Dallas Buyers Club y otras metamorfosis kafkianas de Oscar

Dallas Buyers Club y otras metamorfosis kafkianas de Oscar
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Dallas Buyers Club y otras metamorfosis kafkianas de Oscar

Por · 18 Marzo, 2014
Dallas Buyers Club y otras metamorfosis kafkianas de Oscar

Dallas Buyers Club se ha estrenado esta semana y es, sin duda, una película excelente que tiene dos de las interpretaciones más extraordinarias del pasado año. Matthew McConaughey y Jared Leto están completamente inmersos en sus personajes, los hacen vivir y respirar con total verdad en este drama sobre el VIH.

Pero no podemos ignorar que parte de nuestra admiración, y de los Oscars otorgados, son debidos a la transformación física de los actores. Al mérito interpretativo que tienen le sumamos un asombro más primitivo, a medio camino entre la fascinación y el asco, que son más propios de un fenómeno de circo. Si bien no es desdeñable esta entrega completa a un personaje, al que literalmente le das tu cuerpo, no deja de ser un cambio superficial y resulta un tanto injusto que estas caracterizaciones extremas siempre tumben a las interpretaciones “normales” donde los actores conservan su cara y su dieta. En el fondo la entrega es exactamente la misma, el instrumento de un actor es siempre su cuerpo y su voz, solo que no siempre lo tiene que destruir en el proceso…

Aquí van unos ejemplos de cambios radicales, debidamente categorizados para vuestro disfrute:

La anorexia de Oscar

Estar enfermo y raquítico es digno de premio, algo así como cuando hace unos años en las pasarelas de moda era un bónus tener pinta de estar a punto de desmayarte. Matthew McConaughey parece haber encontrado a su dios particular a base de dietas – por la calidad sorprendente de sus últimos trabajos y por la temática de su discurso en los Oscars– lo cuál es, en infinitud de sentidos, un mensaje tan peligroso para el espectador medio que da auténtico pavor. Querido Matthew, relájate y come, ya verás como actúas igual de bien. Y si no, ahí tenemos el caso de Mud, en el que, con algo más de carne, McConaughey ya demostraba su pericia. Confiamos en que siga haciéndolo.

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Otro experto en reducirse y aumentarse a gusto del consumidor es Christian Bale, cuyo nutricionista tiene una baja por depresión después de llevarle a través de American Psycho (buenorro), El Maquinista (extremadamente delgado), Batman (musculado), The fighter, (drogadicto enclenque), American Hustle (mafioso con sobrepeso), y lo que sea que nos tenga reservado antes de su previsible ataque al corazón… Los engordes dramáticos también ocurren, como el de Clooney en Syriana, Jared Leto en Chapter 27 o Russell Crowe, otro camaleón, en Body of Lies. Tom Hanks, tuvo que hacer ambas cosas, engordar y adelgazar de forma extrema para Náufrago. Todo el peso que Hurley ya podría haber perdido en Lost…

De cisne a pato

¿Contratar a una mujer fea? Nunca jamás, esto es Hollywood ¿Afear a una guapa? Genial, eso sí que es Arte. Es el caso de la bellísima modelo y actriz sudafricana Charlize Theron, que sufrió en Monster una caracterización extrema que apoyó su frenética interpretación de forma inolvidable. Pero también hay otros casos, como el de Marion Cotillard, que pasó a ser escuálida, vieja y con cejas pintadas para encarnar a Edith Piaf, levantando ella sola toda la película. Ellen Burstyn, drogadicta en Requiem por un sueño.  O Nicole Kidman, nunca pareció tan profunda y humilde como con la nariz de 30 centímetros de Virgina Wolf, único retoque que no ha tenido que pagar en su vida.

A veces da la sensación de que con algo de maquillaje, o con su ausencia, se les da a estas actrices la oportunidad de llevar su interpretación a fronteras donde normalmente no llegan, por su deber de estar siempre estupendas en cámara. O quizá sea tan sólo una ilusión óptica, y siempre tienen el mismo talento (sea este grande o pequeño).

De hombre a mujer

La transformación de Jared Leto en Dallas Buyers Club entra directamente a un puesto privilegiado en la larga lista de actores travestidos o afeminados. Aunque puede que Jared acumule más puntos que nadie: homosexual, yonqui, travesti, con SIDA, ¿algo más? Su personaje es una mezcla del enfermo gay, similar a Tom Hanks en Philadelphia o Javier Bardem en Antes que anochezca (ambos de Oscar), y del travestido impecable e hipnótico tipo Gael García Bernal en La Mala Educación o Cillian Murphy en Desayuno en Plutón. Como éstos últimos, la cara de angelito que tiene Jared supone un punto clave; asexualizar su look parece más llevadero que por ejemplo, hacerlo con Stallone. Siendo Leto un tipo “hermoso” más que “tío bueno” en condiciones normales. Sin embargo, su fusión con la feminidad tiene mucha más miga, está increíblemente trabajada, es sutil, sentida, con los ticks justos y creíbles.

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Cabe destacar como este paso de hombre a mujer ha ido tomando una calidad interpretativa y una seriedad temática que antes no tenía, si pensamos en que se solía dar en películas más cómicas y con maquillaje de opereta como Tootsie, con Dustin Hoffman o la Señora Doubtfire, con Robin Williams. En estas, el hombre se travestía como último recurso para conseguir su objetivo, y no daba paso por ello a una exploración psicológica del personaje transformado, puesto que su identidad quedaba “a salvo”, era más bien fuente de enredos. Aunque también hay antecesores donde la metamorfosis no era objeto de risa, como Un año de trece lunas de Fassbinder o Juego de Lágrimas de Neil Jordan. También está el caso en el extremo de terror y locura, como Psicosis.

De mujer a hombre

Julie Andrews lo hizo en el musical Victor y Victoria desde el enfoque clásico, es decir, como un paso necesario para la meta de su personaje, el éxito profesional. También existe la arquetípica figura de la mujer guerrero que se disfraza con armadura: podemos verlo en la Eowyn de El señor de los Anillos, o en Arya y Brienne de Juego de Tronos. En la actualidad han surgido otros casos que profundizan en este cambio, especialmente escabroso para la mujer, ya que hace sonar las alarmas del heteropatriarcado dominante.

Hilary Swank saltó a la fama en Boys Don’t Cry interpretando a un transexual que sufre las consecuencias de su propia identidad, y Cate Blanchett dejó de piedra al mundo bordando no a un transexual sino directamente a un hombre, nada menos que a Bob Dylan, en I’m not there. En nuestro cine, Blanca Portillo hizo lo propio en Alatriste, una decisión creativa igualmente interesante.

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Felicity Huffman o nuestras Carmen Maura y Antonia de la Torre han hecho de hombres travestidos, un subapartado que sería algo así como “De mujer a hombre… y de nuevo a mujer”, otra pirueta estratégica de casting.

Hay casos más extravagantes, como por ejemplo los que suele protagonizar Gary Oldman como villano de Drácula, el Quinto Elemento o Hannibal; que le deben más a los efectos, como el de Brad Pitt en Benjamin Button; o risibles como la interpretación de un negro por Robert Downey Jr en Tropic Thunder.

Las transformaciones físicas son curiosas y pueden impresionar, forman parte del proceso de un actor y le ayudan en su trabajo. No obstante, querido público, querida Academia, a veces esto nos ciega el juicio. Fijémonos en la actuación por favor, y en lo que realmente ha modulado el actor de su voz, sus gestos y hábitos. Lo cual es posible llegando incluso a la excelencia camaleónica, sin renunciar a tus entrecots ni al rostro con que naciste. Para muestra, Meryl Streep.

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