Lars Von Trier: mamá, de mayor quiero ser polémico

Lars Von Trier: mamá, de mayor quiero ser polémico
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Lars Von Trier: mamá, de mayor quiero ser polémico

Por · 24 Febrero, 2014

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Ilustración: Iko Savoy

La conjugación de talento y polémica cobra en Lars von Trier un sentido pleno. El director danés es dueño de una de las filmografías más intensas e interesantes de la actualidad.

Está llena de una perversa misantropía y grandes dosis de incredulidad existencial. Lo amas, lo odias, u odias amarlo. Aunque de niño no tiene un pelo, a día de hoy sigue peleando por ser el enfant terrible del cine europeo. ¿Por qué se ha convertido en un referente? Hagamos un breve repaso por su trayectoria…

Dogma 95: Visto y no visto

¿Os suena el movimiento cinematográfico Dogma 95? En 1995, Lars von Trier y su compañero de travesuras Thomas Vinterberg crearon el manifiesto cinematográfico Dogma 95, que se presentaba como protesta a un sistema de producción anquilosado que restringía de oportunidades a los creadores. Los componían 10 reglas -denominadas ‘Votos de castidad’- que suponían para el cine lo que los mandamientos para el catolicismo, y que eran de obligado cumplimiento para todos aquellos que quisieran que su película obtuviera el sello Dogma. Grabar con la cámara al hombro, con luz natural, sin guiones previos ni montaje posterior, sin elementos que resultasen artificiosos como la música… Un decálogo que pretendía devolver el cine a su estado primitivo y resucitar el valor de la historia por encima de lo técnico.

Los idiotas fue la primera película Dogma de Lars e, irónicamente, la última. Cuando todavía prácticamente no había puesto ni un pie dentro del movimiento, el propio Lars Von Trier abandonó el Dogma 95, pasándose las restricciones que él mismo habría propuesto por el forro. Muchos fueron los que lo acusaron de incoherente y de buscar sólo el protagonismo. Mucho ruido y pocas nueces.

Polémico hasta decir basta. Basta.

¿Forma parte de su personalidad o es un magnífico estratega y sabe qué cartas jugar para promocionar sus películas? Al cineasta le gusta armar escándalo allá donde va. En el 2011 fue declarado persona non grata en el Festival de Cannes tras declarar que simpatizaba con Hitler. “No fue lo que llamaríamos un buen tipo, pero lo entiendo bastante y simpatizo un poco con él. Pero no estoy con la Segunda Guerra Mundial, y no estoy en contra de los judíos. Los aprecio mucho. Bueno, no demasiado, porque Israel es un dolor en el trasero. ¿Cómo escapo de esta frase? Ok, soy nazi”.

Pero la retahíla de polémicas no tiene fin. El actor John C. Reilly abandonó la película Manderlay tras conocer que el director mató un burro durante el rodaje. La última: estrenar Nymphomaniac, su cinta sobre una ninfómana adicta al sexo, el 25 de diciembre, época por excelencia de películas familiares. ¿Y qué puede pasar? Pues lo que pasó en Florida, donde se proyectó el tráiler con alto contenido sexual y sexo explícito en una sala llena de niños que iban a ver Frozen.

Una vez y nunca más, Señor Lars

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Nicole Kidman, Catherine Deneuve, Emily Watson, Björk… Además de trabajar a las órdenes de Von Trier, hay algo más que une a estas actrices: ninguna quiso repetir la experiencia. Tras los estrenos de sus respectivas películas todas echaron pestes de la forma de trabajar del danés y de su tenebrosa personalidad. Pero quizás el caso más ejemplificativo sea el de Björk, para quien esa suerte de musical llamado Bailar en la oscuridad, con el que logró el premio a la mejor actriz en Cannes en el 2000, supuso su debut y retiro del mundo del cine. La islandesa definió lo vivido como una auténtica pesadilla y nunca más quiso saber de la interpretación. Sufrió varios ataques de ansiedad en los rodajes, incluso estuvo a punto de pagar los 13 millones de euros que se le pedían para dar por acabada la relación contractual con la productora de Von Trier y poner fin así a su calvario. Cuando se enteró de que Nicole Kidman había aceptado protagonizar Dogville, la cantante se sintió en la obligación de escribirle para alertarla de que no lo hiciera, pues Lars, cita textual, “devorará tu alma”. A día de hoy, sólo la osada Charlotte Gaingsbourg ha repetido con el autor, y Kirsten Dunst asegura que repetirá encantada si él se lo pide.

Cine de autor en estado puro

Hay artistas que impregnan en esencia su creación artística, convirtiéndola, de algún modo, en el testigo perfecto de un estado mental concreto en un instante preciso. Su circunstancia desarrolla su arte. Los cuadros de Van Gogh adquieren un cariz especial cuando somos conocedores de la esquizofrenia que padecía. Las pinturas negras de Goya cobran sentido pleno si sabemos en qué contexto fueron concebidas y la obra de Dalí pierde parte de su encanto si uno desconoce sus traumas sexuales y su inexorable atracción hacia el mundo del inconsciente. Esto hace que, a veces, el interés por la obra sea menor que el interés por saber un poco más sobre la etapa y el contexto del artista en el momento de la creación de una obra concreta.

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Para el danés, su labor cinematográfica supone un exorcismo en el que canalizar sus frustraciones y angustias vitales. Por ejemplo, Antichrist es un viaje a través de la mente del director durante la depresión que padeció tras la repentina muerte de su hermana.. Y en Melancolía el autor parece preguntarse si será la depresión el virus que acabará con el mundo. Lars se desnuda y se muestra al espectador enigmático y sombrío, pero llegar hasta su verdad supone un esfuerzo mental no apto para la mayoría. Por ello, el valor de su trabajo repercute inexorablemente en un interés por la persona que hay detrás de ello, lo que convierte la experiencia de su cine en algo mucho más sustancial.

Cuando Lars fue sinónimo de sublime

Desde Los idiotas, en la que un grupo de jóvenes reta a la sociedad haciéndose pasar voluntariamente por retrasados mentales, pasando por Dogville, una maravillosa y desgarradora disertación de los límites de la sociedad y del alma humana. Sin olvidar la ya mencionada Bailar en la oscuridad, uno de los musicales más desconcertantes de la historia del cine universal, con la música de Björk como hilo conductor, la desaparición del ser humano a raíz de la depresión hecha planeta en Melancolía o el estudio de la fe y el puritanismo con una Emily Watson impecable en Rompiendo las olas. Son muchas las veces que el realizador nos ha dejado con la boca abierta a través de sus películas y, de momento, su talento y sus voraces ansias de provocación parecen no haber tocado límites.

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No sabemos cuánto conoces de la filmografía del director danés, lo que sí sabemos es lo que te estás perdiendo si no has visto nada de él. Aunque te advertimos de que, el suyo, no es un cine de palomitas.

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