Querido Ted, voy a contarte cómo conocí a la madre de tus hijos

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Querido Ted, voy a contarte cómo conocí a la madre de tus hijos

Por · 7 Abril, 2014
Querido Ted, voy a contarte cómo conocí a la madre de tus hijos

Querido Ted, no hace falta que te sientes, mi rollo no da para nueve temporadas. Afortunadamente. Un buen día –creía yo que lo era- me hablaron de una nueva sitcom, al estilo “Friends” decían, muy divertida y con un guion muy original, decían. Y allá donde haya una posibilidad de engancharse a una nueva serie, allá que voy yo…

Reconozco que al principio me caísteis realmente bien: tú con tus enamoramientos en una sola noche, Marshall y Lily con su fortalecida y cómplice relación, Barney con su traje y su libro de tretas para engatusar a tantas féminas como le fuera posible, y Robin, la canadiense recién llegada al grupo. Reconozco, también, que el guion me pareció ágil, dinámico y divertido, se hacían cortos los capítulos, lo cual siempre dejaba con ganas de más.

Pero los años fueron pasando y, con ello, vuestra gracia y mi aprecio hacia vosotros… empecé a verte un poco/muy/exageradamente cansino, a Marshall y Lily con un nivel de pastelosidad que casi roza la diabetes, a Barney como un soplagaitas de ideas absolutamente burdas y a Robin con tanto arte como María Valverde anunciando Prozac. Pero yo, siempre fiel, ahí seguía, pensando que algún día volveríais a ser los de antes. Maldita manía la mía esta de acabar las cosas que empiezo…

La novena y última temporada, amigo mío, ha sido de traca. 22 capítulos retransmitiendo un fin de semana en el que se iba a celebrar una boda. 22 capítulos (VEINTIDÓS) en los que mis ganas de plantarme ante vosotros con un bazoca  para que, al menos, ocurriera algo interesante, crecían episodio tras episodio.

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Y al final de esta muerte a pellizcos –la gran boda, por cierto, despachada en minuto y medio tras ¿22 capítulos había dicho?-, quedaban los dos últimos. Venga, finalicemos la serie, icono de fiesta y flamenca del Whatsapp para celebrarlo. Hasta aquí, bien, relativamente hablando. Ya habíais confirmado que la historia no daba para más, os olíais que os estábamos cogiendo cierta manía, pero aún nos guardabais algo más: ¡uno de los peores finales de la historia de la televisión! En cuestión de dos episodios ocurren más cosas que en nueve temporadas juntas; para que, después de mil saltos mortales, cabriolas y tirabuzones, acabéis de la manera más obvia, sencilla, y blanda. ¿Hola, me devolvéis los 4536 minutos que he malgastado de mi vida para que tú les cuentes a tus hijos la tuya?

Querido Ted, no quiero que me malinterpretes. No te deseo ningún mal, pero ojalá un día de estos te encuentres por ahí con un tal Diego Serrano y te cuente un sueño que tuvo hace tiempo y cómo conoció que uno más uno son siete; quién se lo iba a decir… Te va a encantar, campeón.

PD: No todo ha sido malo. Lo cierto es que debo darte las gracias, ahora valoro mucho más Friends de lo que ya lo hacía con anterioridad.

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