La Caja B: Operación Palace, Évole más follonero que nunca

La Caja B: Operación Palace, Évole más follonero que nunca
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La Caja B: Operación Palace, Évole más follonero que nunca

Por · 24 Febrero, 2014
La Caja B: Operación Palace, Évole más follonero que nunca

Hoy se cumplen seis años desde el  primer Salvados, dirigido por Jordi Évole, ese programa televisivo totalmente necesario que durante este tiempo ha incomodado a gobiernos, firmado las entrevistas más peliagudas de cada semana y se ha jugado el tipo con temas tabú en esta España tan nuestra…

En definitiva, Salvados ha realizado una labor de información social, información cruda, como muy pocos practican en este país, tildada de partidista por algunos y de impecable por tantos otros.  Nada en su trayectoria hacía creer la que nos coló ayer. Porque era broma, ¿verdad?

Anoche, como en muchas otras casas, en la mía se visionó Operación Palace. Precedido de una semana de publicidad constante, las expectativas de bombazo estaban más que superadas. El programa lo fue pero no por lo que inicialmente se esperaba. Las redes sociales ardieron, y aún hoy no se han apagado los fuegos de la polémica.

Asistíamos perplejos desde la comodidad de nuestros hogares a un episodio de la historia de España nuevo e insólito para todos. Sin palabras, ese silencio que precede a la tormenta que llegó una vez terminada la emisión. Tras escuchar a Évole pedir disculpas a los espectadores a los que hubiera ofendido este falso documental, inspirado en aquel Operación Luna, recordé algo que mi Ex siempre solía decir: “las bromas son verdades que uno no se atreve a contar”.

Hay muchas sensaciones y lecturas de las intenciones de todo este follón. Me inclino por la de  hacer autocrítica, ¿Somos fácilmente manipulables? ¿Asumimos nuestra responsabilidad ante la información que nos suministran?. No perdamos de vista que somos consumidores de información, al igual que lo somos de alimentos, de música… de casi todo, y como en todo, está el consumidor fiel a un producto, el comprometido con un tipo de producción, el que compra bajo el influjo del marketing. Nos alarmamos mucho cuando se juega con lo que ingerimos; lo que hay detrás de un alimento, de su cultivo y su producción es algo de alta prioridad. Nos empezamos a relajar con otro tipo de artículos como la ropa -aunque existen algunas corrientes de conciencia social con los países donde se explota a personas para que en el primer mundo vistamos a bajo coste-, pero en general no nos alarma si no lo precede una catástrofe en sus fábricas. Sin embargo, engullimos la información sin ningún tipo de control de calidad, las cadenas con sus distintos colores políticos nos enseñan sus colecciones de temporada y nosotros compramos. ¿Sin rechistar?

¿Era necesaria esta lección para abrirnos los ojos ante la falta de criterio que demostramos por la información? ¿Era una broma que escondía una verdad inconfesable?

Como la gran mayoría (aunque muchos, heridos en su orgullo, lo nieguen) me lo tragué, imaginando la repercusión social que tendría. Y nos visualicé saliendo a las calles, exigiendo la verdad por siempre. Pensé que sería el detonante que rompería el letargo en el que estamos inmersos. Me lo creí porque, quizá a ti también te paso, deseaba que fuera verdad, que algo fuera verdad, que un presidente dimitiera a favor del bien nacional, que la izquierda, la derecha, que todos ellos lucharan por una misma causa, pese a que el fin no justificara los medios. Deseaba salvar la hundida imagen de la Política española.

Reflexionemos, discutamos, escuchemos, pensemos, contrastemos, pero actuemos. Encendamos los fuegos para algo. Concluyamos algo de lo empezado. Con responsabilidad.

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