True Detective, elemental mi querido Matthew McConaughey...

True Detective, elemental mi querido Matthew McConaughey...
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True Detective, elemental mi querido Matthew McConaughey…

Por · 4 Marzo, 2014

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HBO, esa gran fábrica de ficciones de alta calidad, está arrasando entre críticos y público con esta nueva serie de interesante concepto y factura más cinematográfica que el propio cine. 

Como parte de una investigación interna de la policía, dos ex-detectives del departamento de homicidios de Louisiana son interrogados respecto a un antiguo caso, el primero en el que trabajaron juntos. Se trata de la caza de un asesino en serie vinculado con sectas religiosas. Los eventos convulsos que rodearon los asesinatos les unieron y les cambiaron. Desde entonces Rust Cohle (Matthew McConaughey) se ha dado a la bebida y al vagabundeo, y Martin Hart (Woody Harrelson) se ha resignado a una vida triste de oficina.  Las sospechas respecto a sus conductas ilegales durante el caso, el estado mental peligroso de Cohle, y la incógnita de lo que realmente encontraron tras este reguero de víctimas violadas y convertidas en objetos de rito, es el motor de esta temporada.

La dinámica de producción de la serie recuerda a American Horror Story: cada temporada será una miniserie protagonizada por diferentes actores que encarnarán a detectives en lugares diversos. De esta forma se pueden permitir contratar a los mejor intérpretes y explotar su carisma.

En esta ocasión, tenemos a un par de hombres en estado de gracia, Mr. Harrelson y el niño milagro del momento, Matthew McConaughey. En muchos sentidos podemos decir que el verdadero misterio descubierto en esta serie, que llevaba años enterrado bajo capas de pistas falsas y caminos mal tomados, es el talento del premiado intérprete. Por fin, y para nuestro deleite y gozo, Matthew encontró el actorazo que lleva dentro. Adelgazar para Dallas Buyers Club no sólo fue el ticket directo al Oscar hace tan sólo dos días, sino que una parte de él, esa parte de gallito guapo insoportable, ha sido sometida a dieta extrema hasta encontrar la forma de transmitir verdadero sentimiento al espectador. Una vez encontrado, y sin menospreciar su tremenda actuación en aquél film, su personaje con más aristas y complicaciones pasa a ser el detective Rust Cohle. Ya estamos llorando, inconsolables, por no poder tenerlo de vuelta en la temporada que viene…

El verdadero misterio descubierto en esta serie es el talento de Matthew McConaughey, quien, por fin, ha encontrado al actorazo que lleva dentro

La trama, por otro lado, es sencilla aunque se narra de forma sofisticada, directamente de la boca de sus protagonistas envejecidos, mediante entrevistas y flashbacks. El juego con el tiempo, y el paralelismo entre épocas es muy sabio, y siempre da la sensación de que la información real se escapa entre los dedos, entre corte y corte del montaje.

Con un movimiento de cámara con espectacularidad digna del séptimo arte, True Detective es una joyita árida y triste con gran empaque visual. Un signo de identidad claro es la sugerente cabecera de la serie que nos deja tarareando siempre su canción y sus conseguidas imágenes muy bien merecerían un artículo propio…

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Dicho esto, las dos interpretaciones principales son el atractivo esencial de la serie. De hecho conviene entenderla menos como una trama de misterio y más como un análisis psicosocial de hombres blancos, navegando en los márgenes y llanuras del desierto físico y emocional americano. Como en tantas historias de compañeros policías, la verdadera intensidad del asunto reside en los diálogos de esta extraña pareja unida a la fuerza.

Incluso nos recuerdan a Don Quijote: tenemos el hombre de ideas elevadas, supuesto loco al que la mayoría no entiende, emparejado con el más mundano y corriente de los humanos. Cohle es un hombre perfeccionista casi un iluminado, pero  está básicamente deprimido, tiene un pasado triste y unas convicciones ateas y nihilistas que ponen nervioso a todo yankee creyente medio. También es un detective excepcional y más listo que el hambre. Hart, por su parte, es un hombre de lo más normal, con sus vicios típicos y su familia no muy feliz. Más que dedicarse a resolver el caso, estos dos tienen un pulso filosófico donde medir la fuerza de sus concepciones de vida contrapuestas.

La miniserie de 8 episodios se encuentra en la intersección de casi todas las historias que nos gustan y ya consumimos. Una mezcla de la América profunda e ignorante de True Blood, dos personajes antagónicos unidos por el trabajo tipo Sherlock Holmes, asesinatos-ritual que recuerdan a los de Hannibal, un enfoque amargo de la ética y la religión que podría haber escrito Paul Thomas Anderson, y una cucharadita de morbo, sexo y violencia marca de la casa.

A un episodio del final, aún todo está por resolver y no tenemos ni idea de cómo se solucionará, así que, hambrientos de más, nos vemos en la season finale…

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