Lana del rey, la destrucción de la fama y el triunfo del arte

Lana del rey, la destrucción de la fama y el triunfo del arte
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Lana del rey, la destrucción de la fama y el triunfo del arte

Por · 27 Junio, 2014
Lana del rey, la destrucción de la fama y el triunfo del arte

Si hay un personaje que genera filias y fobias con la misma pasión en la industria musical actual es, sin duda, Elizabeth Grant. Una mujer que, pese a las apariencias, parece haberse curtido a sí misma, personal y musicalmente. Más compositora que intérprete, más bohemia que niña consentida. Torturada a nivel existencial, sin encajar en esos espacios comunes en los que la sociedad la etiqueta. Aspectos todos ellos que se reflejan en su forma de relacionarse con el arte.

A Lana se le critica por tener una visión romántica de aspectos mundanos como la muerte, las relaciones personales o la angustia vital. Temas que relata de manera alegórica en sus letras. Pero también se le critica su visión real de una vida para la que muchos tienen una concepción romántica, la de la estrella del pop, solitaria y extraña por definición, puesta en entredicho más de lo que la salud mental de cualquier individuo puede soportar.

A todos sus detractores les dedica uno de los emblemas de este nuevo álbum, Ultraviolence, un Money Power Glory en el que Lana se posiciona como una persona mundana, alejada de la espiritualidad, con valores tan superficiales como el dinero y el poder. Un dardo envenenado de forma sarcástica con el que pretende acallar a aquellos que defienden la existencia de su carrera en base al patrimonio de su padre, el empresario Rob Grant. “Mi vida se compone de pérdidas, ganancias, de fallos y caídas.”

En una sociedad que somete a escrutinio diariamente todo tipo de opiniones y sentimientos a través de las redes sociales, parece impensable la animadversión que genera Del Rey, quien se limita a reflejar su propio malestar y apatía de una manera creativa, a través de canciones y videoclips. ¿No ha sido el arte a lo largo de la historia -por defecto- el nicho de las almas atormentadas? De Allan Poe a García Lorca, de Dalí a Goya, de Monty Clift a Philip Seymour-Hoffman, de Cobain a Amy Winehouse… su denominador común no es la muerte o la autodestrucción, es el nihilismo en su máxima expresión, su percepción de una sociedad excluyente y dañina.

Crítica - Lana del Rey - Ultraviolence

Parece evidente por sus declaraciones y cómo se está desarrollando su carrera que Del Rey busca más el reconocimiento de sus compañeros de profesión que la fama efímera. Aquello que le achacaron en los meses previos a que Born To Die diera sus primeros coletazos esos mismos medios que encumbraron su figura con la llegada de Video Games. Ella, ajena a críticas (aunque le afectan tanto que llegó a asegurar que no habría nuevo trabajo), ha ido construyendo un repertorio a espaldas de las tendencias que destruye de forma colateral ese mensaje que generalizó su debut como un producto precocinado. Un producto que ha hecho mella en la forma de entender el pop en estos tres últimos años.

Del Rey ha ido construyendo un repertorio a espaldas de las tendencias que destruye de forma colateral ese mensaje que generalizó su debut como un producto precocinado

De ahí que, en su afán por pertenecer a una comunidad artística -a la vieja usanza, con la melancolía de una época en la que era habitual ver a personajes como Bowie y Jagger convivir en armonía-, Lana haya acabado colaborando con Dan Auerbach, parte y mitad de The Black Keys y otro ejemplo claro de éxito masivo alejado del circuito comercial en el fondo, pero de la mano de él en la forma. Así se ha grabado Ultraviolence, con siete músicos de la confianza del afamado frontman, totalmente en directo, y con tomas únicas de las pistas de voces grabadas con micrófonos baratos. Todo ello ha permitido poner en primer plano la autenticidad, la magia, y respaldar una vez más la capacidad creativa de la autora norteamericana, cuestionada de manera sistemática como ningún otro miembro del stardom musical.

Si de algo no se puede tacha a del Rey, es de incoherente. Su leimotiv es claro, sus personajes son perfectamente reconocibles (suelen ser mujeres abnegadas, presas de un amor libre, incorrecto y siempre retorcido), su languidez, su nostalgia exacerbada y el gusto por personalidades cuasiliterarias que ofrecen el contrapunto necesario a su aparente fragilidad. Sexo, drogas y rock’n’roll desde las entrañas; basta con ver su forma de vida, que no es una estrella al uso, que no se prodiga en fiestas ni cuida su imagen al detalle, a pesar de haber participado en campañas publicitarias para firmas de moda como H&M. También su timbre, sus melodías etéreas, sus videocollages “lynchianos” y todo el imaginario que compone su mundo de creativa soñadora. De mujer superviviente, que ha ido sorteando los plazos de caducidad que algunos trataron de imponer a su trayectoria antes incluso de que esta terminara de arrancar, hasta convertirse en el actual número 1 del Billboard estadounidense; la entrada más fuerte en lo que va de año.

Ultraviolence es un albúm intrincado, con arreglos arenosos, guitarras pesadas y atmósferas cargantes, que genera sorpresas hasta en los temas que completan la edición deluxe (prueba de ello es el intenso Black Beauty). Un coherente salto al vacío que, a nivel melódico, muestra una Lana serena y confiada, desgarrada en ciertos tramos, firmando alguno de sus mejores temas hasta la fecha, como Cruel World, Shades Of Cool, Fucked My Way Up To The Top o el incisivo West Coast con el que presentaba esta nueva etapa (homenaje a Chet Baker incluido gracias al videoclip). E incluso esa versión de swing sucio del The Other Woman de Nina Simone. Para el que suscribe, una absoluta obra maestra, con sus luces y sus sombras, que pavimenta el terreno hacia una larga vida artística. Si la muerte, como ella misma afirma sin pudor, quizá de manera más metafórica que real, no se interpone en su camino.

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