[Crónica] Muse (Emirates Stadium, Londres, 25 de mayo de 2013)

[Crónica] Muse (Emirates Stadium, Londres, 25 de mayo de 2013)
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[Crónica] Muse (Emirates Stadium, Londres, 25 de mayo de 2013)

Por · 29 Mayo, 2013

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El pasado 25 de mayo, más de 60.000 personas llenaron el Emirates Stadium de Londres para ver a Muse, que viviría la primera de sus dos noches memorables en la capital británica. Tras reventar en Coventry el miércoles anterior, donde algunos vecinos de la población alertaron a la policía de que el Ricoh Arena estaba literalmente en llamas, el trío británico demostró por qué es considerada como una de las mejores bandas de la actualidad, elevando su directo con un espectáculo visual a la altura de su inigualable categoría musical.

Y es que vivir un concierto de Matt Bellamy, Dominic Howard y Chris Wolstenholme en Londres es una experiencia incomparable. En una Londres además, repleta de alemanes por la final de la Champions League en Wembley, donde Muse llenó en cuatro ocasiones en las giras correspondientes a sus anteriores álbumes.

Sobre las seis de la tarde inauguraban la velada la emergente banda local Bastille, presentando su más que interesante Bad Blood. Bastille ofreció media hora de buena música, con una formación basada en teclados, carente de guitarras. Abrieron con el segundo single de su LP y, tras interpretar temas como Laura Palmer, Overjoyed o Icarus, acabaron con su canción más famosa, Pompeii, que arrancó algunos coros del público del Emirates. Muy atentos a la formación liderada por Dan Smith: su directo va en consonancia con la calidad de su primer trabajo.

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Una hora después, le tocaba el turno al rapero Dizzee Rascal. Curiosa la elección del MC inglés para ser el principal telonero de Muse. La única explicación posible, dada la diferencia de estilo, es su condición de local. La verdad es que Dylan Mills y los suyos lo dieron todo intentando mover al público de un Emirates practicamente lleno, quizás consiguiéndolo más en los intermedios entre las canciones (momento foto con el público para Instagram incluído) que con su propia música, de la que podríamos destacar Bassline Junkies y Bonkers, tema con el que cerró su actuación.

Todo esto no fue más que un pequeño aperitivo de lo que faltaba por llegar. Un poco antes de las ocho y media, los primeros compases de la instrumental Unsustainable despertaban los gritos del público. El escenario se encendía por completo, y en la pantalla central aparecía una reportera advirtiendo del peligro que podría suponer el incremento de la entropía en un sistema aislado -como ya hiciera en el vídeo promocional del disco- y, tras declararse el sistema inestable, una explosión de gritos sacudió el estadio para recibir al trío de Devon, que empezó con potencia con uno de los singles de su último trabajo, Supremacy, acompañado de llamaradas a ritmo en la parte superior del escenario. Espectacular.

BLJoLTRCYAImos5.jpg large copiaSin tiempo para respirar, prosiguieron con Supermassive Black Hole. Cómo anécdota, Bellamy no entró en el primer compás y reconoció tras un sonado “fuck” que se había equivocado de canción. Pero es que hasta el falso comienzo del tema sonaba perfecto.

Siguieron presentando uno de los temas más rítmicos y pegadizos de su nuevo trabajo, Panic Station, mientras se proyectaba en las pantallas del escenario unas caricaturas animadas de los líderes mundiales más representativos bailando de forma hilarante. El breakdance de Obama no tuvo precio. Tras este primer bloque de canciones, el carismático vocalista se fue hacía el B-Stage situado en el centro del estadio a través de la pasarela para continuar interpretando temas de sus anteriores trabajos, Bliss y Resistance, mostrándose muy cercano al público en todo momento. Muchos le achacan no ser un frontman completo por su carácter algo frío, pero es que Matt Bellamy es incomparable. Un genio musical absoluto que no se limita a su condición de lider.

Otro tema de su nuevo disco, Animals. Más calmado que los anteriores, empezó a poner a punto el show audiovisual que Muse ofrecería esa noche. Un ejecutivo enfadado en la pantalla cobró vida mediante la presencia de un actor en el escenario, y corrió por la pasarela que le llevaba al stage del centro del campo para arrojar billetes desenfrenadamente a la multitud. Al final, entre tanta locura, acabó inconsciente en el escenario ante la atenta mirada de la cámara.

Todavía con aquel personaje yaciendo en escena, Chris Wolstenholme se dirigía al escenario central desenfundando su harmónica para interpretar el conocido Man of the Harmonica de Ennio Morricone, ante la excitación de los fans que ya sabían lo que seguía: Knights of Cydonia. Es posiblemente una de las canciones más poderosas que he visto en directo. Todo un himno de Muse que en un estadio resuena con más fuerza que nunca. Fue sin duda el primer plato fuerte de la noche, con el que la multitud se acabó de despertar para entregarse por completo al resto del show.

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El siguiente gran momento fue disfrutar de Bellamy en el piano interpretando United States of Eurasia, gran homenaje a Queen que fue uno de los singles de su disco The Resistance. Hubiera estado bien que hubiese acabado con el Collateral Damage del disco, el Nocturno en Mi bemol mayor Op 9. Nº2 de Chopin. Se echó en falta algo de Fréderic o de Rachmaninoff en este concierto, o que ya de paso tocaran ese temón en directo que es Butterflies & Hurricanes (que sí incluirían al día siguiente).

Tras recuperar Dead Star, la versión de Feeling Good de su Origin of Symmetry empezó a sonar acompañada del segundo número teatral. Una ejecutiva pegada a su móvil camina por la pasarela y de nuevo fallece en el escenario central acompañando los últimos acordes de la canción de una forma macabra: ingiriendo gasolina.

El show continuó con canciones de The 2nd Law. Fue el turno de los temas Follow Me y Liquid State, que canta el bajista y que podría ser mucho más potente con la voz de Bellamy. Acto seguido sonaría el single del disco, Madness, de la que Chris Martin afirmó que era “la mejor canción de Muse hasta la fecha”. Aunque no lo es, ni de lejos. Matt juega a ser Freddy Mercury de nuevo y con el riff final de guitarra también parece querer homenajear a Brian May.

Con los acordes de House of The Rising Sun la banda introdujo otro de sus clásicos, Time is Running Out. Y para concluir el primer bloque del show, una ruleta determinaría la suerte de la canción siguiente: New Born o Stockholme Sydrome. Tras detenerse en New Born (de mis canciones favoritas), Muse lo dio todo con uno de sus temas más espectaculares en vivo para pasar a la segunda fase del concierto en la que interpretaron canciones más calmadas en el escenario central. A pesar de no ser muy fan de su repertorio de baladas, a excepción de la genial Falling Away With You y de Invincible, el directo sirvió para vivir una experiencia interesante: primero con los móviles que iluminaban todo el estadio a oscuras en Unintended y después, con Blackout de fondo, con el enorme globo en forma de bombilla que sobrevoló el estadio, del que bajó una bailarina para hacer acrobacias en el cielo de Londres. Guiding Light y Undisclosed Desires cerraron este bloque de canciones.

Después de un mínimo descanso, como un déjà vu del inicio, las cuerdas de Unsustainable traerían para bailar la parte dubstep a un invitado muy especial: el robot Charles, de casi 5 metros de altura, la última y más bizarra de las sorpresas de la noche. Tras esta aparición estelar, dos tema cerrarían el primer encore: el clásico Plug In Baby y la canción de los Juegos Olímpicos de Londres Survival.

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Un breve parón precedería al segundo de los encores. Con las notas de Isolated System, Muse preparó a su público para lo que sería un final apoteósico, con Uprising y Starlight de protagonistas. Ésta última, un himno que funcionó a la perfección como broche de oro a una velada mágica.

Y es que además de demostrar que en directo son una barbaridad sonora, Muse ofreció su mejor espectáculo hasta la fecha. Pero también es cierto que tanto Resistance como The 2nd Law no están a la altura de sus anteriores trabajos. Pese a ganar en directo, contados temas compiten en energía con algunos de sus éxitos (me atrevería a decir que solo Uprising y Unnatural Selection podrían estar a la altura en este aspecto). Pero de lo que no hay duda es de la potencia de la propuesta escénica de los ingleses, que va in crescendo en cada nueva gira: explosiones, llamaradas, UFOs y bombillas sobrevolando el escenario con acróbatas dentro, un robot con leds de 5 metros… es un verdadero placer poder disfrutar de un espectáculo audiovisual tan completo, y más en un espacio tan impresionante como es el Emirates Stadium en Londres, donde Muse jugó en casa y arrasó por completo. Una experiencia única.

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