[series] The Americans, ¿vida real o tapadera?

[series] The Americans, ¿vida real o tapadera?
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[series] The Americans, ¿vida real o tapadera?

Por · 21 Marzo, 2014
[series] The Americans, ¿vida real o tapadera?

La serie de FX habla aparentemente de contraespionaje entre USA y URSS en plena Guerra Fría, pero en realidad se trata de un drama familiar protagonizado por unos esplendidos Keri Russell y Matthew Rhys…

Ellos son una pareja de espías rusos entrenados a conciencia durante años para fingir ser una feliz familia norteamericana. Contra todo pronóstico, y siendo poco más que perros de batalla –sustituibles- de la KGB, desean tomar su vida como real e ignorar el caos político y existencial. Es una idea estimulante y provocadora. Pero tras la primera temporada, y una vez ya hemos flipado y disfrutado de la premisa atrevida de ésta, por lo demás, sobria serie, ¿qué nos aguarda su segunda entrega?

Identidades… ¿reales?

Como muchas series actuales, el verdadero foco de The Americans es la psicología. Casi todos los personajes, desde el matrimonio Jennings hasta el agente de FBI Beeman (Noah Emmerich) tienen un problema de identidad que está por resolver. Debido al largo tiempo en que han fingido ser otras personas, no acaban de conectar consigo mismos ni tampoco con sus “vidas tapadera”. En cada capítulo fluctúan las identidades (cambian constantemente de peluca molona) y parece imposible que llegue un día en que los protagonistas puedan vivir tal y como lo que son en realidad.

Elizabeth, para encontrar su Norte, estaba fuertemente anclada en las convicciones comunistas, y Philip era lo contrario, permitiéndose relajarse “a la americana” después de un largo día de bombardear al gobierno de Reagan. Pero ni siquiera estas posturas iniciales son la realidad. Nuestros protagonistas no quieren saber nada de América pero, a todos los efectos y después de años de mantener su tapadera, son americanos… ¿O no?

Elizabeth, más que nadie, inicia esta nueva temporada una transformación debido a los acontecimientos de la season finale, y a un nuevo miedo que no conocía hasta ahora… Philip tiene un problema más bien práctico, ya que ahora son dos los matrimonios falsos que tiene encima, y más que poligamia lo que tiene es mucha faena…

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Deseos… ¿cumplidos?

En cuanto a dilemas individuales, otro personaje cargadito es el de Anette Mahendru, una actriz-descubrimiento de esta serie a la que podríamos apodar la Scarlett Johanson rusa. Nina Sergeevna es un lío de fidelidades de la que ya no sabemos ni qué esperar. Su próximo movimiento podría ser de cualquier color político y calado humano. Es una mujer atrapada, como todos los demás, entre sus conflictos patrióticos y sentimentales, solo que en su caso, ambas realidades pesan lo mismo. Ella sola encapsula la esencia de la serie: el juego de verdades con los que todos hacen malabarismos, y que les confunde hasta el punto de no saber ni lo que sienten realmente. Su vida privada y su vida política son dos fuerzas que algún día se harán estallar la una a la otra.

La esencia de la serie: el juego de verdades con los que todos hacen malabarismos, y que les confunde hasta el punto de no saber ni lo que sienten realmente.

Hay una contradicción brutal entre la actitud dura de estos personajes en su trabajo y la vulnerabilidad con la que enfrentan su vida privada. La elección de los actores tiene algo que ver con esto. Russell, la postadolescente de Felicity y Rhys, el gay discreto en Cinco Hermanos, son dos actores que no te vendrían a la cabeza para hacer de espías envueltos en brutalidades, sexo y asesinatos. Sin embargo unidos como dos agentes de la KGB haciéndose pasar por matrimonio, hacen creíble una interpretación entre que debe mostrar muchas facetas contrapuestas.

¿Los hijos de quién?

En esta temporada parece que los hijos de nuestros protagonistas pasan a primer plano. La hija mayor, que ya no es ninguna niña, empieza a sospechar de las andanzas de sus padres, que por muy espías que sean tienen comportamientos algo extraños para quien convive con ellos. Paige tiene dudas sobre su procedencia, y más tendría si supiera la verdad puesto que está oficialmente en el limbo… No es ni rusa ni americana, ni siquiera fruto de un matrimonio real. La chica rastrea en secreto su historia familiar, una investigación que le puede llevar a cualquier parte, como una sala de interrogatorios del FBI.

Casados, ¿o no?  

Uno de los puntos más interesantes de la trama es que los personajes de Elizabeth y Phillip Jennings fingen ser un matrimonio, pero dentro de su mentira, tienen hijos biológicos entre ellos, e inevitablemente surgen sentimientos reales. Hasta el punto que creen estar enamorados. Pero, ¿lo están? Es una fabulosa reflexión sobre la idea del matrimonio como construcción, puesto que no les va ni peor ni mejor que a cualquier otro matrimonio (con el detalle de que matan, extorsionan y tienen sexo con sus objetivos a diario). En la serie tenemos una pareja creada por altos mandos del espionaje ruso, otras que une el amor; y resulta que no hay tanta diferencia entre ellas. Esta idea es una plataforma perfecta para diseccionar a cualquier pareja, y preguntarnos hasta qué punto cualquier unión es una construcción artificial llena de mentiras. Al final, las mentiras asociadas al espionaje solo son un poco más peligrosas que las mentiras habituales de cualquier amor…  El dilema sobre si es conveniente dejarse llevar o no por este nuevo amor, si los sentimientos son verdaderos o sólo ilusión óptica, fue uno de los principales motores de la primera temporada. Con el inicio de la segunda parece que muchas de las dudas que planeaban sobre la relación se han disipado. Y esto puede ser un peligro para el interés de la serie. La tensión entre los dos protagonistas, sus sospechas mutuas a nivel profesional y sentimental eran puro oro dramático y sólo podemos rezar porque vuelvan.

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