[Crítica] 10.000 KM, la distancia del amor por Skype

[Crítica] 10.000 KM, la distancia del amor por Skype
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[Crítica] 10.000 KM, la distancia del amor por Skype

10.000 KM

Director:

Carlos Marqués-Marcet

Reparto:

Natalia Tena, David Verdaguer

Año:

2013

Duración:

98 min.

8.0

· 22 Mayo, 2014

Tras arrasar en el último Festival de Málaga, llevándose los premios a la mejor película, mejor dirección, mejor guión y el premio a la crítica entre otros, llega a nuestras pantallas 10.000 km, la historia de un amor con demasiada distancia de por medio…

La nueva hornada de cineastas independientes españoles nos está malacostumbrando a películas cada vez más sólidas, con más proyección internacional. Películas que esquivan sus limitaciones y hacen de la escasez su gran baza, y del minimalismo su mayor atractivo. Para recorrer sus 10.000 km. el debutante en la dirección Carlos Marqués-Marcet sólo ha necesitado dos actores, dos ordenadores, dos habitaciones y un poco de Google Maps. Un arsenal a priori escaso para esta película que nos presenta la historia de Alex y Sergi, una pareja que vive en Barcelona y cuyos planes de futuro conjunto se verán alterados después de que a ella le sea concedida una beca de un año en Los Ángeles. A partir de ese momento, la relación de Álex y Sergi pasará a ser una relación de cuatro: ella, él, la distancia y la tecnología.

Crítica - 10.000 km - Carlos Marqués-Marcet

El guión de la película se nos plantea como una especie de cuaderno de bitácora sobre el nuevo devenir de esta relación. Un nuevo contexto en el que el universo virtual se muestra implacablemente frío, en el que las caricias son sustituidas por besos en la sucia pantalla del ordenador, los arrumacos se transforman en iconos, y las noches de soledad las oscurece no haber recibido respuesta a pesar de la última conexión en Whatsapp de tu pareja. Una nueva forma de interacción, como ya vivimos en Her, cada vez más alejada de lo natural, a la que nos estamos acostumbrando a marchas forzadas y, lo peor de todo, sin apenas darnos cuenta.

Marqués-Marcet eleva el debate de 10.000 km hacia casi lo metafísico y nos hace reflexionar acerca de la mutación que están sufriendo los conceptos de presencia y ausencia, y cómo lo virtual le va comiendo el terreno a todo ello. Pero, y ahí radica la grandeza de la película, en ningún momento pierde verosimilitud y frescura. Gracias, en primer lugar, a un planteamiento estético fresco, ágil y cercano al espectador contemporáneo, que funde el lenguaje cinematográfico con elementos de la cultura tecnológica actual (véase videollamadas en Skype, conversaciones por Whatsapp, recorridos por Google Maps, redes sociales, etc) Y gracias, en segundo lugar, a dos actores deliciosamente naturales que nos hacen olvidar la artificiosidad del cine.

En este 2014 que promete ser memorable a nivel cinematográfico, 10.000 km es otra buena razón para seguir creyendo en nuestro cine.

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