Kasabian – 48:13. Una suma de partes arrolladora

Kasabian – 48:13. Una suma de partes arrolladora
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Kasabian – 48:13. Una suma de partes arrolladora

Kasabian

48:13

Discográfica:

Sony Music

Año:

2014

7.5

· 20 Junio, 2014

Detrás del simplismo que hay detrás de su portada y del título (48:13 no es más que la duración exacta acumulada por los 13 temas que encierra el álbum), el quinto larga duración de Kasabian se revela como una tentadora vuelta de tuerca a su característico y distintivo sonido, cada vez más personal.

La exitosa banda liderada por Sergio Pizzorno y Tom Meighan siempre ha caracterizado su música por moverse sin complejos entre el indie y el mainstream, entre el rock y la electrónica, con interesantes coqueteos con el hip-hop y la psicodelia… En definitiva, las etiquetas demasiado encorsetadas nunca han estado suficientemente justificadas para lo que Kasabian nos ofrecen en sus discos.

En tiempos en los que la cultura del “random” y las listas de reproducción han ganado terreno a los álbumes como piezas indivisibles, los británicos han apostado por reivindicar este concepto, asumiendo y aconsejando la escucha completa de 48:13, sumando las partes para llegar al todo y evitando hacer el proceso inverso.

Crítica - Kasabian - 4813

Ante este objetivo tan aparentemente elemental, cabría suponer que nos encontraríamos ante un disco con una clara unidad, pero no es así. Las piezas no mantienen entre sí la cohesión necesaria para que se las pueda considerar inseparables. La referencia que nos ocupa no se aleja tanto como esperábamos de Velociraptor! (2011), siendo más continuista de lo que, en apariencia, nos habían prometido. A pesar de esto, nos encontramos ante un gran trabajo donde la honestidad se hace un hueco al ahondar en el sonido directo que sus creadores llevan años explorando en sus conciertos.

Quizás la aportación más importante que ha supuesto 48:13 con respecto al resto de su discografía haya sido el intento de enfatizar aún más el componente electrónico de sus temas. Claro ejemplo de ello es el explosivo primer single, Eez-Eh, una canción absolutamente enérgica, adictiva y con una pegada indiscutible. De la mano de esta canción, van otras como Bumblebeee y Doomsday, arrolladoras y contundentes, siendo algunas de las más reconocibles con respecto al sonido más inconfundible Kasabian.

Pero en esta nueva referencia de la banda de Leicester, hay una gran variedad estilística, con atmósferas que adquieren gran protagonismo en Glass, una suerte de trip-hop como Treat, los interludios instrumentales que estructuran el álbum, o el pop más clásico de S.P.S. cerrando la obra de una manera sosegada. Quizás el conjunto no resulte tan homogéneo como se pretendía, pero es en su aparente desorden donde radica su grandeza.

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