileño

Una vez vivida la fiesta del Orgullo Gay, celebrada en Madrid la pasada semana, es tiempo de reflexión. Somos muchos con resaca, y no una resaca debida al alcohol y a la supuesta “bacanal” que algunos medios anunciaban que serían los festejos del colectivo LGBT, el malestar propio de esta resaca proviene del inapropiado comportamiento del ayuntamiento de Madrid ante dicha celebración.

Los madrileños somos un pueblo hospitalario, de carácter acogedor y alegre, de mentalidad abierta que, a menudo, no puede sentirse orgulloso de la imagen que proyecta su Ayuntamiento. La primera polémica de este Orgullo 2014 en la capital fue el afán del equipo de Doña Ana Botella por silenciar y obstaculizar el pregón del festejo, amparado en no transgredir la normativa del ruido vigente en la comunidad.

Artículo 1 del DECRETO 78/1999, por el que se regula el régimen de protección contra la contaminación acústica de la Comunidad de Madrid.

El objeto de este Decreto es prevenir, vigilar y corregir la contaminación acústica que afecta tanto a las personas como al medio ambiente, protegiéndolos contra ruidos y vibraciones, cualquiera que sea su origen, así como regular las actuaciones específicas en materia de ruido y vibraciones en el territorio de la Comunidad de Madrid.

Todos los años, una asociación de vecinos del barrio denuncia oficialmente las continuas vulneraciones de la Ordenza del Ruido del Ayuntamiento de Madrid. Hay que precisar que el barrio de Chueca se encuentra dentro de un área calificada por el Consistorio como Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE). Las normas de convivencia ciudadana han de cumplirse, y por ello bajo un prisma de buena voluntad, en vez de prohibir la megafonía en la apertura de tal evento, quizá hubiera sido mejor acondicionar un lugar apropiado para dichos fines. Así como se acondiciona la ciudad para las celebraciones deportivas, por ejemplo. Mucho mejor que censurar e intentar acallar.

El Ayuntamiento se cubrió las espaldas dando como alternativa la Plaza de Callao, pero según los organizadores y las asociaciones del colectivo, el aviso fue verbal y de manera tardía. Los empresarios madrileños calculan que durante la semana en la que se desarrollan los festejos y actos los visitantes se pueden dejar hasta 100 millones de euros en la ciudad. Han leído bien. Pero no debe ser suficiente motivo para la administración, que nos enseñó un plumero con cierto sabor homofóbico.

Madrid será la sede del World Pride en 2017, dicha elección ocurrió en Boston en el 2012, a la que siguieron Berlín y Sydney. Cuando dentro de tres años el turismo LGTB quiera disfrutar de esta maravillosa ciudad, y nos miren desde todos los rincones del mundo ¿haremos el ridículo como este año, o estaremos a la altura de las circunstancias? Quizá con suerte y voluntad por parte de todos, la administración del Ayuntamiento tenga otro color. Y no es una cuestión política, ¿es que no hay nadie que gestione bien los recursos de esta ciudad? Incluso quien no se siente identificado con la fiesta, ha de tener en cuenta el bien comunitario, el desembolso económico de un colectivo muy reseñable en cuanto a gasto en turismo; ahí están los datos para corroborarlo. Vuelven a tomarnos el pelo, dinamitando la cultura de la ciudad, dañando la imagen de la ciudad, maltratando a los colectivos que no casan con su idea de familia ideal.

La Delegación del Gobierno en Madrid alega que no es “viable” porque “afectaría a la movilidad ciudadana” e impone el recorrido entre Atocha y Colón

Otro de los titulares que nos dejaron algunos periódicos con respecto a otra de las polémicas decisiones del Ayuntamiento. El madrileño es paciente, lo ha sido con el empeño de Ruiz Gallardón por endeudarnos por varias generaciones para tener sus olimpiadas. Es paciente con las múltiples manifestaciones que se dan en la capital contra los políticos y sus deprimentes acciones. Lo fue con la visita del Papa, la reciente y la del 82. Lo es cuando los defensores de la familia convencional se manifiestan por sus calles, a pesar de insultar a los que no tenemos familias típicas e ideales ante los ojos de Dios. ¿Por qué nos iba a molestar que un puñado de carrozas llenas de cuerpos esculturales desfile una tarde por la Gran vía? Yendo más allá de esa imagen frívola, es necesario manifestarse por la libertad de amar. Nada es más libre que amar, y no debería estar sujeto a clichés o absurdas teorías sobre la familia.

Mientras sigan poniendo trabas a la libertad de expresión, a la libertad de sentir, seguirá siendo necesario manifestarse. Mientras sigamos siendo un pueblo que se movilice y que actúa ante la injusticia podremos seguir sintiendo orgullo de ser madrileños, a pesar de ellos, que no nos representan. No a la mayoría de nosotros.

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