[Crítica] La gran belleza, el retrato de la decadencia romana

[Crítica] La gran belleza, el retrato de la decadencia romana
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[Crítica] La gran belleza, el retrato de la decadencia romana

La gran belleza (La grande bellezza)

Director:

Paolo Sorrentino

Reparto:

Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Serena Grandi, Isabella Ferrari, Giulia Di Quilio…

Año:

2013

Duración:

142 min.

10

· 10 Diciembre, 2013

Sucede, a veces, que uno se empeña en querer verbalizar una experiencia en concreto y no encuentra la forma idónea. Que la vulgaridad de la palabra apenas logra hacer sombra a la grandilocuencia de las sensaciones. Que no hay adjetivo que roce la belleza de lo vivido. Sucede, a veces, que hay cosas que no pueden ser descritas y necesitan ser vividas en primera persona. Y sucede, muy pocas veces, que esto lo transmita una película. Pero a veces, sólo a veces, sucede.

La experiencia cinematográfica que proporciona La gran belleza, el último trabajo del director italiano Paolo Sorrentino es sinceramente indescriptible. Y es que esta cinta desprende ese halo intangible e inclasificable de las obras de arte que parecen estar destinadas a convertirse en clásicos, porque sus creadores han sabido captar la esencia heterogénea de una sociedad banal y convertirlo en una obra de arte trascendental.

Son inevitables las comparaciones de La gran belleza con otros hitos de la historia del cine italiano. Se percibe el aroma de la deliciosa 8 ½ de Federico Fellini, y Roma, como otras tantas veces, como en la eterna La dolce vita, vuelve a ser el escenario cinematográfico por antonomasia. Este desfile de personajes grotescos de la fauna romana lo encabeza Jep Gambardella, un escritor de éxito, o lo que queda de él, que entregó su vida a la capital italiana y que, en su sequía vital y creativa, reflexiona acerca del glorioso pasado y el patético presente de una ciudad que fue y ya no es. La decadencia de una ciudad en la que la droga se esnifa a ritmo del remix de la vieja gloria Raffaella Carrá y en la que los nobles y la élite social, sustrato pestilente de la era berlusconiana, hacen cola para inyectarse bótox. Un retrato paródico y satírico de la Roma de la superficialidad, de la silicona, cuna y destrucción de su arte.

Es este un viaje melancólico por la mente de un escritor que clama contra la vacuidad del mundo snob en el que se desenvuelve, Sorrentino demuestra un virtuosismo inaudito tras las cámaras y nos ofrece un espectáculo visual exquisito. No en vano, el mismo día en que La gran belleza se coronaba como la mejor película en los Premios del Cine Europeo del 2013, el napolitano se hacía también con el galardón al mejor director del año. Y es que Paolo Sorrentino se ha ganado con creces el apelativo de genio gracias a La gran belleza, el nuevo hito del cine europeo contemporáneo. Una cinta recién nacida que, como la ciudad a la que rinde homenaje y demoniza, aspira a la eternidad.

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