[crítica] Las brujas de Zugarramurdi: De la Iglesia vuelve a sus inicios

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[crítica] Las brujas de Zugarramurdi: De la Iglesia vuelve a sus inicios

Las brujas de Zugarramurdi

Director:

Álex de la Iglesia

Reparto:

Hugo Silva, Mario Casas, Carmen Maura, Terele Pávez, Pepón Nieto, Macarena Gómez…

Año:

2013

Duración:

112 min.

6.0

· 3 Octubre, 2013

¿Qué hacen Bob Esponja, Jesucristo crucificado, un soldadito de plomo y Minnie Mouse en la Puerta del Sol? Podría ser el inicio de un chiste, pero no. Es la primera escena de Las brujas de Zugarramurdi, la nueva película de Álex de la Iglesia con la que el director parece querer reconciliarse con sus gamberros inicios.

Las brujas de Zugarramurdi es un ejercicio excéntrico, técnicamente impecable y visualmente arrollador. Desde la primera secuencia, una bocanada de aire fresco nos engancha a la butaca y no nos hace perder detalle de la fuga de unos ladrones de pacotilla que, después de un fallido intento de robar en un Compro Oro, secuestran a un taxista para huir hacia Francia. Se interpondrán en su camino un grupo de brujas de la localidad navarra de Zugarramurdi, que están profundamente interesadas en algo que les acompaña en el viaje y que tratarán de retenerlos hasta conseguirlo.

Se nota que Álex de la Iglesia ha puesto toda la carne en el asador, entre otras por el alto presupuesto que ha manejado, unos 6 millones de euros. Se nota también que cree en aquel que dijo que no hay que cambiar nada si algo funciona, porque vuelve a tocar temas que antaño le supusieron éxito y reconocimiento, como el satanismo o la brujería. Y por supuesto se nota que conoce bien su público y lo que esperan de él, porque la película combina a la perfección el terror y la comedia. Aunque todo sea dicho, a veces la caspa le gane el pulso al ingenio y uno tema que, en el momento menos esperado, aparezca Gracita Morales o Fernando Esteso a formar parte de este aquelarre.

Un guión atrevido y delirante. Un ejercicio de entretenimiento más que plausible pero tremendamente irregular.

Su habitual colaborador, Jorge Guerricaechevarría firma junto con el propio De la Iglesia un guión atrevido y delirante, que, no obstante, pierde intensidad al mismo ritmo que el taxi con el que se fugan. Y es que, a pesar de ser un ejercicio de entretenimiento más que plausible, la película es tremendamente irregular, y combina puntos álgidos que rozan la maestría con baches narrativos en los que el interés decae estrepitosamente. Con seguridad que en ello influyen la débil construcción y definición de los personajes principales, que no encuentran su equilibrio en esta película coral. Por suerte, el maravilloso elenco, con las excepciones de los insulsos Mario Casas y Carolina Bang, endereza la embarcación y la salva de un naufragio seguro. A parte de las enormes Carmen Maura y Terele Pávez, hay que destacar el papel de Macarena Gómez, que maneja con gran habilidad su particular histrionismo para perfilar uno de los personajes más cómicos de la película.

En resumen: apuesta atrevida, conjunto irregular. Lo que sí queda claro después de ver Las brujas de Zugarramurdi es que te puede gustar más o menos pero hay algo que nadie podrá negar: Álex de la Iglesia es uno de los creadores más originales del cine europeo actual. Sus historias, siempre vacilantes entre la comedia más absurda y el terror más surrealista, firmaron desde sus inicios la marca de la casa. Y aunque en sus últimas películas parecía haber perdido un poco el rumbo que le hizo famoso por films como Acción Mutante o El día de la bestia, con Las brujas de Zugarramurdi vuelve a demostrar que su condición de enfant terrible de los 90 sigue vigente como el primer día. Y que su locura todavía tiene cuerda para rato.

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