[Crítica] Open windows: cuando retorcido no es sinónimo de bueno

[Crítica] Open windows: cuando retorcido no es sinónimo de bueno
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[Crítica] Open windows: cuando retorcido no es sinónimo de bueno

Open Windows

Director:

Nacho Vigalondo

Reparto:

Elijah Wood, Sasha Grey

Año:

2014

Duración:

97 min.

4.0

· 18 Julio, 2014

Cuando la crítica confunde comparación y referente, no le está haciendo ningún favor público. Open Windows ha sido comparada con la grandiosa Rare Window (La ventana indiscreta) de Hitchcock, incluso siendo ofrecida como la versión modernizada del clásico, una incorrecta denominación que genera falsas expectativas al espectador.

Con esta comparación y con un trailer muy atractivo se vende Open Windows, creando unas expectativas muy elevadas al público que espera ver un thriller psicológico y no solo una crítica al comportamiento del usuario de internet. La historia se centra en Nick (Elijah Wood) un friki solitario, emocionado porque va a conocer a su ídolo: la actriz Jill Goddard (Sasha Grey). Nick responde a la etiqueta de fanboy, lleva la web y club de fans oficial de la actriz hasta un nivel obsesivo. El mayor deseo de Nick se ve truncado debido a los caprichos de Jill: finalmente no va a conocerla. Un supuesto miembro de la productora de su última película, le ofrece a Nick la posibilidad de espiar a la actriz desde su portátil. Aunque con remordimientos, Nick accede y comienza aquí el thriller de espionaje que verdaderamente es.

Si algo positivo ofrece la película es la reflexión sobre la doble personalidad que tenemos cuando nos convertimos en usuarios de internet. Dejamos de ser menos humanos, dejamos de sentirnos cohibidos por qué pensarán los demás, somos un poco más anónimos y no dudamos de nuestros actos. Una reflexión que nos brinda el ambiguo personaje de Elijah Wood a través de sus torpes, aunque justificadas decisiones.

Crítica - Open Windows - Nacho Vigalondo

Otro punto que cabe destacar de la película es la dificultad técnica que posee: es una película contada a través de múltiples pantallas. La propia pantalla del cine es la de un ordenador portátil, se explotan todas las ventanas abiertas al voyeurismo en una calidad técnica cuanto menos interesante.

Salvando estos dos puntos, la película peca de floja y pretenciosa. El guión está torpemente ejecutado: la historia va creciendo en cuanto a intriga hasta llegar a un clímax resuelto de forma inverosímil. La trama pretende ser retorcida hasta tal punto que la resolución queda pobre y muy poco creíble. Lo que empieza siendo la obsesión enfermiza de un fan, termina siendo un entramado ciber-terrorista, una engañifa tanto para los personajes como para el espectador. Un acto final conducido por una persecución eterna y errática que culmina con trucos efectistas para distraer de lo flojo que es su guión. Su final intenta dar pequeñas sorpresas, pero el espectador ya está demasiado cansado para decidir qué creerse y qué no.

Un thriller falla cuando sus giros son irracionales más que inesperados. La pesadez de la última media hora del film no compensa lo prometedora que puede ser su premisa voyeurista. Una historia que pincha en su resolución, por intentar ir más allá de lo que puede ofrecer.

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