La Caja B: la noche en que Christina Aguilera no opacó a Lady Gaga

La Caja B: la noche en que Christina Aguilera no opacó a Lady Gaga
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La Caja B: la noche en que Christina Aguilera no opacó a Lady Gaga

Por · 18 diciembre, 2013

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Hubo un tiempo, a principios de los 90, en que el mundo de la música rendía pleitesía a la figura de la Diva. Con D mayúscula. Esa suerte de Diosas del Olimpo con voces imposibles que servían como referencia para el público femenino y como objeto de deseo y culto para sus parejas. ¿Dónde quedó aquel respeto? ¿Por qué la actuación conjunta de Lady Gaga y Christina Aguilera marca un punto de inflexión en el actual mundo del pop? 

Hubo un tiempo también en que la música empezó a deshumanizar esas figuras, llevando a muchas de ellas a los límites de su propia salud mental. Con el endiosamiento llegaban las trifulcas: al igual que ocurre con los cultos y religiones, sus seguidores chocaban en la lucha porque su deidad liderara el cotarro. Y los que manejaban y manejan los hilos, conscientes del filón, se aprovecharon de ello. Así surgieron los primeros enfrentamientos mediáticos de las estrellas sin las propias estrellas, ya que muchas de ellas se mantenían siempre al margen. Mariah Carey vs. Whitney Houston o Madonna frente al resto de rubias intraplanetarias, se veían envueltas en una campaña de mala prensa que jaleaba día sí y día también a las masas para nutrirse de ellas. Y esta práctica, visto su buen funcionamiento, se ha extendido a lo largo de las dos últimas décadas. Sean ustedes muy bienvenidos al mágico circuito del pop.

Así pues, Britney Spears y Christina Aguilera, como sucesoras adolescentes de esta fiesta de egos y aún habiendo elegido caminos opuestos, pasaron buena parte de los primeros años de sus carreras como eternas rivales. Un nombre siempre sucedía al otro en cualquier mención. Y esas comparaciones cargadas de odio, han alimentado un fantasma inexistente que crecía y crecía conforme los foros y, posteriormente, las redes sociales, aparecían en nuestras vidas. De ahí a la jungla, solamente quedaba un paso. Hoy día el malogrado mainstream construye y destruye a esas diosas con tal rapidez que ni ellas mismas son capaces de digerir lo que ocurre a su alrededor. De Rihanna a Miley Cyrus, de Katy Perry a Lady Gaga.  Pero, ¿qué ocurre con la música?

Tal es el grado de mercadotecnia actual que las estrellas ya no saben qué hacer ni cómo vender su nuevo material sin que sea destruido al instante por las hordas de fans de sus competidoras

Tal es el grado de mercadotecnia que rodea actualmente a las superproducciones pop que sus grandes representantes, y los equipos que las acompañan, ya no saben qué hacer ni cómo vender su nuevo material sin que éste sea destruido al instante por las hordas de fans de sus competidoras. Para muestra, la reciente y nada celebrada sexualización de la virginal artista que interpretó a Hanna Montana. De ahí que llame la atención que alguien con tamaño desgaste público como Beyoncé, se desmarque de todo este oscuro asunto con una total despromoción de su quinto álbum. Ironías del comercio, este trabajo homónimo se ha convertido, en pocos días y a un par de semanas de cerrar 2013, en uno de los más vendidos del año. La señora de Carter (cómo ahora le gusta hacerse llamar) ha entendido perfectamente que ya es hora de aparcar la lucha y que no triunfa el que más se expone sino el que ofrece su talento al servicio de sus seguidores. Aquella deshumanización de la que hablábamos, toca a su fin, como ha ocurrido a la hora de gestionar el marketing de cualquier empresa. Las divas ahora deben ser humanas, humildes (o lo intentan), reales y asequibles. De ello habla precisamente uno de los temas que han marcado el devenir de este 2013, Do What You Want de Lady Gaga. La norteamericana ha sido una de las artistas actuales que más ha sufrido el acoso de los consumidores y los medios de comunicación. Y ella contraataca a aquellos que prostituyen su imagen, asegurando que pueden hacer lo que les plazca con su cuerpo, pero que jamás controlarán su pensamiento.

Anoche, con el cierre de la última edición del espectacular talent-show The Voice (nada que ver con la edición patria), se producía una nueva muestra de todo este proceso inverso, del regreso al respeto por la música. Dos de esas divas antagonizadas en la eterna lucha por un trono ficticio, Christina Aguilera y Lady Gaga, daban por zanjada su inexistente odio encima de un escenario, mano a mano. Sin que nadie lo esperara. Ataviadas como Raffaella Carrá y Donna Summer. Emulando tiempos mejores e interpretando, a modo de himno con una puesta en escena absolutamente envidiable, ese tema de Germanotta que comparte con R.Kelly y que tiene más trasfondo del que a priori pueda parecer. Los egos se aparcaron para dar paso al espectáculo. Y, de nuevo, se volvió a producir la magia. Que al fin y al cabo, es en lo que consiste este negocio. Twitter, y otros confines del mundo digital, han ardido, esta vez para alabar el asunto. Algo parece estar cambiando, ¿no? Seguiremos informando…

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