[Crítica] Festival de Teatro de Málaga: Hécuba

[Crítica] Festival de Teatro de Málaga: Hécuba
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[Crítica] Festival de Teatro de Málaga: Hécuba

Por · 30 Enero, 2014
[Crítica] Festival de Teatro de Málaga: Hécuba

El 31 Festival de Teatro de Málaga conjuga durante algo más de un mes los grandes clásicos de la dramaturgia con lo más contemporáneo, las “bestias pardas” de las tablas con las modestas compañías que comienzan una honesta y firme andadura.

Hoy, nos vamos a permitir el lujo de abordar una de esas grandes apuestas de la escena clásica: Hécuba. No cabe duda que el teatro (como la cultura en general) sufre una intensa crisis, y que además éste siempre ha sido “país para viejos”. Gratificante sorpresa para una servidora encontrar que el aforo del Teatro Cervantes se llenaba de amantes del teatro, sin entender de edades, teniendo en cuenta que estábamos a punto de enfrentarnos a Eurípides, poeta trágico griego por excelencia.

Pero Hécuba no venía a pagar una novatada. Su rotundo éxito en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida este pasado año era aval seguro de que esa noche iba a pasar algo grande. El humo advierte que la puesta en escena acaba de dar comienzo. Cubre una Troya derruida, una triste sombra de lo que algún día fue, en la que los lamentos de las esclavas confirman la pérdida de la batalla. Entonces aparece ELLA, Concha Velasco en la piel de una reina convertida en esclava, dueña y señora de un paraíso convertido en un infierno. Cada uno de sus pasos sobre el escenario deja huella en la retina y cada una de sus intervenciones obliga a tragarnos la hiel de una madre que ha perdido a su esposo e hijos. “Anúnciales que yo soy la más desgraciada de todas”, mastica palabra tras palabra su tragedia y su necesidad de venganza. Venganza como único remedio para alcanzar la justicia. Tan irónica la vida, que Eurípides demostró que la unión hace la fuerza (incluso para los más desvalidos), y que es posible arrancar la venda a la más ciega de las concepciones sociales, perfectamente extrapolable a un 2014, que encuentra en las ruinas de Troya y en Hécuba un ápice de esperanza para nuestras propias vidas.

El resto del reparto, también espectacular. Soberbios especialmente Juan Gea como Agamenón y María Isasi como la valiente Polixena, bajo la dirección de un José Carlos Plaza que ha entendido, amado y llevado a lo más alto a estos personajes. Como punto débil, porque la perfección no es ni siquiera cosa de dioses, el intento de musicalización en los cánticos, que a veces provocaban que por unos instantes la mente se escapara de la acción. Quizá una mala armonización, o quizá una voz demasiado dulce para expresar semejante dolor.

Sea como fuere, Hécuba es la demostración de que el teatro es atemporal, extrapolable a cualquier tipo de sociedad y capaz de hacernos entender que hasta el ser más vulnerable aún tiene como arma su propia dignidad; pero sobre todo, Hécuba es la demostración de que el teatro, es vida.

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