[Crónica] Jacuzzi Boys, sesión de garage que haría las delicias de Iggy Pop (Sala Siroco, 24/11)

[Crónica] Jacuzzi Boys, sesión de garage que haría las delicias de Iggy Pop (Sala Siroco, 24/11)
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[Crónica] Jacuzzi Boys, sesión de garage que haría las delicias de Iggy Pop (Sala Siroco, 24/11)

Por · 27 Noviembre, 2013

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Fotografía: Eva San Juan (Copyright Eva San Juan / B-side Magazine)

El garage-rock se escuchó fuerte y claro la noche del pasado domingo en Madrid. Jacuzzi Boys venían a presentar su tercer álbum homónimo a la capital con la firme intención de hacer temblar la sala Siroco.

Tuvieron como teloneros a Sangre, seis chicas de Madrid que estrenan el EP Sangre es Amor y sirvieron como aperitivo perfecto para la que se avecinaba: una magnífica sesión de garage-rock con tintes punk y psych que haría las delicias del mismísimo Iggy Pop.

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Gabriel Alcalá, Diego Monasterios y Danny González, el trío masculino que conforma Jacuzzi Boys, tomaron el escenario sin contemplación y, a golpe limpio de guitarra, fueron ganándose al público. Glazin’ fue el punto de inflexión para encender los ánimos de los allí presentes, que empezaron a saltar sin parar. Domino Moon, Double Vision y Be my Prism, cortes de su último disco, fueron de los temas más coreados de la noche. Pero tampoco faltaron canciones de sus trabajos anteriores, como No Seasons o Planet Of The Dreamers que crearon momentos de auténtico desenfreno en la sala.

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A pesar de la poca afluencia, la emoción era tal que el baile se convertía en olas de pogo por momentos. De hecho, las primeras filas vibraban de tal forma que era casi imposible estar en el mismo sitio durante dos canciones seguidas. Estaba claro que lo estaban dando todo; y su público con ellos.

Momento destacado de la cita fue el último tema del concierto. Gabriel pidió expresamente que se pusieran las luces estroboscópicas durante toda la canción y ahí, en medio de las ráfagas de luz, desató toda la potencia de su guitarra llegando casi hasta el paroxismo cuando se le unieron la batería y el bajo. Los asistentes enloquecieron con ellos, gritando y bailando durante los casi seis minutos que duró la despedida. Un cierre por todo lo alto no apto para epilépticos.

No obstante, la única pega fue el sonido de la sala que repercutió, sobre todo, entre los que estábamos delante y que hacía ininteligibles las canciones a ratos. Problemas técnicos que, sin embargo, quedaron en segundo plano gracias a la energía de los de Miami. Nos dejaron pidiendo “otra, otra…”. Y así seguimos hoy.

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