Woody Allen al desnudo: retrato de una extraña personalidad

Woody Allen al desnudo: retrato de una extraña personalidad
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Woody Allen al desnudo: retrato de una extraña personalidad

Por · 23 Noviembre, 2013
Woody Allen al desnudo: retrato de una extraña personalidad

Woody Allen vuelve a estar de actualidad por el éxito de su última película. Pero ¿qué hay de esas fobias y traumas vitales que el aclamado director ha transmitido en sus cuatro décadas en activo? 

La filmografía del director americano es una de las más personales y reconocibles de la historia del cine. Y no sólo porque gran parte de sus películas las ha protagonizado él mismo, sino porque el neurótico y excéntrico genio ha utilizado sus creaciones como medio para plasmar sus angustias, sus fobias y sus traumas vitales. Así pues, el hipocondríaco más célebre de Manhattan se ha desnudado constantemente en una serie de temas recurrentes en sus más de 40 años detrás y delante de las cámaras. Pero, ¿qué nos cuentan las películas de Woody Allen sobre él mismo?

Lo que necesita es amor, en todas sus variantes

Relaciones que nacen y mueren prematuramente, gente con la misma puntería que un tuerto a la hora de escoger a su pareja ideal, cuernos, divorcios… Las relaciones humanas en sus múltiples variantes es algo que trae de cabeza a Woody Allen. Sueños de un seductor, Manhattan o Annie Hall… En muchas de sus películas, sus personajes intentan alcanzar torpemente el amor, con un éxito más bien relativo.

Su extraña manía de no querer morir (AKA. El enfermo imaginario)

La vida es una enfermedad que se transmite sexualmente y cuya tasa de mortalidad es del 100%”. Ahí va un dato curioso: a pesar de haber protagonizado más de la mitad de sus películas, sólo uno de los personajes que ha interpretado Woody Allen se enfrenta a la muerte. No es casualidad teniendo en cuenta la fobia que el director americano tiene a enfrentarse a la de la capucha y la guadaña. Una muestra de su obsesión por no estirar la pata la encontramos en las películas La última noche de Boris Gruschenko o Hannah y sus hermanas, en las que Allen muestra su optimista – nótese la ironía- visión de la vida. Y es que, como él mismo afirma: “no es que le tenga miedo a morir, es que no quiero estar allí cuando suceda”.

La fobia del bueno de Woody a cualquier tipo de enfermedad también se ha plasmado también en sus películas. Y lo peor de todo es que esto no dista mucho de la realidad, ya que según él mismo cuenta, una vez fue al hospital convencido de que tenía un tumor cerebral porque se había despertado con el labio agrietado. No es de extrañar de una persona que llegó a decir que las palabras más hermosas no son ‘te quiero’, sino ‘es benigno’.

Dios, ese gran ausente

Aunque Woody procede de una familia judía de origen ruso-astríaco, su relación con Dios siempre ha sido distante. El director, a través de sus alter egos fílmicos, se ha planteado muchas veces el sentido de las religiones. Para él, ‘son como clubs, exclusivistas todas. Fomentan el concepto de los nuestros para que sepas a quién odiar’. Desmontando a Harry o Hannah y sus hermanas son sólo dos de sus películas en las que utiliza a los personajes para hacernos llegar su visión sobre un tema en específico. Woody Allen lo tiene claro: ‘Dios, o no existe, o es un incompetente’.

¿Aquí no veníamos a hablar de sexo?

Woody Allen es de los que, a pesar de su edad, sigue sintiendo el instinto más primitivo del ser humano tan vivo como en tiempos mozos. Títulos de su filmografía como Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo, pero nunca se atrevió a preguntar o Comedia sexual de una noche de verano no hacen más que poner de manifiesto que el sexo es una de sus recurrentes obsesiones en el cine. Y es que, como el mismo dijo: “Sólo existen dos cosas importantes en la vida. La primera es el sexo, y de la segunda no me acuerdo”.

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