[Crítica] La herida, retrato de la apatía vital

[Crítica] La herida, retrato de la apatía vital
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[Crítica] La herida, retrato de la apatía vital

La Herida

Director:

Fernando Franco

Reparto:

Marian Álvarez, Rosana Pastor, Manolo Solo, Ramón Barea…

Año:

2013

Duración:

95 min.

8.0

· 13 Febrero, 2014

Hay películas y películas. Están las que llegan a las salas precedidas por una estrategia publicitaria infalible, que cuentan con la garantía comercial de tener actores famosos en plantilla y cuyos inversores saben, casi a ciencia cierta, que van a recuperar todos y cada uno de sus euros…

Luego están las pequeñas desconocidas que, si llegan a las pantallas, lo hacen tímidamente, evitando ser protagonistas de marquesinas publicitarias o spots televisivos, y que no aseguran éxitos ni riqueza a sus creadores, más bien al contrario. La herida pertenece a ese subgénero de cine que hace de la escasez de medios su gran baza, que nace con la incertidumbre económica pero con la valentía de aquellos que aman el cine y quieren contar una historia a pesar de los pesares. Y es que la modestia no importa cuando lo que se esconde bajo el metraje es un relato que vale su peso en oro.

En el que es su debut en el celuloide, el novel Fernando Franco ha conseguido un retrato atroz y preciso de algo tan poliédrico y difícil de representar como es la enfermedad mental. Marián Álvarez, merecedora ganadora del Goya a la mejor actriz por su papel en esta película, se entrega con pasión y garra al personaje de Ana, una conductora de ambulancias que ha hecho de su trabajo la vía de escape perfecta para olvidar la apatía crónica en la que vive inmersa. Una espiral de pensamientos negativos que corroe sus noches y las tiñe de heridas que vuelven una y otra vez con hedores de un pasado que, parece, dejó demasiada huella.

Con su ópera prima La herida, Fernando Franco nos transporta a sensaciones que ya experimentamos con La pianista de Michael Haneke, y abandona todo el peso del film en la desequilibrada y confusa mirada de de Ana, haciéndonos cómplices de sus vaivenes errantes. El resultado es una película amarga que huye de la narración almibarada para complacer al espectador y que postula al sevillano como un director que apuesta por personajes difíciles y complejos, un narrador que se aleja de las florituras cinematográficas y que cree en la historia por encima del artificio y, aunque duela, en la crudeza por encima del tacto.

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