[Crónica] Woodkid (Zenith, Munich). Una sinfonía en blanco y negro

[Crónica] Woodkid (Zenith, Munich). Una sinfonía en blanco y negro
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[Crónica] Woodkid (Zenith, Munich). Una sinfonía en blanco y negro

Por · 15 Marzo, 2014
[Crónica] Woodkid (Zenith, Munich). Una sinfonía en blanco y negro

Hace poco más de un año el francés Yoann Lemoine sacaba a la luz bajo el seudónimo de Woodkid su primer LP, ‘The Golden Age’. Tras haber probado fortuna, con mucho éxito, en el mundo de la ilustración y la realización de videoclips (ha dirigido vídeos para Lana del Rey y Lady Gaga), Lemoine decidió embarcarse en una aventura mucho más personal de carácter musical.

Su propuesta es diferente a toda la escena “alternativa” actual: una melodiosa voz francesa cantando en inglés, una especie de Antony Hegarty de resaca, más afónico, acompañado por una orquesta en la que destacan un viento metal prominente, bellísimas cuerdas y tambores bélicos. The Golden Age es puno de los discos del año en cuanto a originalidad, calidad musical y ejecución. Y da gusto comprobar que su directo hace más que justicia al material.

Ver a Woodkid en vivo es, ante todo, una experiencia. Un show metamusical que brinda la oportunidad de disfrutar música orquestada acompañada de un trabajo de iluminación impecable y unas proyecciones visuales mágicas. Y es que todos los elementos son esenciales en su directo. La banda original se compone de Lemoine a la voz, un teclista, viento metal (trompeta, tuba, trombón) y tres percusionistas. Según en qué concierto, la orquesta local acompaña a la banda o, como aquí en Alemania, un sexteto de cuerda va de gira con ellos. En un sitio como el Zenith de Munich, seis instrumentos de cuerda son más que suficiente para dejarse llevar por la épica del proyecto. Y es que pocas bandas te dan la oportunidad de gozar de catorce músicos en escena, todos ellos de un nivel extraordinario y que brillan con luz propia, transmitiendo multitud de sensaciones.

Tras una espectacular intro instrumental, Woodkid comenzó el concierto con un tema del EP, Baltimore Fireflies. Primera muestra de lo bueno que es su teclista, es un tema intimista que va in crescendo. Además, acompañado de unas imágenes en blanco y negro preciosas en las que la cámara se adentra en el interior de un edificio antiguo con reminiscencias religiosas, de geometrías infinitas. El primer plato fuerte de la noche fue el tema que abre su álbum, el homónimo The Golden Age. El subidón final pone los pelos de punta, con esa orquestación mágica y la percusión marcada. Es uno de los mejores temas del disco y uno de los que más luce en directo. Después vendría el tercer single del disco, la fantástica I Love You, que puso a cantar a un entregado público alemán.

Ataviado de negro, como el resto de su banda, y con pintas y gestos más propios de un rapero, incluyendo su característica gorra de los Brookyln Nets, Lemoine se mostró muy cercano al público en todo momento. Además era el último concierto de la gira alemana, lo que implicaba que también era el último concierto del sexteto de cuerda presente. El concierto prosiguió con temas de su último álbum que, acompañados de las proyecciones, transportaban al público a un universo diferente. Si bien es cierto que al principio faltó algo de ritmo a las canciones, puesto que en su repertorio tiene bastantes baladas en las que predominan piano y voz, la recta final del concierto fue espectacular. Destacaría la poderosa Stabat Mater, con sus coros evocando a un réquiem; un nuevo tema instrumental muy rítmico con una percusión casi militar y unos metales bestiales; la pegadiza Conquest of Spaces, acompañada de una de las mejores proyecciones de vídeo, en las que se muestra el espacio y la famosa Iron, primer single del álbum que resulta estremecedor gracias a la base de tuba, trompeta y trombón.

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Los interludios instrumentales también fueron parte esencial del show. En todos ellos se apreció la calidad de los músicos y el respeto que éste tiene por su banda. Todos tienen su momento de gloria. Hay puentes en los que unas sutiles cuerdas son protagonistas, otros más épicos en los que sobresalen vientos y percusión y hasta su teclista tiene la oportunidad de brindarnos una intro al más puro estilo Rachmaninoff que es digna de elogio.

Woodkid no solo es el proyecto de una persona, es todo un conjunto de profesionales de diversas inquietudes artísticas uniendo fuerzas para un resultado común

Woodkid cerró con The Great Escape, una canción que gana muchísimo en directo, con una base de percusión que recuerda al galopar de unos caballos y unas interesantes entradas a contratiempo en el estribillo. Visiblemente emocionado, Lemoine se retiró momentáneamente del escenario mientras la gente gritaba con ganas de más. La proyección de una cabeza de niño guerrero de piedra anunciaba el comienzo del bis: Run Boy Run. Apoteósica versión con un interludio de percusión que puso a bailar a todo el mundo, con un ritmo incluso dubstep, pero todo a base de bombos, cajas, claves y platos. Tras su tema insignia, Yoann tuvo un gesto fantástico al presentar a todos y cada uno de los miembros de la banda: los catorce músicos, más el proyeccionista, el técnico de sonido, el técnico de luces y el tour manager. Gesto que demuestra que Woodkid no solo es el proyecto de una persona, es todo un conjunto de profesionales de diversas inquietudes artísticas uniendo fuerzas para un resultado común. Tras esta despedida, llegó el final definitivo con el corte que cierra el disco, el calmado The Other Side.

La banda francesa representa un paso adelante en el panorama musical actual. Su directo transmite una sensación muy compleja, un cruce de caminos entre asistir a un festival de música, ver una película en el cine y sentarse en el patio de butacas de una filarmónica. Debemos estar agradecidos que hayan propuestas con esta frescura, tan novedosa como de calidad. Woodkid estará en Barcelona tocando en el Sónar el próximo junio. Volveremos a encontrarnos.

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