La Caja B: ¿Y si los políticos estuvieran buenos?

La Caja B: ¿Y si los políticos estuvieran buenos?
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La Caja B: ¿Y si los políticos estuvieran buenos?

Por · 11 Diciembre, 2013
La Caja B: ¿Y si los políticos estuvieran buenos?

Los ciudadanos están desesperados. Nadie parece capaz de salvarnos de esta situación desastrosa. Hemos confiado en unos señores con traje y corbata pensando que nos iban a dar seriedad, responsabilidad y soluciones y, en su lugar, nos han dejado miseria, pobreza y mucha indignación. ¿Y si en lugar de estos políticos mediocres hubiéramos confiado en unos buenos chulazos? ¿Nos habría ido mejor? ¿Por qué los guapos no pueden ser políticos?

Ha llegado el momento de empezar a cambiar las cosas. Dejemos de movernos por la inercia, de pensar que lo que está inventado ya no se puede cambiar, que tenemos el sistema menos malo dentro de los malos, que cualquier cosa diferente resultaría peor aún sin haberla ni probado. Llevamos escuchando la misma cantinela desde el inicio de los tiempos y nos la hemos creído como si se tratara de un dogma, sin preguntarnos si los que nos incitan en esta dirección lo hacen porque realmente lo piensan o porque es la más beneficiosa para sus bolsillos. Ahora ya no tenemos duda, lo es. ¿No deberíamos dejar de encendernos en twitter y empezar a cambiar las cosas en la calle? Pero no piensen que este es el mismo discurso inconformista de siempre. No nos referimos a devolver el poder a los ciudadanos, a castigar a los infractores y pasar por la guillotina a los que, encima, se ríen de nosotros con total impunidad, no, eso es algo que debe presuponerse. La cuestión aquí pasa por renovar completamente la casta política. Mandar a esos señores a sus casas y sustituirlos por chulazos. ¿Qué pasaría si los políticos estuvieran buenos?

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Hasta ahora habíamos pensado que una imagen seria y poco atractiva de los políticos nos garantizaba una responsabilidad en su gestión y una coherencia en sus opiniones. Tal vez no lo hiciéramos conscientemente pero en nuestro interior sabíamos que estaba bien. Les presuponíamos cultura, formación y un sentido de la moral más recto de lo normal. Creíamos que con sus trajes, sus corbatas, sus camisas planchadas, sus gafas con montura de metal y sus peinados poco estridentes nos querían transmitir que no tenían tiempo para preocuparse por su imagen, pues estaban dedicados en cuerpo y alma al servicio público. Hemos confiado el destino de este país a los señores más feos que hemos encontrado, ¿y qué hemos conseguido? Nada. Nos han arruinado, nos han maltratado, nos han ninguneado, nos han estafado, malversado, insultado y vilipendiado, y lo han hecho todo mientras se aplicaban más gomina a su acartonado tupé. ¿Es esto lo que queríamos? ¿Es esto lo que prometían sus fotos de campaña convenientemente retocadas y sus trajes a medida pagados con impuestos públicos? ¿Dónde está la seriedad ahora?

Pongamos a cuerpos esculturales en la palestra y dejemos que sean ellos los que se encarguen del país. ¿Qué puede salir mal?

Ante esta catástrofe solo podemos hacer una cosa. Renovar el panorama. Dejémonos de pequeños cachorros provenientes de las plantas jóvenes de los partidos, no les demos la oportunidad a los que han crecido a los horribles pechos de los que nos gobiernan. Busquemos una reestructuración global y organicemos un casting para Presidente del Gobierno. Hagamos un Miss y Mister España aplicado a la política, por supuesto, donde los más guapos se queden con los cargos más importantes. Dejemos que los ciudadanos voten, no en función de un programa electoral que, total, nunca se termina aplicando, sino en base a los desfiles en bañador, traje de noche y traje regional. Pongamos a cuerpos esculturales en la palestra y dejemos que sean ellos los que se encarguen del país. ¿Qué puede salir mal? ¿Que no estén preparados? ¿Que no sepan hablar en público? ¿Que no tengan ni idea de gestionar el dinero? ¿Que metan la pata constantemente? ¡Pero si eso ya lo tenemos! Al menos, así, podremos presumir de cuerpo delante de toda Europa.

cicciolina-vota-politicos-caja-bImaginen las reuniones del Consejo de Ministros llenas de caras guapas, de trajes ajustados y de peinados dignos de la mejor telenovela. Los plenos del Congreso y del Senado con photocalls dignos de un preestreno de Hollywood. Los Ministros inaugurando pabellones o estaciones del Ave como si estuvieran en Cibeles. La oposición haciéndose editoriales para las principales revistas, protagonizando portadas de suplementos y registrando propuestas de Ley con conjuntos de alta costura. Un sueño que no pudieron ni imaginar los italianos cuando Cicciolina se presentó a las elecciones. ¿Era mejor Berlusconi que Cicciolina? Total, ambos terminarían haciendo del porno su principal ocupación, pero al menos la actriz había dejado claro su profesión desde el principio. ¿Por qué los guapos no pueden ser políticos? ¿Acaso tienen menos credibilidad? ¿Acaso no pueden demostrar la misma valía? ¿Acaso no es mejor que nos suba el IVA Quim Gutiérrez que Mariano Rajoy? Yo, desde luego, no tengo ninguna duda. Dejemos que los guapos dirijan el país, ya que con los feos no hemos llegado a ninguna parte.

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