[crítica] La vida de Adèle: el despertar de la revolución sexual

[crítica] La vida de Adèle: el despertar de la revolución sexual
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[crítica] La vida de Adèle: el despertar de la revolución sexual

La vida de Adèle (La vie d’Adèle)

Director:

Abdellatif Kechiche

Reparto:

Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux, Salim Kechiouche, Mona Walravens…

Año:

2013

10

· 7 Noviembre, 2013

Hay películas que incomodan. Películas que llegan donde antes pocos se han atrevido. Películas que saben dónde y cuándo llegar y generan la controversia que sólo las obras y directores osados pueden conseguir. Películas sin mordazas y que, quizás sin pretenderlo, desprenden un espíritu reaccionario que las hace imprescindibles. Películas únicas y memorables. Y ‘La vida de Adèle’ cumple todos los requisitos.

Después de ganar la Palma de Oro en el último festival de Cannes, lo último del director franco-tunecino Abdellatif Kechiche llega a nuestras pantallas. La vida de Adèle, inspirada en el cómic de Julie Maroh El azul es un color cálido, llega a nuestras pantallas precedida por la polémica. Seguramente porque ha surgido en el momento y lugar adecuados. El momento es ahora, y el lugar, el epicentro de la controversia, la Francia del 2013. Y es que, si juzgamos las multitudinarias y belicosas manifestaciones en contra del matrimonio homosexual que se han producido en los últimos meses, los galos parecen haber sido víctimas de una nube de amnesia colectiva que les ha hecho olvidar que aquello de la ‘Liberté, égalité, fraternité’ no sólo va con ellos, sino que sustenta la razón de ser de su historia.

La vida de Adèle supone un necesario guantazo en la cara a aquellos que no saben ver más allá de donde alcanza su mirada. Kechiche nos propone acompañar a su protagonista en el despertar de su revolución sexual. Adèle (Adèle Exarchopoulos) es una joven que tendrá que luchar contra los prejuicios propios y ajenos cuando comienza a sentirse fuertemente atraída por Emma (Léa Seydoux), una enigmática chica de pelo azul que captará su atención desde el primer día en que el destino quiso que se cruzaran.

La magia de La vida de Adèle reside en nuestro papel como espectadores. Vivimos su historia de amor con la intensidad propia de una adolescente que acaba de descubrir que hay diferentes acepciones del término amor que nunca le han sido planteadas. Y exploramos su sexualidad al mismo tiempo que ella: nos enredamos en sus sábanas, besamos su piel, bebemos de sus besos y vivimos su sexo de manera explícita. Y he aquí el germen de las críticas cosechadas. A Abdellatif Kechiche no le tiembla la cámara y nos muestra escenas de sexo explícito en las que muchos vemos poesía, y en la que otros sólo ven provocación innecesaria.

Pero, ¿es verdaderamente innecesario? El simple hecho de que hoy en día se sigan produciendo este tipo de debates es evidencia suficiente para poder afirmar que no, que se necesitan películas valientes como esta. Que tres minutos de amor sin prejuicios en una gran pantalla pueden hacer mucho más que cualquier manifestación que nace del odio. Que la de Adèle es una extraordinaria historia de amor que aspira a ser común. Y que, en definitiva, el cine necesita ver todos los amores posibles, y todos los posibles del amor.

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