[Crítica] Sidonie – Sierra y Canadá: La coherente historia de un amor artificial

[Crítica] Sidonie – Sierra y Canadá: La coherente historia de un amor artificial
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[Crítica] Sidonie – Sierra y Canadá: La coherente historia de un amor artificial

Sidonie

Sierra y Canadá

Discográfica:

Sony Music

Año:

2014

6.5

· 27 Marzo, 2014

La historia de amor de dos robots no es solo el hilo argumental que cose las canciones del último trabajo de Sidonie; como buen disco temático, sirve también como telón de fondo al sonido que los barceloneses han querido darle a su séptimo álbum de estudio. “Sierra y Canadá” son los protagonistas de todo esto y, con la electrónica como recurso, su “affaire” tiene más sentido y da respuesta a cada una de las preguntas que se plantean a lo largo de los 13 cortes que lo componen.

De primeras, el sonido enlatado y sintético de los nuevos temas, podría indicarnos un claro cambio de rumbo en el trío, pero esto no es más que un nuevo y diferente envoltorio con el que vestir la esencia de Marc, Jesús y Axel. Sierra y Canadá, a pesar de todo, sigue sonando a Sidonie, como han hecho todos sus trabajos hasta la fecha, bien sea a través de potentes guitarras, de pop edulcorado o de psicodelia, el gran logro de la banda sigue siendo mantenerse fieles y sonar a sí mismos. El cambio como seña de identidad.

El primer adelanto y arranque del disco, Sierra y Canadá (Historia de amor asincrónico), da en el clavo de lleno. Es el single perfecto (de hecho fue elegido por sus propios fans), el que nos recuerda que Sidonie son unos excelentes creadores de canciones, de fantásticos estribillos y apasionantes melodías. Quizás no encontremos muchos más ejemplos tan redondos como este, pero sí que hallamos gratas sorpresas como la seductoramente oscura Gainsbourg, la clarificadora, empática y ochentera Un día de mierda o la pegadiza El mismo destello.

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Foto: Carles Rodríguez

Si bien, el conjunto suena demasiado artificial y echamos en falta algo de sonido más orgánico, las razones que las tres cabezas pensantes del proyecto dan cada vez que su música sorprende o cambia, son siempre convincentes y clarifican que esta variedad en cada uno de sus discos, no responde únicamente a un capricho momentáneo, sino que está perfectamente sustentada en conceptos o intenciones reales. En esta ocasión, el hecho de que Marc comprara un viejo órgano Lowey en una tienda de antigüedades de Barcelona, fue el leitmotiv para que se embarcaran en esta aventura de sonidos electrónicos primarios, pues con él se compusieron el grueso de los temas, prescindiendo de las guitarras para hacerlo.

Encontramos luces y sombras en este disco, que gana cuando la apuesta por el teclado está plenamente justificada a favor de la melodía y se deshincha cuando se abusa en demasía de los sintetizadores más machacones como recurso “robótico”. Podría haber sonado paródico y extrañamente superficial, pero Sierra y Canadá tiene una singular consistencia que, probablemente, no existiría si todo esto hubiese caído en otras manos, pero Sidonie tienen oficio, actitud y las ideas muy claras. Además han contado con Santos y Fluren para la producción, lo cual últimamente no deja de ser sinónimo de éxito.

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