[Crítica] The Kings Of Summer (2013)

[Crítica] The Kings Of Summer (2013)
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[Crítica] The Kings Of Summer (2013)

The Kings Of Summer (Toy’s House)

Director:

Jordan Vogt-Roberts

Reparto:

Nick Robinson, Gabriel Basso, Moises Arias, Nick Offerman…

Género:

Comedia, adolescencia

Año:

2013

Duración:

93 min.

5.0

· 26 Septiembre, 2013

Ni fu ni fa. ¿Conocéis esa sensación? ¿Esa inercia que te obliga a acabar de ver una película por el simple hecho de haberla empezado? Para quedarte, al menos, con el consuelo de no haber perdido 45 minutos de la tarde del sábado viendo algo que ya has visto mil veces. Algo dentro de ti te dice que esperes, que el aburrimiento valdrá la pena, que seguro que la cosa reflota un poco en la segunda mitad, porque las críticas que has leído la ponen por las nubes… Pero se acerca el minuto 90 y el nivel de emoción sigue ahí, a la altura del dedo gordo del pie.

The Kings Of Summer, debut en el celuloide del director Jordan Vogt-Roberts, es una comedia que intenta retratar el paso de la adolescencia a la incipiente edad adulta de un grupo de jóvenes. Joe (Nick Robinson) junto a sus dos amigos, Patrick (Gabriel Basso) y Biaggio (Moises Arias), deciden escaparse de casa, huyendo de sus opresivos progenitores, y construir una cabaña de madera en el bosque (vaya con la casita, muchos capítulos de Bricomanía deben haber visto). Bajo este nuevo techo en mitad de la nada, que de alguna manera simboliza el aislamiento interior tan típico de estas edades, ellos establecerán sus reglas, lejos de las exigencias del control paterno.

Un guión manido, sin consistencia y falto de originalidad con un exceso de música…

Eran altas las expectativas, y quizás ello influya en el posterior desencanto. Porque The Kings Of Summer, que compitió en la Selección Oficial en el Festival de Sundance, ‘una hilarante comedia, última gran sorpresa del cine independiente’ no es más que un llamativo y colorido envoltorio que no trae más que aire en su interior. Una de dos: o los yanquis han perdido el gusto, o el cine ‘indie’, que tantas pasiones ha despertado en los últimos años, está vendido al mejor postor o al primer hipster de barba melenuda que decide hacer una película de bajo presupuesto con canciones de MGMT.

Vogt-Roberts sabe que su película hace aguas e intenta paliar las carencias de un guión manido, sin consistencia y falto de originalidad con un exceso de música, hasta el punto que, en algunos momentos, uno se plantea si está viendo una sucesión de videoclips o un film. A pesar de ello, y esta puede ser la única cosa a positiva a destacar, nadie puede reprocharle al director su buen gusto musical. La carcajada prometida, que nunca llega, se queda en conatos de sonrisas producidos por bromas facilonas y situaciones forzadas.

Es difícil vislumbar si el director pretendía lanzar al espectador un mensaje más profundo que resultó fallido, o si tal vez la vacía ligereza de contenido era la buscada. Sea como sea, la historia de estos adolescentes rebeldes, que empiezan a cambiar la pelusa de debajo de la nariz por la barba, deja indiferente, con la sensación de que podría haberse hecho algo mucho mejor. Vamos, que ni fu ni fa, ni chicha ni limoná.

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