True Blood, hora de la escabechina

True Blood, hora de la escabechina
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True Blood, hora de la escabechina

Por · 25 Junio, 2014
True Blood, hora de la escabechina

Los vampiros del pueblo más cazurro de Louisiana, Bon Temps, fueron en su día, y bajo la tutela de Alan Ball (Seis metros bajo tierra, Banshee), una interesante vuelta de tuerca al género. La serie nos ofrecía una curiosa lectura social y, sobre todo, una excusa de calidad para ver cuerpos semi-desnudos retorcidos en todo tipo de pasiones, eróticas y/o asesinas…

Después de seis temporadas y cantidad de tropiezos con el mundo de las hadas cabareteras, las sectas, y la hechicería barata, True Blood ya no puede salvarse de la absurda idiosincrasia que se ha creado para sí misma. Sin embargo no le falta dignidad, una dignidad a base de aspersores de sangre, eso si. La sexta temporada dió un volantazo y se reincorporó, como pudo, al viejo camino de la sarnosa América profunda que tanto nos gustaba. Volvió a lo simple, a la intolerancia de los humanos como tema central, mató a un par de personajes regulares de la serie y le sacó todo el jugo a Anna Camp, convertida en villana en modo Sarah Palin. La séptima temporada está anunciada desde hace un año como la última y definitiva, lo que se traduce como: todo dios la va a palmar.

La premisa de esta última temporada esta diseñada a medida para que ocurra la mayor escabechina jamás vista en Louisiana. True Blood, la bebida que saciaba la sed de sangre, ha sido intoxicada con la enfermedad Hep-V, una especie de “hepatitis”. Por un lado, los vampiros contagiados se han vuelto extremadamente peligrosos e imprevisibles, y no sólo muerden a los humanos, los capturan en hordas y se los beben enteritos. Por otro, a falta de True Blood, los vampiros sanos también tienen que recurrir a alimentarse de humanos. Sam Merlotte, que ha pasado de barman a alcalde de Bon Temps, propone como solución que los humanos alimenten a los vampiros no contagiados a cambio de protección, y asi asegurar la supervivencia de ambas especies. A esta situación apocalíptica ya bastante cargadita se suma el grupo de humanos palurdos de turno, que echan la culpa a todos los vampiros y pretenden cargárselos a golpe de rifle.

Crítica - True-Blood - Season 7, última temporada

La temporada arranca con una gran y convulsa escena de acción, algo inusual. La señora Muerte tiene más libertad en esta temporada y ya desde el minuto uno hace su trabajo sin piedad. Probablemente se llevará a algunos de los personajes que a todas luces YA debería haber matado antes, por la higiene narrativa de esta serie. Sin embargo estas correcciones de última hora, ¿son demasiado poco, demasiado tarde? Los fans acérrimos han aguantado gracias a personajes secundarios bien escritos e interpretados que se fueron ganando su simpatía, y en esta temporada esperamos disfrutar por última vez de ellos. Incluso los desertores que decidan volver para el final pueden sorprenderse al encontrar intacto su cariño por ellos.

La cínica Pam cada vez enternece más con su pisoteado corazón muerto, y ahora la vemos en búsqueda de su amo Eric. Jessica muestra su creciente madurez al ofrecerse a ayudar a Bellefleur y su hija hada, Adelyn, para redimirse de sus asesinatos, eso si consigue no comerse a su protegida. LaFayette parece que va a volver a primer término, con una amistad creciente con su vampiro protector. El propio Eric es una de las incógnitas de esta temporada, ya que lo dejamos al rojo vivo al final de la anterior, y Jason… Bueno, Jason seguirá desnudándose en medio de la masacre.

La cuestión esencial es si, a estas alturas, a alguien le interesa el desenlace de una serie con tantos altibajos. Hay personajes que han perdido todo el atractivo que tenían debido a los aburridos o torpes derroteros que han llevado, sobre todo la pareja protagonista original, Sookie y Bill. Vivimos con miedo de que se intenten apañar sus vidas con un melodramón final de esos tan supuestamente épicos. Preferimos una buena estaca en el corazón antes de darnos cuenta que estamos viendo Crepúsculo, que quede claro.

La falta de interés por Sookie es una herida de muerte a la serie y la hace complicada de concluir, porque ella lleva la trama central. En la premiere, la rubia se vuelve a enfrentar con el pueblo de ingratos a los que ha salvado varias veces, y a la condena de la telepatía -algo de lo que dejó de hablarse en la serie, cuando es la riqueza de este personaje-. El primer episodio nos recoge a una Sookie más parecida a la primera que conocimos, aunque mucho más harta y a punto de explotar. No obstante, dudamos que esto sea suficiente para acompañar a nuestra heroína hasta el final de su escabrosa historia y emocionarnos, asi que esperamos algún otro aliciente…

True Blood sufrió el típico caso de serie cuya trama no estaba planeada al completo y por ello empezó a acumular temporadas sin ton ni son, olvidándose de las motivaciones iniciales de sus personajes. Cual vampiro, se creía inmortal y se despreocupó. Pero la pérdida de audiencias ha caído sobre los productores como la peor “muerte verdadera”. Paradójicamente, ahora que saben que deben cancelarla, y el objetivo es hacerlo con un mínimo de honor, hay un renovado y más satisfactorio rumbo en el guión.

En general la serie es consciente de sus errores pasados y confiamos en que dé un final digno, además de lleno de nostalgia por sus primeras temporadas. De hecho ya hemos vivido algun flashback en el primer capítulo, y las muertes suscitarán incluso más recordatorios lacrimógenos. Esto estará debidamente mezclado con la terrorífica situación donde ningún humano o no-humano está a salvo de morir…

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