El sitar de Anoushka Shankar, world music y sonidos de la India

El sitar de Anoushka Shankar, world music y sonidos de la India
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El sitar de Anoushka Shankar, world music y sonidos de la India

Por · 29 Mayo, 2014

Crónica Anoushka Shankar - Londres 1

Foto: Hernán Calderón
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Si hace unos años declaraba que sus discos son “la respuesta a situaciones vitales o pasajes muy concretos de su vida”, Anoushka Shankar vive ahora su momento musical y personal más emotivo. Asistimos a un intenso directo protagonizado por su último disco, ‘Traces Of You’, titulado así en recuerdo a su padre Ravi Shankar, que falleció durante su grabación. El también sitarista y máximo propulsor de la música hindú por el mundo, es padre a la vez de Norah Jones, quien pone la voz a tres de las trece canciones.

Considerada una de las mayores exponentes de la world music actual, Anoushka se encuentra de gira presentando su séptimo disco, el tercero desde que decidió explorar la compatibilidad del sonido clásico hindú de su sitar con músicas de diversas culturas. Y así, encontramos en sus conciertos una elegante mezcla de folcróricos ragas con música occidental y pop, reservando la parte más electrónica del álbum para el estudio.

La formación de músicos que la acompaña complementan a la perfección su esencia, haciendo una nueva interpretación de los temas, cosa que se agradece, en una versión puramente acústica. Muchos de los tramos de las canciones se sienten especialmente espectaculares debido a una actitud emocionante sobre el escenario, muy acentuada por las percusiones. Un ejemplo de ello fue In Jyoti’s Name, que si en el disco ya es intensa, la tocaron aún más acelerada.

Crónica Anoushka Shankar - Londres 2

Aunque es una de las sorpresas del disco, llamó especialmente la atención en vivo la impresionante adición percusiva del hang, instrumento que tan sólo tiene quince años de vida. Con un precioso juego de sonidos en temas como Flight o Lasya, que casan perfectamente con el estilo. Las melodías de la amable y brillante voz que sustituía a la de Norah Jones fueron el toque más pop, en contraste con el clasicismo de los dos chelos. Por su parte, los tradicionales hindúes mridangam (percusión) y shehnai (viento), se pudieron disfrutar más cuando se explayaron en los solos previos al cierre, arrancando enormes aplausos.

Aún así, apreciamos el conjunto de la actuación como un todo mucho más preparado que abierto a la improvisación. Probablemente, teniendo en cuenta la cantidad y cualidad de los “obligados” en este tipo de música, donde predomina tanto el unísono de intrumentos, no podría ser de otra manera.

El evento, que era parte del festival londinense de las artes surgidas del intercambio cultural entre el Reino Unido y el subcontinente indio, estuvo plagado de estética. Desde la calidad exquisita del sonido, pasando por el juego de luces y hasta el detalle de baile de manos de los músicos (tan importante en la danza tradicional) al ritmo de la improvisación. También, la sutileza que desprende Anouska en su manera de hablar y dirigirse al público. Y su dulce manera de decir adiós, con una preciosa canción en solitario que no pensaba tocar y finalmente se le antojó.

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