[Crítica] Todos están muertos: la caída del mito ochentero

[Crítica] Todos están muertos: la caída del mito ochentero
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[Crítica] Todos están muertos: la caída del mito ochentero

Todos están muertos

Director:

Beatriz Sanchís

Reparto:

Elena Anaya, Angélica Aragón, Nahuel Pérez Biscayart, Patrick Criado

Año:

2014

Duración:

88 min.

7.5

· 12 Junio, 2014

Tras la muerte de su hermano, Lupe desarrolla una agorafobia que solo le permite hacer tartas de manzana. Junto con su hermano, Lupe fue una estrella del rock en los 80, una líder en la movida madrileña a la que se le rompió la fama de tanto usarla. Vive encerrada con su hijo adolescente y su sobreprotectora madre. Un caos familiar que desembocará la vuelta del hermano en forma de fantasma en la Noche de los Muertos.

Con esta premisa empieza la ópera prima de Beatriz Sanchís, una película que se llevó varios premios en el Festival de Málaga, entre ellos el de mejor actriz ex-aequo para Elena Anaya y el premio especial del jurado a mejor película. Todos están muertos narra una fábula sobre la vida y la muerte, sobre los que se quedan y los que van: un repaso por las etapas del duelo que conllevará más matices de lo esperado.

La película toma un poco de cada género y, si bien puede parecer un drama de manual, se recurre a menudo a la comedia sin llegar al chascarrillo. Con esta vis cómica, Todos están muertos ofrece una versión más amable de lo que es la muerte, un tono que resta frialdad al tema principal. Un gran acierto puesto que el humor no se utiliza en exceso: es un arma de superación muy positivista, haciendo más reales las reacciones y situaciones de la película.

Crítica Todos están muertos, cartelLos personajes están muy desarrollados, lo cual aporta profundidad y riqueza, aunque a veces entorpece el ritmo del discurso. El hijo adolescente no es más que un niño que se esfuerza por madurar y gustar a los demás. Necesitado de una figura paterna, empieza a interpretar a esa figura en la que le gustaría convertirse. Como cualquier adolescente, está sumergido en el conocimiento de uno mismo, lo que le lleva a decisiones equívocas constantemente. La madre de Lupe es la mediadora entre los conflictos hormonales de su nieto y los problemas psicológicos de ella. Se encuentra en un punto medio que la llevará a la locura y a la desesperación. La muerte temprana de Diego hace mella en toda la familia, pero solo la madre sabe lo que es lidiar con la muerte de un hijo y la depresión de una hija.

Lupe es la única capaz de ver a Diego, las conversaciones que mantienen ambos revelarán a cuentagotas todos los entresijos de la familia. Una narración muy interesante, que sin embargo aglutina su resolución en los últimos 20 minutos de la cinta. La película comienza con la caída y primeros pasos de superación de una familia rota y a través esas conversaciones se remontan los desencadenantes. Una estética muy bien presentada, cuidada y sobre todo creíble, consigue trasladar al espectador a los resquicios de la movida madrileña en los 90, mediante flashbacks se revive ese apogeo del pop español y entre esos flashbacks destaca este videoclip extraído de la película. Una canción que culmina con una banda sonora exquisitamente ochentera. Elena Anaya vuelve a brillar como sabe hacerlo, demuestra lo polifacética que puede ser e interpreta como nadie a una estrella caída.

Todos están muertos es la última joya del cine independiente español que tanto está destacando en los últimos años. Puede pecar de resolver muy aglutinadamente los debates morales que plantea, sin embargo es una obra muy optimista y muy atractiva visualmente. Una forma distinta de afrontar la muerte y sobre todo de luchar contra ella.

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