[Crítica] El Hobbit: La desolación de Smaug y el retorno del Rey Jackson

[Crítica] El Hobbit: La desolación de Smaug y el retorno del Rey Jackson
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[Crítica] El Hobbit: La desolación de Smaug y el retorno del Rey Jackson

El Hobbit: La desolación de Smaug

Director:

Peter Jackson

Reparto:

Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, James Nesbitt…

Año:

2013

Duración:

160 min.

8.5

· 11 Diciembre, 2013

Han pasado diez años desde aquel majestuoso cierre que El retorno del Rey suponía para la trilogía de El señor de los anillos. Una década en la que el modo de hacer cine ha cambiado, debido a una evolución técnica (necesaria o no) enarbolada por películas como Avatar, que nos ha permitido explorar mundos imposibles más allá de las fronteras de la imaginación. Pero si algo tiene la imaginación es ese punto de magia que el séptimo arte estaba perdiendo en favor de la espectacularidad. Hasta que entró de nuevo Peter Jackson en el juego.

Con El Hobbit: un viaje inesperado, Jackson volvía a demostrar que no le tiembla el pulso a la hora de recrear el universo de Tolkien. Y que, pese a haberse puesto el listón bien alto con la trilogía del anillo, su propuesta no consistía en repetir los aciertos de aquella. El Hobbit tenía un nuevo encanto, un cierto aire aventurero que le alejaba de las lúgubres historias que rodeaban a Frodo y compañía y que recordaba a las películas familiares que colmaron de alegría nuestra infancia. Un toque de humor (muy desarrollado también aquí) y una simpatía que, no sólo hacía más accesible la franquicia para el público no fan de la obra del legendario autor, sino que parecía abrir nuevas posibilidades para la Tierra Media. Lo que muchos echaron en falta en aquella primera entrega, a pesar del cambio en la paleta de color y del evidente abandono de la oscuridad épica de los anteriores capítulos, era el factor de novedad. Pero el bueno de Peter, como artesano que conoce a las mil maravillas los intrincados recovecos del show business, escondía un as en la manga.

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Peter Jackson está en plena forma, desplegando su maestría en el diseño de producción con nuevos escenarios y personajes definidos con total profundidad

El Hobbit: La desolación de Smaug nos permite continuar la historia de los 13 enanos que, liderados por Thorin, intentarán reconquistar la Montaña Solitaria en la que reside el temerario dragón Smaug. Pero encontraremos en el camino a un Jackson en plena forma, desplegando su maestría en el diseño de producción con nuevos escenarios y personajes definidos con tal profundidad que pueden parecer reales. Todo ello, por supuesto, acompañado de impactantes imágenes de la remota Nueva Zelanda, localización en la que se ha rodado toda la saga. Así, en una frenética huída por contemplar los últimos rayos de luz del Día de Durin bajo la falda de la montaña, los a primera vista nada temibles enanos, acompañados por Gandalf el Gris (Ian McKellen) y Bilbo Bolsón (espectacular Martin Freeman), se encontrarán en la cabaña del cambiaformas Beorn (Mikael Persbrandt), pondrán en peligro sus vidas al atravesar un alucinante -en el sentido más estricto del término- Bosque Negro, en los dominios de los elfos Silvan gobernados por el rey Thranduil (Lee Pace), y llegarán a buen puerto en una Esgaroth colmada de podredumbre y pobreza. La ciudad de los hombres dirigida por un irreconocible Stephen Fry y aupada por la revolución del proletario Bardo (Luke Evans) fue destruida con la llegada de Smaug y verá cumplida, o no, la profecía del retorno del Rey bajo la montaña.

Un reparto de absoluto lujo en el que destaca otro retorno, el del personaje interpretado por Orlando Bloom, un intrigante Legolas que cumplirá un papel importante en este segundo volumen junto a otro elfo definido exclusivamente para la película, Tauriel (Evangeline Lilly). Pero si de personajes clave hablamos, cabe destacar a un soberbio Smaug en el que por fin notamos la mano experta de Guillermo del Toro (recordemos que aunque abandonó la dirección del proyecto, el mexicano sí figura como guionista en los créditos). El actor inglés Benedict Cumberbatch dará vida a uno de los personajes animados más complejos y sorprendentes de la historia del cine y nos brindará un cara a cara de aplauso con su compañero en la ficción británica Sherlock Holmes, el protagonista absoluto de la cinta, Martin Freeman.

Howard Shore repite en el apartado musical, dirigiendo con mano firme sus pasos orquestales hacia esa recuperada oscuridad que desprende el film, tendiendo un puente entre la mítica “leyenda” de la destrucción de Sauron y ese mundo previo que Tolkien plasmó con todo lujo de detalle hace más de 7 décadas en El Hobbit. De anillo en esta ocasión, vamos también más que sobrados.

Corran, amigos. ¡Corran por sus vidas! Corran, siempre hacia sus salas de cine. Disfruten de la experiencia, a ser posible en versión original y en un más que aprovechado 3D, porque, si esto es lo que Peter Jackson puede ofrecer con un capítulo intermedio, no podemos hacernos ni una mínima idea de lo que nos espera para la conclusión de la trilogía a finales del próximo año. Larga vida al Rey.

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