[Crítica] La bella de Amherst (Emily Dickinson), la locura por vivir

[Crítica] La bella de Amherst (Emily Dickinson), la locura por vivir
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[Crítica] La bella de Amherst (Emily Dickinson), la locura por vivir

La bella de Amherst

Director:

Juan Pastor

Reparto:

María Pastor

9.5

· 7 mayo, 2014

Nada de lo que pueda decir les acercará ni remotamente a la experiencia que es ver esta obra. Imaginen que tienen un sueño, uno de esos que le dejan una sonrisa y un sabor muy real en los labios, esos a los que se quiere volver, en el que los olores son más penetrantes que despierto, en lo que todo sale como el inconsciente desea… esta obra es ese sueño.

Emily Dickinson es conocida, fuera de nuestras fronteras, como la poetisa estadounidense con más importancia de la historia de la literatura de ese país, es otra de las piezas fundamentales de la literatura universal, a la altura de Shakespeare o Edgar Allan Poe. El dramaturgo William Luce se basó en la vida de la escritora desde sus 15 años hasta el momento de su muerte para escribir esta obra.

Nacida en el estado de Massachusetts, en 1830, ya desde niña manifestó una sensible capacidad para ver la vida. No encajaba del todo en esa sociedad encorsetada en normas y religión, ella era libre de manera discreta. Esa libertad real, querría expresarme de la manera más precisa, veamos, Emily era un espíritu que vivía con todos sus sentidos hacia la naturaleza, venerando la vida, respetando y amando a cada una de las criaturas que vivían en su mundo. Esa clase de libertad que tienen las personas que observan sin juicio la vida, que se dejan empapar por ella, que hablan desde el corazón de manera espontánea, esa libertad que a veces socialmente se confunde con excentricidad. Que confunden los faltos de ella, por supuesto.

La obra de Dickinson es una explosión de naturaleza, es la vida dibujada con palabras, con el desorden que caracteriza a los grandes genios no se ajusta a la norma poética de su época. Palabras exactas, precisas, sonoras, con sabores y colores, palabras que acompañan a otras y tejen el mundo interno de una mujer, que recluida en su casa por voluntad propia en sus últimos años, eleva la sencillez de los términos a imágenes abrumadoramente bellas.

Crítica La bella de Amherst Juan Paastor 2

Es la esencia de Emily, ese espíritu, el que cautivo a Juan Pastor. Es él quien traduce y dirige la obra, este sueño que elabora de manera magistral, cuidando todos los detalles, dejando el sello de su exquisita dirección en esta versión, en la que solo veremos en escena a una atemporal Emily, rodeada de su mundo. En sus palabras: “En mi versión, intento que su experiencia gane en intensidad al situar al personaje en “otro lugar”: esto convierte el drama en algo más alegórico y lírico. Modernizamos la narración, dándole un aire absurdo o alucinado, pero a veces tremendamente realista.

La difícil empresa de encarnar a este genio de la palabra es tarea de María Pastor. La actriz disfruta con el reto de ponerse en la piel de grandes damas, y por supuesto que hace disfrutar al patio de butacas. Fiel al espíritu de Dickinson derrocha vitalidad sobre el escenario, dulzura, fuerza y pasión. Una vez más, como nos tiene acostumbrados, María Pastor se pone al servicio de su personaje, se enamora de su personaje y nos regala una actuación magistral.

Este sueño se estrena hoy en el Teatro Guindalera y las representaciones serán jueves, viernes y sábados, 20’30h. Domingos, 19h. Les animo a que visiten el mundo Emily Dickinson, les animo a que se empapen de la paz que desprende su poesía. Imprescindible para personas que viven desde el corazón.

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